“Hoy la obra tiene doble valor, por lo histórico, porque evoca cuando los libros fueron prohibidos, como las ideas, las películas, el arte y las personas, y tiene otro gran desafío por la época actual. Son tiempos tecnológicos en que el libro como herramienta está en una especie de amenaza de desaparecer”, dice Paula Sánchez, quien junto a Mariano Bragan crearon “24 Toneladas”, un espectáculo pensado para las infancias, que cruza el lenguaje del circo y del teatro, basado en la quema de libros del depósito del Centro Editor de América Latina, ocurrida en un terreno baldío de Sarandí, Avellaneda, el 26 de junio de 1980, durante la última dictadura cívico militar.
Circo y teatro basado en la quema de libros más grande de Latinoamérica
Luego de haberse presentando en el Teatro Nacional Cervantes, El Argentino de La Plata, Roma de Avellaneda, Municipal de Quilmes; haber hecho funciones en Espacios para la Memoria, La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Biblioteca del Congreso, "34 toneladas" se presenta en el Teatro Beckett.
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"34 toneladas" está producida por el Grupo Los Payasos del Matute que combinan circo y teatro.
Luego de haberse presentando en el Teatro Nacional Cervantes, El Argentino de La Plata, Roma de Avellaneda, Municipal de Quilmes; haber hecho funciones en Espacios para la Memoria, La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la Biblioteca del Congreso de la Nación y haber participado y sido premiada en Fiestas Provinciales y Nacionales de Teatro llega al Teatro Beckett para hacer temporada.
Producida por el Grupo Los Payasos del Matute, ofrece funciones los domingos de agosto y septiembre, a las 16.30. Esta compañía además presenta los sábados a las 21en la Beckett “3er cordón del conurbano, una tragedia marrón”. Conversamos con Sánchez.
Periodista: ¿De dónde surgió el interés en esa terrible quema de libros?
Paula Sánchez: En plena pandemia nos llegó esta historia que había ocurrido muy cerquita de donde teneos nuestra escuela de circo. A Mariano Bragan le regalaron libros originales del Centro Editor que habían zafado de esa quema y a partir de ahí nos pusimos a investigar y hablamos con una trabajadora de allí, Amanda, quien fue testigo de esa quema porque el acto formal se hizo obligando a los trabajadores a fotografiar esa barbarie. Inclusive a hacer una colecta para comprar nafta porque los libros no se prendían fuego, habían estado dos años guardados en un depósito antes de ser clasificados y destinados a la quema. Se llenaron de humedad entonces cuando llegó el momento de prenderlos fuego la frase fue “Los libros se resisten a ser incendiados”. Los vecinos además lograron meterse días después a rescatar algunos.
P.: ¿Cómo se cuenta con el leguaje circense?
P.S.: Decidimos contar esta historia desde la fusión del circo y el teatro, la escribimos durante un año, durante la pandemia. No podíamos ensayar y como teníamos en la escuela un comedor que habíamos armado para ayudar, en esos días nos sentábamos a escribir.
P.: ¿Cómo la concibieron para las infancias?
P.S.: Tomamos un riesgo de contar una historia como esta para las infancias, fue un desafío porque es un tema duro, áspero, y el lenguaje es clave en eso, ahí pusimos el foco, en que fuera amable, bello, poético, para que la historia terrible pueda ser contada con belleza. Hay una decisión de que los libros puedan ser salvados por los niños que por supuesto es una licencia en cuanto al rigor histórico, pero a los niños hay que darles y tratarlos con belleza. Así que torcimos el final.
P.: Hay un aspecto de la desaparición de los libros que en el pasado fue con censura y hoy es con la tecnología.
P.S.: La amenaza que tuvieron los libros fue por ser una herramienta de transmisión ideológica y de propagación de ideas, incentivo a la imaginación y pensamiento, por eso los militares los prohibían y quemaban. En la obra mencionamos muchos libros prohibidos más allá de la quema, censurados, enterrados. Uno de los argumentos que los militares esgrimieron fue “exceso de imaginación”, tomamos esa frase, nos pareció maravilloso traerla y con eso sostenían la censura. Y hoy son tiempos en que el libro como herramienta está en una especie de amenaza de desaparecer Creo que no se logrará pero los chicos no leen del libro, la tecnología o la IA los reemplazó, entonces cuando se van de la obra rescatando un libro y llevándolo a su casa sentimos que es un acto simbólico donde ese niño o niña se irá con algo que es importante conservar y defender. El arte es una herramienta con la que defendemos cosas que no se sostienen con la tecnología. La gran misión de los adultos es conectarlos con los libros, sea a través del arte, las películas, libros.
P.: ¿Cómo ves hoy la cultura y el teatro?
P.S.: Es un pésimo momento para la cultura, amenazada por todos lados, lo económico, las políticas de Estado, a veces está mas censurada como en la dictadura, mas apretada como en la pandemia, más liberada. Siempre, solapadamente, la cultura se mete en los intersticios y es un segundo lenguaje que nace inclusive cuando hay problemas. Nuestro proyecto busca un teatro que nos represente, un teatro territorial, del conurbano, un territorio que no es el modelo artístico de Europa sino que habla de nosotros y nuestras identidades.




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