En esta inteligente recuperación del clásico de Laferrère, Alicia Berdaxagar suma una gran actuación a la tradición de actrices que brillaron en el papel de Doña María.
«Las de Barranco» de G. de Laferrère. Adap. y Dir.: O. Barney Finn. Int.: A. Berdaxagar, P. Canals, J. Palomino,V. Carreras, V. Piaggio, R. Talesnik, T. Vilas y elenco. Mús. Orig.: N. Diab. Esc. y Vest.: G. de la Torre. Ilum.: L. Rodríguez e I. Riveros. (Teatro Cervantes.)
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Doña María es una figura antológica del teatro argentino y el eje y motor de esta vigorosa pieza de Gregorio de Laferrère, que desde su estreno en 1908 ha conocido las más diversas adaptaciones escénicas, radiales y televisivas. Actrices tan recordadas como Orfilia Rico, Pierina Dealessi, Eva Franco y Leonor Rinaldi se apropiaron de este papel, sin olvidar a la comediante Olinda Bozán, protagonista de una versión cinematográfica estrenada en 1938, y a Carlos Carella que ya sobre el final de su carrera se atrevió a encarnar a la dominante viuda.
Sumándose a esta tradición, el trabajo actoral que brinda Alicia Berdaxagar en esta puesta de Oscar Barney Finn es de calidad y bien podría destacarse como uno de los de mayor lucimiento en su trayectoria teatral. La viuda del Capitán Barranco es una mujer avasallante y de ambigua moral, que se considera injustamente desclasada por tener que depender de una ínfima pensión que le impide llevar el tren de vida que ella cree merecer. En su afán de guardar las apariencias intenta sacar provecho de todo aquel que se le acerca, rapiñando favores y regalos de los pretendientes de su hija Carmen y hasta de los inquilinos que alberga en su casa.
• Vigencia
La comicidad del personaje, sus ingeniosas réplicas y ocurrencias no perdieron vigencia con el paso de los años. Berdaxagar arranca risas del público a lo largo de toda la función, pero también deja entrever los costados más siniestros de esta madre egoísta y autoritaria que, mutilada de toda afectividad, oscila entre su rechazoal trabajo y un insoportablemiedo a la pobreza («Ah, ¿usted trabaja? -le pregunta a una eventual inquilina-¿No será de ésas que quieren que las mujeres voten?»). Al agregar frases como ésta, el director subrayó el perfil ideológico de los protagonistas dejando de lado el tradicional pintoresquismo de esta obra para construir personalidades más sinuosas y complejas.
Los agregados textuales son sutiles, lo mismo que el cambio de perfil de algunos personajes, por lo cual ninguna de estas modificaciones llega a afectar la estructura dramática del original. Al contrario, todo esto revela un profundo conocimiento del teatro de Laferrere y de la coyuntura socio-política que vivió.
En medio de sus conflictos personales, los personajes van expresando su opinión sobre temas relativos a la inmigración, las movilizaciones anarquistas, la educación y los derechos de la mujer. Las permanentes referencias a los festejos del Centenario (1910) que introdujo Barney Finn sirven para resaltar los delirios de grandeza de Doña María y denunciar, de paso, la fuerza negadora de una sociedad que prefiere mostrar su mejor cara y disfrazarse de fiesta, antes que resolver sus conflictos internos.
La escenografía y el vestuario de Guillermo de la Torre reproducen fielmente los detalles de época, mientras que el diseño de iluminación de Leandra Rodríguez e Ignacio Riveros, de carácter mucho menos realista, remarca con acierto las variaciones climáticas y anímicas que va sufriendo ese hogar en bancarrota. Todo el elenco contribuye a que la puesta mantenga su frescura y dinamismo, destacándose la labor de Paula Canals, Victoria Carreras y Verónica Piaggio (las tres hijas de Doña María) y la soberbia actuación de Tony Vilas en el papel del insufrible Rocamora.
Plena de ideas, pero manteniéndose fiel al estilo de su autor, esta nueva versión de «Las de Barranco» revitaliza el texto original logrando un muy buen equilibrio entre la comedia y el drama.
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