19 de mayo 2003 - 00:00
"Como Shakespeare, Tabori mezcla tragedia y comedia"
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Alfredo Alcón encabeza el elenco de «Las variaciones Goldberg», una nueva obra de George Tabori, que subirá a escena, con dirección de Roberto Villanueva, el 22 de mayo a las 20, en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín. El autor de «Mein Kampf, una farsa» (estrenada hace tres años también en el teatro oficial por Jorge Lavelli) es reconocido por su feroz humor negro, el mismo que utilizó en muchas de sus obras para narrar, entre otras cosas, los padecimientos del pueblo judío durante el nazismo. «Las variaciones Goldberg» es también una farsa pero en clave de music hall. A pesar de su título -que alude a una obra de Bach-está mucho más ligada a la cultura rockera. Alcón inter-pretará a Mr. Jay, un director tiránico y algo libidinoso, que pretende llevar la Biblia al teatro (desde el Génesis hasta la Crucifixión de Cristo) con mentalidad de show business y coqueteando con la idea de fracaso y de eterna repetición. Por su parte, el sufrido Goldberg, su joven asistente (a cargo de Fabián Vena), debe lidiar con la megalomanía de este director de aires divinos, mientras trata de controlar al indomable elenco. La pieza de Tabori arremete contra el Dios judeo-cristiano -al que acusa de haber inventado el pecado y el antisemistismo-, se burla del mito de pueblo elegido y revela las trampas y recetas del oficio teatral. Pero también incluye algunas preocupaciones de orden metafísico, seguramente las que interesaron a Ingmar Bergman, quien dirigió la obra en 1994.
Periodista: ¿Qué le parece la obra?
Alfredo Alcón: Hacerla es toda una aventura, pero en vez de cazar animales salimos a cazar brillos, imágenes, cosas que aparecen y desaparecen. Es una gran obra, con infinitas posibilidades de lectura, por eso resulta imposible contar el argumento. Es cómo pretender contar el «Rey Lear» o «Hamlet». ¿Qué puedo decir de este director tan pedante que quiere poner en escena nada menos que la Biblia? Todo le sale mal y busca que alguien -su asistente Goldberg-haga una versión mejor de este universo. El cuento que yo me hago es que este director repite con su asistente la relación de Jehová con su hijo Jesús, pero cada espectador le va a encontrar una resonancia distinta.Ya tuve ese experiencia cuando dirigí «Final de partida» de Beckett. Venían los políticos y me comentaban: «Esta es una obra muy política porque un personaje representa a las multinacionales y el otro a Latinoamérica. O venían matrimonios que decían que la obra hablaba de los conflictos de pareja o de las relaciones entre padres e hijos. Acá sucede lo mismo, esta obra es un caleidoscopio.
P.: Tabori es un autor muy polémico. Encara temas tan dolorosos como el holocausto con un desconcertante humor negro. Muchos lo han acusado de anti-semita.
A.A.: Lo que él hace es desmitificar la condición de pueblo elegido, no es el convencional autor judío que cree que los judíos son unos santos y el resto del mundo la encarnación de la maldad. Tabori nació en Hungría, pero él mismo es judío y sufrió la pérdida de casi toda su familia durante el nazismo, él sabe de lo que habla y es capaz de ver a los judíos como seres humanos, es decir capaces de la crueldad y de la generosidad más grandes, como cualquiera de nosotros.
P.: Mr. Jay es un director tiránico, que seduce a todas las mu-jeres del elenco y trata a sus subordinados con cierta dosis de crueldad.
A.A.: Es un calentón de mentira, de esos que amenazan con un «¡ay, lo que te haría si te llego a agarrar!», pero al final nunca concretan. Es cruel, mezquino y tiene grandes pretensiones, pero sus realizaciones tienen errores y muchas veces fracasan. También tiene momentos de una gran lucidez y ternura. Esta es una obra muy divertida y de gran ritmo y en algunas escenas nos convertimos en dos cómicos de music hall, de esos que cuentan chistes malos, bajo la luz de los seguidores.
P.: Su personaje es bastante obsceno y mal hablado. ¿Cómo cree que va a reaccionar el público?
A.A.: La obra tiene escenas de un lenguaje bastante subido de tono, pero también es muy poética. Eso lo tienen los grandes autores, como Shakespeare que fue el más grande y que, a continuación de una escena trágica, siempre coloca una cómica. En «Macbeth», por ejemplo, después de la matanza del rey viene el monólogo del portero borracho que dice que tomar alcohol te da ganas de hacer el amor pero no se te para. Es un chiste de cuarta, de una gran vulgaridad, pero le aporta humanidad a la obra.
P.: A Tabori se le ha criticado que mezcle escenas decididamente cómicas con otras muy tristes, pero él dice que el humor tiene un efecto purificador.
A.A.:Y así es. Está obra está llena de chistes aún tratando temas muy serios, pero hay que estar dispuesto a aceptar el juego. Mire, cuando yo hice «Hamlet» en el San Martín, terminé extrañando las funciones con estudiantes, porque se reían donde tenían que reírse y se quedaban serios cuando correspondía. No tenían esa cara de culo que ponen algunos porque vienen al San Martín y son muy cultos. Los pibes respondían a una sabiduría natural y disfrutaban los chistes de «Hamlet». Siempre es así, después viene la gente culta y seria que se ríe por nada. Y si alguno se llega a reír son capaces de chistarte o de decirte: «¿Por qué no vas a ver otra cosa?».




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