8 de agosto 2001 - 00:00

"Como un melodrama sin llanto"

Manane Rodríguez.
Manane Rodríguez.
(07/08/2001) Veinticinco años más tarde, la uruguaya Manane Rodríguez volvió a Buenos Aires, ya no como una simple estudiante, sino como directora de cine, afirmada en España. Su drama sobre una hija adoptiva, «Los pasos perdidos», con Irene Visedo, Luis Brandoni, Concha Velazco, y Federico Luppi, se estrena este jueves.

Periodista: ¿Cómo fue su primera vez en la Argentina?

Manane Rodríguez: Muy breve. Me crié en Carrasco, porque mi padre era piloto y el aeropuerto le quedaba cerca. Entonces una podía andar en bicicleta por la costanera. Luego empecé Medicina, con escapadas a la Cinemateca, pero vino el golpe militar uruguayo y preferí seguir estudios en Buenos Aires. Apenas tuve tiempo de alquilar departamento (entonces había que hacer cola para alquilar), conseguir trabajo, e inscribirme, cuando vino el golpe en la Argentina. Así que me fui a España, y, por esas cosas, terminé estudiando en la única academia privada de cine donde se hacían prácticas con celuloide, el Taller de Artes Imaginarias, de Madrid. ¿Qué nombre rebuscado, no?

P.: ¿Cómo siguió su carrera?

M.R.: En cine hice varios trabajos, incluyendo el de vestuario para «Moros y cristianos», de García Berlanga. De pronto venía muy serio y me decía: «He recibir el primer premio. Es muy buena gente. Ahora estoy algo preocupada, porque le han puesto un by-pass, y no lo dejan salir. Otro corto era «Rara avis», una especie de disparate cómico, sobre el daño que hacen las palo-mas en los techos de Madrid. Acá también, desde la ventana del hotel veo los estragos que han hecho sobre Harrod's.

P.: ¿No lo veremos en Animal Planet?

M.R.: No lo creo. También tuve una experiencia enriquece-dora trabajando en «¿Quién sabe dónde?», una especie de «Gente que busca gente», donde conocí lugares a los que nunca hubiera accedido de otra forma: pueblos perdidos, barriadas, historias de niños dejados en hospicios durante la Guerra Civil o la posguerra, hace sesenta años... Fuera de cierto sensacionalismo del programa, los reportajes en esos lugares estaban más cuidados, evitábamos caer en el lagrimón. La clave estaba en su audiencia: ¡llegó a tener siete millones de espectadores!

P.: De ahí pasó a los largometrajes.

M.R.: Primero fue «Retrato de mujer con hombre al fondo», comedia sobre la contradicción de ser una profesional y todo eso y al mismo tiempo estar pendiente de una llamada... La hice en Súper 16, con actores entonces desconocidos, salvo una francesa, diva del cine independiente. Y luego, «Los pasos perdidos», ya un trabajo con estrellas, con los productores de Adolfo Aristarain y Pilar Miró, un proyecto que en todo momento vino de cara, porque otros vienen de espaldas... Y qué figuras. Es sorprendente la capacidad de oferta de estos actores. Luppi y Brandoni hacen su parte como quien toma una gaseosa, pero me consta que están horas practicando distintos modos de tomarla.

Con ellos fue fácil buscar el tono de cada personaje. Con
Irene Visedo, la chica, fue más complicado, porque tiene varios cambios de registro, a medida que comprende que fue adoptada en las peores circunstancias, porque una cosa es que te abandonen, pero cuando ya te cuentan unas cosas brutales, es otro hueso que roer. Y no puede cambiar de afectos así como así. Los afectos no se pueden controlar.

Y tampoco se puede obligar a nadie a someterse a los afectos de los otros. Tratamos de darle un punto inter-medio, para que el drama no sea cinematográficamente imposible de digerir. En cierto sentido, es un tema clásico del melodrama -tipo la hija de la señora resulta ser hija de la sirvienta-, pero sin hacer sangre, ni hacer llanto. Que el público juzgue por sí mismo a los personajes. Además, está
Concha Velazco.

P.: ¿Es cierto que Velazco hizo la escena donde muestra los senos, en «Paris-Tombuctú», justo el día que cumplía 60 años?

M.R.: ¡Así festeja una actriz! Y, conociéndolos a los dos, seguro que lo acordó con el propio García Berlanga.

P.: Volviendo a usted. ¿Cuál es su próximo proyecto?

M.R.: Quizás algo con México. También tengo -todos me dicen «estás loca»-, tengo ganas de rodar aquí. Las crisis siempre tienen un pozo interesante de relatos. Además Buenos Aires sigue siendo una gran ciudad, con todo tipo de posibilidades, aunque ahora está horrible, esto también hay que decirlo. Todo hay que decirlo.

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