8 de agosto 2001 - 00:00
"Como un melodrama sin llanto"
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Manane Rodríguez.
M.R.: No lo creo. También tuve una experiencia enriquece-dora trabajando en «¿Quién sabe dónde?», una especie de «Gente que busca gente», donde conocí lugares a los que nunca hubiera accedido de otra forma: pueblos perdidos, barriadas, historias de niños dejados en hospicios durante la Guerra Civil o la posguerra, hace sesenta años... Fuera de cierto sensacionalismo del programa, los reportajes en esos lugares estaban más cuidados, evitábamos caer en el lagrimón. La clave estaba en su audiencia: ¡llegó a tener siete millones de espectadores!
P.: De ahí pasó a los largometrajes.
M.R.: Primero fue «Retrato de mujer con hombre al fondo», comedia sobre la contradicción de ser una profesional y todo eso y al mismo tiempo estar pendiente de una llamada... La hice en Súper 16, con actores entonces desconocidos, salvo una francesa, diva del cine independiente. Y luego, «Los pasos perdidos», ya un trabajo con estrellas, con los productores de Adolfo Aristarain y Pilar Miró, un proyecto que en todo momento vino de cara, porque otros vienen de espaldas... Y qué figuras. Es sorprendente la capacidad de oferta de estos actores. Luppi y Brandoni hacen su parte como quien toma una gaseosa, pero me consta que están horas practicando distintos modos de tomarla.
Con ellos fue fácil buscar el tono de cada personaje. Con Irene Visedo, la chica, fue más complicado, porque tiene varios cambios de registro, a medida que comprende que fue adoptada en las peores circunstancias, porque una cosa es que te abandonen, pero cuando ya te cuentan unas cosas brutales, es otro hueso que roer. Y no puede cambiar de afectos así como así. Los afectos no se pueden controlar.
Y tampoco se puede obligar a nadie a someterse a los afectos de los otros. Tratamos de darle un punto inter-medio, para que el drama no sea cinematográficamente imposible de digerir. En cierto sentido, es un tema clásico del melodrama -tipo la hija de la señora resulta ser hija de la sirvienta-, pero sin hacer sangre, ni hacer llanto. Que el público juzgue por sí mismo a los personajes. Además, está Concha Velazco.
P.: ¿Es cierto que Velazco hizo la escena donde muestra los senos, en «Paris-Tombuctú», justo el día que cumplía 60 años?
M.R.: ¡Así festeja una actriz! Y, conociéndolos a los dos, seguro que lo acordó con el propio García Berlanga.
P.: Volviendo a usted. ¿Cuál es su próximo proyecto?
M.R.: Quizás algo con México. También tengo -todos me dicen «estás loca»-, tengo ganas de rodar aquí. Las crisis siempre tienen un pozo interesante de relatos. Además Buenos Aires sigue siendo una gran ciudad, con todo tipo de posibilidades, aunque ahora está horrible, esto también hay que decirlo. Todo hay que decirlo.




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