Ciclo «Contemporánea Live. La música del mundo». Actuación de Michael Brecker (saxo tenor). Con J. Calderazzo (piano), J. «Tain» Watts (batería) y C. Minh Doky (contrabajo). (Hotel Sheraton, 9 y 10 de marzo.)
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Varias cosas coincidieron en el concierto que el saxofonista norteamericano Michael Brecker dio en el salón Libertador del hotel Sheraton. En primer lugar, era la prime-ra vez que el músico tocaba en Buenos Aires como solista. Había venido en diciembre del '91 como integrante de la banda de Paul Simon; en octubre del año pasado, participó en el primer Festival de jazz de los Siete Lagos, en Bariloche, después de haber sido protagonista central de una de las emisiones del festival jazzero de Punta del Este.
Lo interesante, además, es que esta vez vino acompañado por un grupo de músicos tan impresionantes como él, a los que les sobra pasta para solistas. Pero, por otra parte, con este concierto, que fue precedido por un cóctel del que participaron funcionarios municipales de cultura, como Emilio Del Güercio y Jorge Telerman, se dio por inaugurado el ciclo «Contemporánea Live. La música del mundo», que traerá, a lo largo del año, una atractiva lista de artistas de jazz y música brasileña y africana, en un espacio nunca antes usado para estos fines. Y así, con el enorme salón convertido en una suerte de enorme «Blue Note», un público entre elegante y decontracté asistió a un concierto magistral.
Dueño de una técnica deslumbrante con su saxo tenor, Brecker es capaz de pasar con toda naturalidad del sonido más descarnado y nasal, al más dulce y aterciopelado; de lo más potente, a lo más sutil; de lo introvertido, a lo más expansivo; del bebop más frenético, a la balada; del «tumbao» caribeño, al swing.
Toca un repertorio que incluye algunos temas propios («Arc of Pendulum», «Delta City Blues», «Slings and Anocus»); recrea composiciones tradicionales o más modernas de otros autores («El Nino» y «Midnight Voyage» de su pianista Calderazzo, «Timeline» y «Song for Bilbabo» de Pat Metheny; «The Cost of Living», de Grolnick, o el estupendo «Round Midnight», de Thelonious Monk), y cierra su larga noche de música con una inolvidable versión de «Autumm Leaves».
Pero lo más interesante sucede, en verdad, en el interior de cada una de esas interpretaciones, con las improvisaciones suyas y de sus músicos que son un despliegue apabullante de ideas, de un virtuosismo ajeno a toda superficialidad. Sus compañeros, como dijimos, están a su misma, imponente altura. Calderazzo se atreve con las armonías más disparatadas y rompe los pies rítmicos sin que jamás suene extraño. Jeff Watts es el baterista que cualquiera desearía tener, por su talento para pasar de la mayor sutileza a la potencia más salvaje sin perder nunca la concentración. Y Chris Minh Doky, desde el contrabajo, pone la base que este grupo necesita, con menos lucimiento solístico que el resto de los músicos, pero con una afinación impecable y una gran habilidad técnica.
Por cierto, el comienzo de este ciclo no podía haber sido mejor. A fin de mes, el protagonista será el brasileño Joao Gilberto, y después vendrán, entre otros, Hermeto Pascoal, Sebastiao Tapajós, Roy Haynes, Danilo Pérez, Lee Konitz, Chucho Valdés, Moreno Veloso, Mike Stern, Dave Holland, Kenny Barron y Youssou N'Dour, lo que garantiza muy buena música para el resto del año.
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