«Cruz de sal» ( Argentina, 2004, habl. en español). Guión y dir.: J. Lozano. Int.: J. Leyrado, M. Callau, C. Banegas, I. Pellicori, A. Pous, S. Ballesteros, D. Miglioranza, N. Frenkel, J. Vitali.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El guión de esta película fue uno de los ganadores del primer concurso de fomento al cine de la provincia de San Luis, cuyo premio consistía, justamente, en una serie de facilidades para rodar la película. Que se hizo de acuerdo al guión. Y que, vistos los resultados, floja propaganda le hace al jurado que lo eligió, y a los demás competidores, por aquello de «si éste ganó, cómo habrá sido el resto».
Es cierto, se trata de un libreto bastante forzado, sobre un comisario obligado a sospechar de sus propios amigos, con un remate antiprocesista que ya suena a viejo. Tampoco la puesta en escena brilla demasiado, ni deja lucirse a los intérpretes, todos habitualmente buenos. En compensación, cabe pensar que la habrán pasado más que bien durante la filmación, comiendo asado de cordero no sólo ante las cámaras, tomando aire puro de las sierras, y trabajando sin estrés, como uno quisiera.
Y ahí está lo realmente interesante de esta película. ¿Por qué todas las cintas policiales deben transcurrir en un sucio conurbano? Pago Chico es más entretenido, porque, aunque la película sea mala, vemos lindos paisajes, un ritmo de vida más agradable (salvo para la víctima, claro), y personajes menos transitados. Ese es el acierto de Jaime Lozano, un hombre del negocio cinematográfico con experiencia en abundantes rubros, como asistente, jefe, gremialista, docente, funcionario público, productor (ay, «Maldita cocaína») y ahora también autor.
Su principal desacierto, quizá no sea tanto la factura, sino la difícil continuación. ¿Por qué, en vez de un drama policíaco-político-generacional que pocos tienen ganas de ver, no hizo simplemente una intriga para pasar el rato? Si le iba bien, capaz que terminaba produciendo una serie televisiva, redituable tanto para él como para la provincia. Hace tanto que no surge nada parecido a «Don Frutos Gómez, comisario», ni a «División Homicidios» (cuyo libretista, dicho sea de paso, era don Plácido Donato, un auténtico comisario)... P.S.
Dejá tu comentario