29 de septiembre 2003 - 00:00

Deja balance positivo festival internacional

Deja balance positivo festival internacional
Con un masivo recital gratuito en la Avenida Corrientes culminó anoche el IV Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires, que tuvo récords de asistencia y dejó buen balance pese al fuerte recorte postconvertibilidad. En efecto, la edición de este año contó con gran adhesión del público que prácticamente agotó las entradas para los espectáculos extranjeros (15 de teatro y danza y 12 de música) y apoyó con gran entusiasmo la grilla nacional, integrada por 65 obras.

Los datos oficiales dan un total de 100.540 espectadores (contra 98.000 de 2001), pero la gente no siempre logró acceder a los espectáculos nacionales con entrada gratuita, ya que éstos se vieron desbordados por una altísima demanda que generó colas ante las boleterías, en algunos casos desde las 7 de la mañana. La presencia de 52 directores y programadores de diferentes festivales extranjeros, muy interesados en la producción artística argentina, confirmó la importancia de este Festival que sobrevivió a una de las peores crisis económicas y que en los últimos años contribuyó a promocionar a muchos artistas argentinos en el exterior. Entre los espectáculos que más entusiasmaron a los programadores extranjeros figuran «Mendiolaza» del grupo Krapp, «Ars higiénica» de Ciro Zorzoli, «Donde más duele» de Ricardo Bartis y «Cortamos Ondulamos» de Inés Saavedra. Todos los teatristas argentinos que formaron parte de la programación cobraron el mismo cachet (3 mil pesos por dos funciones).

Ayer Graciela Casabé, directora del Festival, dijo a periodistas estar satisfecha por los resultados obtenidos, tras haber superado una etapa de gran incertidumbre: «Nosotros empezamos a programar este Festival en marzo de 2002 en un contexto que no ayudaba para nada, ni siquiera estábamos seguros de que se pudiera hacer», dijo. Anunciado como un Festival de pequeño y mediano formato, debido a su modesto presupuesto de 700 mil pesos (50 % a cargo de Instituciones extranjeras y 50 % proveniente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) logró concretar sin embargo una programación va riada y de apreciable calidad a la que se sumó una interesante grilla de actividades paralelas ( talleres, charlas, reportajes públicos, ensayos abiertos, etcétera) y una radio imagen con entrevistas y números en vivo, ubicada en el hall del San Martín.

•Balance artístico

«D'Avant» (Alemania) fue el único espectáculo que contó con un gran despliegue escenográfico, pero fueron sus cuatro bailarines y cantantes los que cautivaron al público con su creatividad, pericia coreográfica y su humor negro. El Festival contó además con tres grandes divos, que a fuerza de talento e impactante presencia escénica, brillaron con luz propia, tal el caso de Martin Wuttke, el magistral protagonista de «Artaud recuerda a Hitler y el Romanische Café», sin duda, el punto más alto de la muestra (ver pág.2); la argentina Marilú Marini con su notable actuación en la versión francesa de «Los días felices» de Samuel Beckett y la impetuosa cantante carioca Elza Soares, quien ofreció uno de los shows más « ardientes» del ciclo «Noches Brasileñas en Buenos Aires».

«La mort de Krishna»
de Peter Brook (una versión de cámara del Mahabharata) provocó opiniones muy divididas. Hubo quienes disfrutaron de la poética del texto y de su carga ritual y otros que se desilusionaron ante la excesiva sobriedad del franco-argelino Maurice Benichou, mucho menos cautivante que el magnífico plantel de actores que participó en la segunda edición de este Festival con «The man who...», otra pieza de Peter Brook. Los demás espectáculos no aportaron mayores novedades en lo que atañe a su lenguaje artístico, pero aún así despertaron bastante interés entre el público, como el elenco de tunecinos que presentó «Junun», drama basado en un conmovedor caso psiquiátrico, o los colombianos de «Mosca», una hilarante versión de «Tito Andrónico».

La danza estuvo muy bien representado por la expresiva coreógrafa y bailarina Sol Picó, las abstractas coreografías de Gilles Jobin («The Moebius strip») y la interesante investigación sobre el cuerpo y el desnudo que ofreció la Compañía de danza de la brasileña Lia Rodrigues («Formas breves»).

Casabé
también anunció que en la próxima edición de este Festival hará lo posible para traer espectáculos de Asia, Africa y de otras culturas, y abrir así nuevos horizontes artísticos. Por lo pronto, en estos días se reunirá con el Secretario de Cultura de la Ciudad, Jorge Telerman quien prometió, en la misma reunión de prensa, un aumento de 10 % en el próximo presupuesto del área cultura. Dicho aumento incidirá también en los fondos destinados al Festival, según dijo el vicejefe de Gobierno electo.

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