30 de abril 2003 - 00:00
Delia Fiallo, autora para 1600 millones de personas
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Periodista: ¿Es gratificante el trabajo de guionista?
Delia Fiallo: Cuando un producto resulta, los productores se felicitan, los artistas se hacen famosos, la emisora gana mucho dinero, y los ejecutivos están felices. Pero si no resulta, ese personajillo llamado autor, es el que tiene la culpa. Así es el negocio y es cruel que el autor no se lleve los laureles cuando las obras que escribe son exitosas.
P.: ¿Qué diferencias encuentra entre el momento en que comenzó a escribir y la actualidad?
D.F.: En los tiempos en que los pioneros del género comenzamos, la telenovela causaba vergüenza; la asociaron al folletín, a la lágrima fácil, la calificaron como género basura y hasta fue bastardeada por directivos. Pese a todo, se abrió paso con la fuerza que tienen todos los géneros populares, comenzó a dominar la programación y se conviritió en triunfal en varios países del mundo.
P.: Usted sostiene que la telenovela es un vehículo de comunicación poderoso como ninguno. ¿Qué comunica?
D.F.: Cultura popular, que es importante. Es un género capaz de convocar una audiencia mundial de 2 mil millones de personas de diferentes culturas y razas. Tiene categoría de género, se estudia como fenómeno social. Pero a la vez, es una fuente de riqueza empresarial grande, que deriva en productores preocupados por elevar la calidad de sus productos. Hoy se realizan producciones fastuosas donde aparecen yates, hilicópteros, casas con pisos de marmol y escaleras impresionantes. Una vez leí que mientras más alta es la escalera, más importante es la novela.
P.: ¿Cuál es el secreto para que una telenovela funcione?
D.F.: Se ha impuesto precisamente por su capacidad de conmover hasta las lágrimas, sobre todo en una sociedad mecanizada y violenta. De ahí que a veces se busca espejar esa realidad para escribir algo diferente y se aleja de la novela tradicional. Sin embargo, experimentar siempre es un reto que también puede conducir al fracaso.
P.: Es decir, que no debería retomar demasiados elementos de la cotidianeidad contemporánea sino basarse en los clásicos conflictos de amor-odio, celos, venganza.
D.F.: La telenovela es un género muy específico, con códigos muy especiales: no importa que todo se resuelva al final, pero siempre y cuando se respeten estas leyes y no otras. El secreto de la telenovela está en creer en lo que se escribe y hacerla bien, porque aunque lo que aparezca en la pantalla se aproxime a la vida cotidiana, los escritores no debemos salirnos de este terreno donde casi todo es posible, mientras haya alguien que diga «había una vez».
P.: Como todos los autores, se queja del plagio. ¿Cree existe alguna manera de frenarlo?
D.F.: Como la materia es voluble, es difícil el registro y fácil el plagio. En música es diferente porque si se repiten compases puede establecerse la copia. Como se trata de sentimientos, situaciones, casi siempre son muy generales, y cuando una telenovela retoma cuestiones más pariculares, es igualmente complicado. Llevar el plagio a un tribunal es muy dificil pues nos enfrentaremos en un pleito terrible donde los únicos que ganarían son los abogados. Por eso nadie que se siente plagiado se atreve a poner una demanda, porque es muy dificil de probar y muy costoso.
P.: ¿Qué postura tiene sobre el forzado castellano neutro que imponen productores para exportar más fácilmente sus ficciones?
D.F.: Cuando me pidieron que escribiera sin localismos, en neutro, para exportar al resto del continente, contesté que era imposible escribir en el aire y bajo mi responsabilidad propuse escribir la novela con los localismos de siempre porque, en definitiva, los conflictos que se tocaban, celos, envidia, amor, eran universales. Respetar el localismo de donde se originaba era justamente lo que hacía de la novela fuera un éxito. Recuerdo que una vez me llamaron desde Colombia a preguntarme «Señora Fiallo, ¿cuándo nace el carricito?». Ese término quiere decir «bebé» en la jerga venezolana. Es decir que la mujer colombiana había asimilado perfectamente el término.
«No hay profesionalización. Se graban 80 minutos para que luego un editor lo lleve a 44 desde su computadora. Creo que está faltando el que organiza, el que responde a la directiva del productor general, del canal, de los actores, y ese es el realizador integral. Creo que esta preocupación no es más ni menos que el disparador para la búsqueda de mercados internacionales. Y eso no es posible si la iluminación es chata y no dice absolutamente nada, si no hay clima, etc. Si pasa eso, es porque no hay tiempo, porque los actores aprenden el libreto antes de la escena, lo hablan con el director de cámara y se graba la escena de ocho a diez veces, para que sólo quede una. Es un disparate».


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