3 de agosto 2000 - 00:00
"DIVINAS TENTACIONES"
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Justamente uno de los protagonistas es el mismo de esa película, Ben Stiller, aquí encarnando a un rabino vanguardista (invita a un coro gospel de Harlem al templo para darle más pasión al canto de su rebaño) que como sigue soltero es acosado por todas las madres con hijas casaderas de su congregación.
Su mejor amigo (Norton), no tiene los mismo problemas, ya que es cura. La mejor amiga de ambos en la escuela, una yuppie adicta al trabajo, sublima el sexo con clases de aikido, eso hasta que vuelve a vivir en Manhattan retomando contacto con sus espirituales compañeritos.
•ngenio
Salvo algunas excepciones polémicas de claro corte herético, casi todo film con religiosos corre el riesgo de ser insoportablemente kitsch o sensiblero. Teniendo en cuenta que en «Divinas tentaciones» los protagonistas son un cura y un rabino (y encima hay varios sacerdotes secundarios más, incluyendo al talentoso Eli Walach), Norton se las ingenió bastante bien para mantener la elegancia casi todo el tiempo, tanto cuando hay chistes con sexo y religión (incluyendo varios gags sin desperdicio, de esos que consiguen unir a todo el cine en una sola carcajada) como cuando llegan los momentos melosos o los lugares comunes de este tipo de película (el confesionario, un Bar Mitzvah).
Lo bueno es que el director y coprotagonista dejó de lado el temor al ridículo y, asumiendo el riesgo de ser señalado como cursi, se dio el lujo de que los conflictos de sus personajes recorran una gama de posibilidades amplia y verosímil.
«Divinas tentaciones» también ofrece un puñado de actuaciones de primer nivel (como la del trío estelar y la de la madre judía Anne Bancroft), una imagen cuidada aunque no demasiado trabajada y un estilo narrativo directo y con buen ritmo, a pesar de que un poco menos de metraje hubiera potenciado las cualidades de una película agradable y divertida que quizá pueda ser recordada como primera muestra de un nuevo subgénero: la comedia romántica ecuménica.




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