13 de marzo 2001 - 00:00
Dowek: lo real con un halo de misterio
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Obra de Diana Dowek.
Una de sus obras de los años '70 es representativa del descarnado análisis practicado por la artista sobre la cotidianeidad. Encima de un sofá capitonné que ocupa toda la dimensión de la obra (1,10 x 1,20), descansa una diminuta muñeca sentada, diminuta, al menos, por referencia a la vastedad del lugar que la guarece. Pero, la muñeca, inexpresiva, vestida de largo, está rodeada por un alambrado de rombos. Rombos que, dispuestos de otra manera, son los del capitonné del sofá.
Los contrastes son manifiestos. El tono oscuro del mueble rivaliza con la claridad de la muñeca, su vestido y el alambrado. La pequeñez de la muñeca se compara con el tamaño del sofá, como los rombos del capitonné con los del alambrado. El mueble es un espacio, abierto, en tanto la muñeca un objeto clausurado. El sofá es común, la muñeca alambrada es incomún. El sofá no está resguardado y la muñeca está defendida. La muñeca anima el objeto inanimado que es el sofá, pero la muñeca, también inanimada, no recibe ningún estímulo de este tipo.
Este juego de oposiciones introduce al misterio de que hablábamos al principio, a la porción oculta, al evadirse de la especificidad: los sofás no se fabrican y tapizan para uso de muñecas, las muñecas -«copias» de la realidad-no existen para sentarlas en sofás, los alambrados no son tejidos para envolver muñecas. Sucesivamente, el cuadro de Diana Dowek aludirá entonces a la infancia condicionada, a la inocencia reprimida, a la espontaneidad frenada, al recuerdo prohibido, a la humillación de los débiles, a los imperativos sociales; en suma, a la violencia.
En última instancia, el sofá es también una prisión disimulada, y la muñeca una persona humana disimulada, cautiva de una malla de prejuicios, agresiones y deseos. Pero, a este orden de disimulos se opone otro orden de simulaciones: la prisión finge ser el mundo, y la persona implica la sociedad.
Diana Dowek estudió en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, donde se graduó en 1964. Obtuvo varias distinciones y reconocimientos, como el Premio al Artista del Año, de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1994), la Beca de la Fundación Pollock-Krasner, Nueva York (1995), y la Beca a la Creación, del Fondo Nacional de las Artes (1998).
Su muestra antológica en el Museo de Bellas Artes incluirá obras de varias series, como «De lo que vendrá» (1972-73); «Atrapados con salida (1977-89); «Pintar la pintura» (1981-83), telas cosidas con alambre; «Las heridas del proceso» (1983-85); «La ciudad y los amantes» (1987-90); «Homenaje a Beuys», (1990-94), uno de los creadores más importantes de la segunda centuria del siglo XX; «Desde el fondo de la tierra» (1994), homenaje al fotógrafo brasileño Sebastián Salgado; y sus últimas obras de la serie «El poder vulnerable» (1996-2000).




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