El arte recupera el valor del bordado

Espectáculos

En el inicio de esta temporada, que despuntó con interesantes exhibiciones en instituciones y galerías, coinciden las muestras de Feliciano Centurión y Nora Iniesta que con un tono menor e intimista recurren a la manualidad y al bordado para expresarse. La obra de Feliciano Centurión que presenta AsGA, la galería de Alberto Sendrós, conmueve con un clima de entrecasa y decididamente latino, que oscila entre la nostalgia y la pasión.

A la creatividad delirante que ostentan las mantas ribeteadas sobre las que el artista -que murió de SIDA en 1995-, pintó gigantescos pulpos con enrulados tentáculos pues quería dejar una obra «cálida», se contrapone la dulce privacidad de las pequeñas carpetas y almohaditas. Sin pinceles de visón ni tubos de pintura Windsor & Newton, sin otro recurso más que unos cuantos hilos de colores y una aguja, Centurión bordó flores, frases o palabras, como «Rosas del mal de amor», «Añoranza», o « Soledad». Mensajes que evocan el clima denso del bolero y el culebrón, que logran introducir al espectador en un mundo donde impera el sentimiento, y donde cada puntada describe el grado de intensidad afectiva, la ternura, el dolor y la pena que embargó al artista.

Al final de su vida, Centurión, que nació en Paraguay y se radicó en Formosa, para luego estudiaren Buenos Aires y erigirsecomo uno de los artistas más representativos de la estética que se gestó en el Centro Cultural Rojas durante la década del '90, se dedica bordar motivos de su país como el Ñandutí, a recrear esos tapices de notable belleza.

• Celebración

Los pulcros bordados que Nora Iniesta exhibe en la Alianza Francesa, ostentan, con su espíritu festivo y un despliegue de ideas ingeniosas, un estilo absolutamente diferente al de Centurión, aunque comparten la dulzura que transmiten la labor artesanal y un material propicio para la evocación. La muestra, «Bleu, blanc, rouge. Un hommage a la France», está formada por diversos conjuntos bordados con los colores de la bandera de Francia. Las obras representan series de elementos que tienen propiedades comunes, como las vocales, las letras del abecedario, los días de la semana, o los nombres de los grandes hitos de la cultura francesa.

Si bien el bordado es una novedad que se incorpora a la obra de
Iniesta, las manualidades, el trabajo seriado y el uso de conjuntos es una tendencia recurrente. La máxima expresión fue la obra que en la década del '80 dedicó a los 365 días del año, cuando puso en evidencia una necesidad rayana en la obsesión de encontrar un orden, aun a costa de una reiteración abrumadora.

En la muestra actual perdura la búsqueda obsesiva del orden, que -es obvio-trasciende el tema de la obra y se percibe como un imperativo existencial. Pero en esta ocasión los planteos son más complejos e interesantes, como las parejas de elementos opuestos «amor-odio», el conjunto de virtudes que no se pueden comprar que se lee sobre unas bolsitas de mercado, o la serie de bastidores que sirven para destacar el bordado como técnica artística y donde luce el humor.

Además, la artista parece disfrutar de mayor libertad, y un ejemplo en este sentido es
«Francés básico», donde palabras como «jeune», «fleur, «livre» o «cahier» están elegidas casi al azar, acaso por la resonancia del idioma.

Aunque los cambios de
Iniesta siempre son sutiles, al igual que sus expresiones artísticas, en esta muestra llama la atención una licencia ornamental, una obra rotunda y llamativa: tres corazones de colores azul, blanco y rojo que se recortan sobre la pared, como inmensos pompones de polveras lujosas.

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