17 de agosto 2000 - 00:00
"EL ASTILLERO"
-
Se reanuda el juicio contra el Pity Álvarez: declararán cinco testigos y sigue la disputa por las pericias
-
Emmanuel Horvilleur cierra su año con un show en Buenos Aires: cómo y dónde comprar las entradas
En atención a este amplio sector de público, que también debe ser tenido en cuenta, el director hubiera podido apretar un poco más el ritmo, que empieza bien, pero se hace algo lento justo hacia el final. Un error (o una lealtad) que puede costarle lo suyo. Los otros méritos están en la forma con que se simplifica la historia, y se concentran los diversos narradores del libro en un solo personaje, el Juntacadáveres Larsen (con apenas un par de licencias). Realmente, el escritor Ricardo Piglia, y el director David Lipszyc hicieron un buen trabajo. Dignos de destacar, también, la ambientación, detallista hasta la obsesión, de Pepe Uría, la fotografía a veces deliberadamente sombría o tortuosa de Willy Benish, los morosos vaivenes del acordeón del Chango Spasiuk, en su primer trabajo de música para cine y, en especial, el modo en que Ricardo Bartis, Norman Briski, Alfredo Ramos y Mia Maestro encarnan sus respectivos personajes. Cada uno de ellos sugiere un pasado, un resentimiento, y una locura a punto de aflorar. Junto al resto conforman, es cierto, una especial metáfora de la decadencia rioplatense.



