21 de noviembre 2000 - 00:00
El cine también genera empleo
En este artículo de opinión, el director del INCAA José Miguel Onaindia se refiere a la faceta industrial del cine (una industria "incipiente", como la denomina) y, en consecuencia, a su poder de generar empleo. Tomando como indicadores válidos la cantidad de espectadores que el cine argentino tuvo hasta la fecha este año (6 millones, de los cuales 1 millón fue para una sola película, "Nueve Reinas") y el número de estrenos (42, con perspectivas de hasta 50 a fin de año), Onaindia cuantifica en su artículo la expansión que representan estos números en puestos de trabajo y, paralelamente, lo que significan también para la apertura de mercados extranjeros. Veamos:
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Asimismo, hasta este momento más de seis millones de espectadores vieron cine argentino. Esta información indica certeramente que varias de tales películas no sólo quedarán en la memoria de los libros de cine como otro dato para las estadísticas, sino que representan un apoyo masivo del público, señalando una tendencia que revierte ciertos prejuicios desvalorizantes que nuestro público tenía hacia el cine nacional.
Estas observaciones que lucen como indicadores principales del éxito o el fracaso de la industria cinematográfica, no son los únicos, ya que un mayor volumen de producción debe ir necesariamente acompañado de un crecimiento del mercado externo que también vea con buenos ojos adquirir nuestro cine.
Al respecto el valor agregado que tiene el producto cinematográfico por ser un portador de cultura indudable, ha sido reconocido no sólo por el público interno, sino también por el extranjero. La cantidad de premios internacionales recibidos en el corriente año, el éxito de público de películas argentinas en España («Plata quemada» y «Almejas y Mejillones») y la distribución de varios films en Europa y Amé-rica latina, demuestran la posibilidad cierta de incremento de público y mercado para nuestra cinematografía.
En efecto, nuestros productos audiovisuales dan fe en la actualidad de una dinámica muy especial. Muy buenas películas, éxitos internacionales, mayor demanda de público interna e internacional, una inversión privada que no decae y una asistencia financiera de fomento y subsidio estatal que se cumple con reglas transparentes y justas. A pesar de un presupuesto acotado, pudo cancelarse 70% de la recuperación industrial correspondiente al año 1999 y 50% del 2000. En ningún análisis de empleo se pueden omitir las circunstancias apuntadas. El combate al desempleo es el gran desafío de nuestro tiempo y preocupación prioritaria de todos los gobernantes. Un elemento importante para su solución es promover aquellas industrias que muestran signos de expansión y que re-sultan competitivas internacionalmente.
Para analizar el impacto que tiene la industria cinema-tográfica en la creación de empleo, podemos utilizar una fórmula sencilla: podríamos decir que el número de empleos derivados es igual al número de empleos primarios por beta, representando ésta un multiplicador cuyo valor varía según la industria que se trate.
Si tomamos como ejemplo una película promedio argentina que emplea entre 100 y 120 trabajadores (en las distintas etapas de su realización, pre, desarrollo y post producción, por ejemplo, vestuaristas, técnicos, plantel de actores, etc.), el multiplicador beta vale aproximadamente 8, en consecuencia unos 100 empleos primarios se proyectan en 800 empleos derivados (por ejemplo, diseñadores, laboratoristas para proceso de imagen, sonido, etc). Cabría contar también con los servicios de terceros que coadyuvan al producto final, como el catering, mensajería y publicidad, por dar algunos ejemplos al azar, que a su vez necesitan tener empleados, y entonces, el efecto multiplicador se incrementa.
En conclusión, un elevado coeficiente multiplicador de empleo en relación con el capital invertido por producto terminado, unido a una demanda interior y exterior creciente, me permiten alentar pronósticos de crecimiento sostenido tanto en lo económico, como en la creación de puestos de trabajo que el país necesita, como en el sentido último perseguido del desarrollo artístico cultural de nuestra comunidad.
Se reitera desde todos los ámbitos que el dinero que va a la cultura es una inversión. Algunos economistas, sin embargo, aún lo consideran simplemente sólo como un gasto. Lo expresado permite concluir que además de ser una inversión, rinde, y sostiene el crecimiento de nuestra economía general.
Estimo que el mal humor social sólo cambia si cambiamos nuestra percepción únicamente negativa de la realidad, olvidando en nuestro recuento que hay sectores que funcionan y funcionan bien. El efecto multiplicador de la onda positiva también se expande y quizás se contagia más rápida y efectivamente.
Como señala Fourastié «la inseguridad, la discontinuidad, la imprevisibilidad se hallan tan profundamente ligadas a toda la vida en la superficie de este planeta, que cabe preguntarse qué será de aquélla cuando haya perdido tal estimulante». Pienso que el éxito sólo se alcanza cuando nos empeñamos en superar los escollos y asumimos que toda realidad adversa es superable. Nuestro cine lo demuestra con talento y dignidad.




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