19 de abril 2005 - 00:00

El documental le gana a la ficción

Una imagen de «Vida en Falcon», documental de Jorge Gaggero (que presentó también«Cama adentro» en el Festival).
Una imagen de «Vida en Falcon», documental de Jorge Gaggero (que presentó también «Cama adentro» en el Festival).
No es cuestión de batir tambores apresuradamente, pero conviene tener en cuenta el nombre de Jorge Gaggero. Descubierto en Toulouse, San Sebastián, Pinamar y el Sundance con su primera obra, la comedia «Cama adentro», ayer en Buenos Aires afirmó sus méritos con la segunda obra, el gracioso documental «Vida en Falcon».

Hay gente pobre que vive en autos viejos, una costumbre que acaso empezaron los homeless norteamericanos. Pero personajes tan singulares como los que Gaggero visitó a lo largo de un año (uno lleno de gatos, que declara vivir como un duque, y otro que lo admira y se muda del hotelucho donde paga veinte pesos diarios a un Falcon que alguna vez fue de la policía, según consta en los papeles del reducidor que se lo vendió), debe haber pocos.

En todo caso, pocos tan bien registrados, con esa mezcla de crotos, buenos vecinos, criollos pícaros y angelicales desvalidos que los hace queribles. Una suerte, haberlos encontrado, y una alegría para todos, encontrar a un joven cineasta con esa capacidad de saber mirar a la gente, tanto en la antedicha comedia de costumbres como en este documental, que compite en el rubro de films argentinos.

También en la competencia internacional pudo verse un buen registro de personajes: los pocos habitantes, todos viejos, que quedan en la aldea natal de la autora Mercedes Alvarez, un pueblito de Soria llamado Aldealseñor. La obra pierde puntos por culpa de una locución demasiado solemne que cada tanto aparece, pero los gana cuando simplemente respira el paisaje y deja hablar a los habitantes: una vieja señalando las huellas de un dinosaurio, dos sepultureros naturalmente filósofos, dos viejos discurriendo sobre política internacional, uno aseverando que el propio cura le dijo cuando joven «Aprovecha a disfrutar de este mundo, porque en el otro quién sabe qué hay», y, claro, él siguió su santo consejo, aunque nadie le crea que realmente se lo haya dado el cura. Dato curioso: como corroborando el eterno ciclo de las estaciones y las civilizaciones, los únicos jóvenes de los alrededores son trabajadores marroquíes.

Para hoy se anuncia una comedia dramática chileno-argentina, «Mi mejor enemigo», de Alex Bowen, ambientada en las vísperas de la posible guerra de 1978. Según gacetillas, una patrulla trasandina se pierde, no sabe si está de su lado o del nuestro, pero sí que delante suyo hay una patrulla argentina. Y ambas entran en contacto, sin saber si de un momento para otro no deberán entrar también en combate. Interesante de por sí, la película solo tendrá una única función en todo el festival.

Estas cosas ocurren, hay muchas obras («La vida por Perón», «El gringo loco», sobre Otto Meiling, el del Cerro Otto, varios trabajos del historiador de cine Kevin Bronlow, etc.) que tienen una única pasada, mientras otras llegan a cuatro. Y no todas son como «Inside Deep Troath», que reventó la boletería en todas las funciones.

Hoy también es la segunda y última pasada de dos joyitas del poeta armenio
Sergei Paradjanov (el retrato de un artista, y «El sabor de la granada»), y la primera de dos pasadas de otra obra armenia, «El tango de nuestra infancia». No confundir con la kirghizia «El cielo de nuestra infancia», una preciosa obra pastoril que se dio ayer por última vez. Los ciclos de Asia Central y de Armenia son pequeños lujos de esta edición del festival, y es una lástima que pasen casi inadvertidos entre más de 300 títulos de todo nivel, incluso malo, porque también hay unas cuantas fruslerías, aunque no tantas como en ediciones anteriores.

Fuera de las pantallas, ayer, el productor
Richard Rubinstein («El amanecer de los muertos», «Creepshow») daba un seminario sobre cine de terror, los de la revista «Haciendo cine» presentan su habitual selección de trabajos en proceso (el «Work in progress»), y Edgardo Cozarinsky un taller sobre «Ronda nocturna», junto a sus actores y Javier Miquélez, su director de fotografía y productor asociado. Se presentará también un libro sobre Cozarinsky.

También fuera de las pantallas, para hoy se anuncia una conferencia de prensa de la European Film Promotion, una mesa redonda sobre venta y distribución internacional de films, donde participan varias de las figuras que el domingo presentaron la publicación
«Produire au Sud» (documentos de un taller para jóvenes productores sudamericanos), y Fernando Peña presentará en el Rojas su película favorita. Pero atención: esta vez sí se trata del actor Fernando Peña, que ha decidido sumarse a la confusión, o a la movida, en tanto su homónimo, el director artístico del festival, mantiene pefil bajo. Nada de salir todos los días en el diario del Bafici, ni esas cosas de figuración que supieron cultivar las conducciones anteriores.

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