5 de octubre 2000 - 00:00

"EL HIJO ADOPTIVO"

L a primera vez que se estrenó una película de Kirghizia en la Argentina fue en 1975. Una obra única, seca, sustantiva, de primitiva y ancestral poesía, sobre un chico que cría un lobezno, o, mejor dicho, sobre un chico que descubre que el lobo no puede ser un perro, pero que el hombre, un ser superior, puede convertirse en lobo del hombre. La obra se llamaba simplemente «Hermano lobo», y algunos todavía la recuerdan. Para mayores datos, el título original era «Lyutuy», y su director, que trabajó hasta hace poco, Tolomush Okeyev. Pero nunca más se pudo ver por aquí otra obra suya.
La segunda película kirghizia que se estrena en la Argentina es «El hijo adoptivo». Pasó un cuarto de siglo. Pasó el régimen comunista. La gente sigue siendo la misma. Y el espíritu de ese cine parece seguir siendo el mismo, de primitiva y ancestral poesía. Sólo que en este caso el drama ha sido reemplazado por la sonrisa, y la moraleja es decididamente otra.
De nuevo hay un chico, pero esta vez no se trata de una historia alegórica sino de una comedia agridulce sobre el modo en que un régimen de campo va llegando a la adolescencia, entre juegos infantiles a veces ingenuos, a veces cargados de picardía, entre ensoñaciones y timideces (propias o ajenas), y también entre dolores y pérdidas, que lo irán madurando. Uno de esos dolores está anticipado en el título. Según dicen, en aquellas sociedades pobres es bastante natural que las madres prolíficas den alguno o algunos de sus pequeños en adopción, cuando no tienen cómo alimentarlo. El chico queda en la misma aldea, a veces simplemente con alguna parienta estéril. Pero un día cualquiera, y no del mejor modo, alguien se lo va a decir...
Y otro día, de algún modo, él comenzará a recuperarse. Tal es el nudo dramático del film, aunque, en verdad, ocupa poco espacio. En esta pintura de una infancia que se aleja, y a través de la cual el realizador arregla cuentas con su propia infancia (no por nada el protagonista es su propio hijo), el sentimiento predominante es la ternura.
El autor, que estuvo el año pasado, por unos pocos días, entre nosotros, se llama Aktan Abdykalikov. Esta es su primera película, y sería una lástima que nunca más podamos ver por aquí otra obra suya.

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