La Academia sueca le otorgó ayer el Nobel deLiteratura al escritor chino disidente Gao Xingjian, ignoto en lenguaespañola. Exiliado en Francia tras haber enfrentado con sus obras de vanguardiaal régimen maoísta, Gao, de 60 años, es novelista, cuentista,dramaturgo, traductor, escenógrafo, director teatral, crítico literario yartista plástico. Al conocer en su residencia de París que había sidoconsagrado con el Nobel, dijo a la prensa que «dejé China a fin de proteger ami familia y tener libertad de hablar».
Hace 13 años Gao escapó de China, luego que leprohibieran su obra teatral «La otra orilla», y se estableció en Franciacomo refugiado político, donde hace dos años adoptó la ciudadanía. Es laprimera vez, en sus 99 años, que el Nobel premia a un escritor de lengua china.Lo más cercano que estuvo de hacerlo fue cuando en 1938 le otorgó el Nobel a lanorteamericana Pearl S. Buck, que, por haber pasado su infancia en elCeleste Imperio arrastrada por padres misioneros presbiterianos, se dedicó albestseller sentimental del género «novela exótica que muestra el Oriente»,prontamente reclamada por Hollywood.
La nueva elección causó asombro y malestar en laRepública Popular China: en primer lugar a nivel político, porque se premió aun disidente, un autor maldito para el gobierno de Pekín, pero también entrelos intelectuales porque se esperaba ese premio para Ba Jin, el únicoescritor que se considera realmente valioso y ha estado durante años en lalistas de los suecos, siempre sin éxito.
En 1962 Gao obtuvo el diploma universitario deidioma francés en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Pekín. A mediados delos años '60 fue una de las cabezas del movimiento literario de «la oscuridad»que se caracterizó por su crítica a la Revolución Cultural (1966-'76) que fueuna «caza de brujas» contra los intelectuales declarados «burgueses». Gao fuecapturado, enviado a un campo de reeducación y obligado a quemar una valija quecontenía sus escritos, entre los que había ensayos, novelas y quince obras deteatro.
Sus primeros trabajos en ficción causaron polémicasen el mundo cultural chino porque cuestionaban el realismo social y se lanzabacontra las enseñanzas de Mao, adoptando las «decadentes» formasoccidentales. En 1979, luego de un largo ostracismo, viaja a Italia y Francia.Confirma la elección en teatro del «antinaturalismo» y el «absurdo», y tienecomo sus maestros a Artaud, Brecht, Beckett y Kantor, siendoconsiderado el introductor de esas estéticas en su país.
A su regreso a China, en 1980 comenzó a publicarnovelas, ensayos, cuentos y poner en escena sus obras teatrales. La primera, «Paradade ómnibus», es una sarcástica parodia de la Revolución Cultural. En lasegunda, «El hombre de las nieves», tratando de escapar de la censuratraza una metáfora en base a una enloquecida búsqueda de un Yeti en el sur deChina. A pesar de esa estratagema comienza a sentir la persecución oficial, quese hizo manifiesta en 1982 con la prohibición de su exitosa obra «Señalabsoluta».
Sus novelas «La Montaña del alma» y «El libro de unhombre solo» y «La fuga», que han sido traducidas al inglés, francés y sueco,recupera las tradiciones ancestrales, la sabiduría taoísta, realiza ajuste decuentas con el comunismo y la Revolución Cultural China, evidenciando laindividualista lucha de un hombre que no quiere someterse al totalitarismocomunista que le impone no tener ideas propias y pertenecer a la masa.
Gao reivindicó ayer, en rueda de prensa, latradición literaria china de la que tanto aprendió en su niñez y en su juventud-sus padres tenían una gran biblioteca y su madre lo introdujo en laescritura-, y lamentó que la Revolución Cultural intentara borrar toda lahuella de esa tradición. Dijo estar, en términos generales, contento de su obra,aunque agregó que «no de lo que escribí en China», porque buena parte deeso lo hizo autocensurándose y porque, además, se vio obligado a quemar unaparte de sus obras.
Así recordó cómo al comienzo de la RevoluciónCultural «tenía manuscritos que quemé por miedo a ser registrado» por lasautoridades en un ambiente «de terror».
De aquella época también evocó las purgas quesufrieron sus padres. Habló de la muerte de su madre, ahogada en un río pocodespués de ser obligada a ir al campo a trabajar, del intento de suicidio de supadre en esa época, y que murió poco después de que le permitieran volver aPekín. «Odio profundamente la política, pero me reservo el derecho de crítica»,subrayó el Nobel, que insistió en que «la verdadera historia de la RevoluciónCultural no está hecha».



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