14 de marzo 2001 - 00:00

"El que escucha tangos no necesita leer libros"

Roberto Aizcorbe.
Roberto Aizcorbe.
Roberto Aizcorbe, además de periodista, es columnista político de «La Nueva Provincia» de Bahía Blanca, desarrolla una labor de ensayista, produciendo un conjunto de obras de reflexión sobre la decadencia, la muerte y el Mal («Pensar la muerte», de 1992, y «La gran eficacia del Mal», de 1995). En «La burla de la realidad» (que acaba de publicar Occitania), señala que «consulta la musa milonguera buscando identificar las formas actuales del Mal, navega por los laberintos del Poder, los trucos del Comercio, la esclavitud del Amor, los disfraces de la Seducción, la injusticia de Dios y las trampas del Azar. La decepción del Tango, leída en el corazón del problema de la Libertad, a la hora del Globalismo». Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo surge en usted la idea de realizar esta serie o conjunto de investigaciones sobre el tema del Mal?

Roberto Aizcorbe:
Es parte de una saga sobre la perención, sobre los mecanismos generales de la naturaleza y la sociedad. Creo que el punto culminante es mi libro «Pensar la muerte». Es una investigación que comenzó cuando, con Federico Massot, ya muerto, advertimos que estamos viviendo en una cultura en decadencia, y los rasgos generales de esa decadencia son lo que en general se llama el progreso. El Mal es el mecanismo central que comanda toda la dialéctica de la naturaleza.

P.: ¿El Mal aparece, para usted, como motor de la historia?


R.A.:
Como motor de la naturaleza. Y dentro de la naturaleza, como motor de la Historia. Hay una candidez en la tesis de Fukuyama, según la cual la Historia se acaba. Creo que mientras haya un observador y se produzca un hecho de la naturaleza, el choque de dos partículas, va a haber historia, alguien que va a relatar algo. Lo que se acaba es la Historia como nos la vendieron desde el cristianismo hasta Hegel, como una fábula con un final feliz; pero la historia continúa. El mecanismo central es el del choque, de la disociación y de la nueva asociación. Un salto que se produce por ruptura. Y en esa ruptura está el Mal.

P.: ¿Por qué el Mal?

R.A.: El Mal para los seres humanos es una percepción de esa ruptura y de esa nueva asociación, que se produce siempre violentamente y por razones compulsivas. Esta tesis ya fue expuesta hace cinco años en «La gran eficacia del Mal», un libro de nivel académico que había escrito para una comunidad que no es desafortunamente demasiado grande en la Argentina. En «La burla de la realidad» hago una síntesis en el primer capítulo de aquella obra. Y lo que quiero con este libro es llevar ese conocimiento de la generalidad de los argentinos, por eso es que lo asocio con el tango, pretendo que esta tesis sea demostrada a través de las letras del tango.

P.: Por eso subtitula su libro «Tangosofías»...


R.A.:
El tango es la filosofía popular de los argentinos, aunque bailen rock.

P.: ¿Los tangos son la base de este nuevo libro?


R.A.:
Son lo fundamental. Encuentro que el que escucha tangos no necesita leer libros, porque todo lo que comentamos está en el tango, lo que habla de la portentosa creatividad de sus autores. Y las apreciaciones que se han hecho de eso no me parecen del todo congruentes. Borges, que mentía y exageraba para poder decir su verdad, sostenía que el tango murió con Gardel. Ese es un error. Gardel resucita el tango cuando el tango ya se había muerto en el año '17. No existía más, había venido el gimmy, el charleston y todas las músicas que siguieron a la primera guerra mundial.

Y entonces ese señor Pascual Contursi, que era empleado de una librería, escribe «Mi noche triste», y Gardel se lo canta en el teatro Esmeralda, y el tango retoma, otra vez, su potencia hasta concluir en lo que es hoy. Toda esa saga de autores de tango le hacen decir a Gobello que «el tango es una musiquita», que lo verdadero del tango es la palabra de esos inmigrantes decepcionados que escribieron entre el cruce del '40 y el '50 hasta Eladia Blásquez. Lo cual también es una injusticia porque Gobello no ve al tango como música.

Y Bardi vale mucho más que algunos koechel de Mozart. Bardi es un escritor de tangos que todavía no ha sido superado. Es una línea que aún se sigue. No por error Pugliese escribe «Adiós Bardi»; y Salgán, «A Agustín Bardi». Todos se inspiraron en él. Gobello no ve en el tango la música, como Borges lo quería detener en el baile de los negritos, y ahora hay un estallido de tangos, está en las calles, y hay chicos que lo bailan y hasta bailan los de Piazzolla.

P.: Uno de los temas que analiza, to mando en cuenta tangos, es el amor. ¿Ahí cómo opera el Mal?


R.A.:
Creo que el amor es el Mal bajo su expresión sexual. Es una enfermedad que toma el ser humano a través de las relaciones sentimentales. Es la enfermedad que nos hace esclavos de la especie. Esto está en Schopenhauer, Bataille, Baudrillard y en muchísimos otros.

P.: ¿Por qué, además de a los tangos, hace constantes referencias a escritores y filósofos?


R.A.:
Ya lo decía Hölderlin: «Lo que permanece lo establecen pensadores y poetas». No se necesita escribir poemas para ser un poeta, más que poeta, un pensador. El escritor, el poeta, el pensador es alguien que sale y desafía a la realidad. Como dice Jean Dutourd: desafía primero a un editor, en segundo lugar a un lector y en tercer lugar a un librero, que tiene que aguantar el libro en los anaqueles durante una cantidad de tiempo. Por lo tanto, tiene que darse por muy bien pagado cuando su libro se vende. Jean Dutourd, miembro de la Academia Francesa, es el escritor más vendido en Francia, acá no se lo conoce porque como no es de izquierda sus libros no circulan.

P.: ¿Por qué le puso como título «La burla de la realidad»?


R.A.:
Porque es una estrofa del famoso tango de Contursi «Como dos extraños». Porque realmente la realidad nos hace una burla. No podemos conocer nunca su curso. Aun si tenemos todas las nociones, la cultura, la información que nos dan computadoras del mayor calibre, al momento siguiente ya la realidad cambió. No podemos conocerla. La realidad se burla constantemente de nosotros y nos lleva por el camino del error al Mal. Se vuelve al Mal, que vuelve a recrear nuevas realidades y nuevas formas minerales, biológicas, históricas, sociales...

P.: Desde esta visión escéptica, ¿cómo ve el futuro?

R.A.: Creo que el futuro no va a traicionar jamás al pasado. El futuro será algo parecido al pasado, no igual, no hay ninguna circularidad perfecta. Surge a partir de los cadáveres, que no son de ninguna manera mate-ria inerte, se reemplean en nuevas culturas, nuevas civilizaciones, nuevos seres humanos, son abono de otras formas de nuevas formas de vida, hasta el final profundo, el big crunch, como dicen los astrofísicos.

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