14 de marzo 2001 - 00:00
"El que escucha tangos no necesita leer libros"
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Roberto Aizcorbe.
Roberto Aizcorbe: Es parte de una saga sobre la perención, sobre los mecanismos generales de la naturaleza y la sociedad. Creo que el punto culminante es mi libro «Pensar la muerte». Es una investigación que comenzó cuando, con Federico Massot, ya muerto, advertimos que estamos viviendo en una cultura en decadencia, y los rasgos generales de esa decadencia son lo que en general se llama el progreso. El Mal es el mecanismo central que comanda toda la dialéctica de la naturaleza.
P.: ¿El Mal aparece, para usted, como motor de la historia?
R.A.: Como motor de la naturaleza. Y dentro de la naturaleza, como motor de la Historia. Hay una candidez en la tesis de Fukuyama, según la cual la Historia se acaba. Creo que mientras haya un observador y se produzca un hecho de la naturaleza, el choque de dos partículas, va a haber historia, alguien que va a relatar algo. Lo que se acaba es la Historia como nos la vendieron desde el cristianismo hasta Hegel, como una fábula con un final feliz; pero la historia continúa. El mecanismo central es el del choque, de la disociación y de la nueva asociación. Un salto que se produce por ruptura. Y en esa ruptura está el Mal.
P.: ¿Por qué el Mal?
P.: Por eso subtitula su libro «Tangosofías»...
R.A.: El tango es la filosofía popular de los argentinos, aunque bailen rock.
P.: ¿Los tangos son la base de este nuevo libro?
R.A.: Son lo fundamental. Encuentro que el que escucha tangos no necesita leer libros, porque todo lo que comentamos está en el tango, lo que habla de la portentosa creatividad de sus autores. Y las apreciaciones que se han hecho de eso no me parecen del todo congruentes. Borges, que mentía y exageraba para poder decir su verdad, sostenía que el tango murió con Gardel. Ese es un error. Gardel resucita el tango cuando el tango ya se había muerto en el año '17. No existía más, había venido el gimmy, el charleston y todas las músicas que siguieron a la primera guerra mundial.
P.: Uno de los temas que analiza, to mando en cuenta tangos, es el amor. ¿Ahí cómo opera el Mal?
R.A.: Creo que el amor es el Mal bajo su expresión sexual. Es una enfermedad que toma el ser humano a través de las relaciones sentimentales. Es la enfermedad que nos hace esclavos de la especie. Esto está en Schopenhauer, Bataille, Baudrillard y en muchísimos otros.
P.: ¿Por qué, además de a los tangos, hace constantes referencias a escritores y filósofos?
R.A.: Ya lo decía Hölderlin: «Lo que permanece lo establecen pensadores y poetas». No se necesita escribir poemas para ser un poeta, más que poeta, un pensador. El escritor, el poeta, el pensador es alguien que sale y desafía a la realidad. Como dice Jean Dutourd: desafía primero a un editor, en segundo lugar a un lector y en tercer lugar a un librero, que tiene que aguantar el libro en los anaqueles durante una cantidad de tiempo. Por lo tanto, tiene que darse por muy bien pagado cuando su libro se vende. Jean Dutourd, miembro de la Academia Francesa, es el escritor más vendido en Francia, acá no se lo conoce porque como no es de izquierda sus libros no circulan.
P.: ¿Por qué le puso como título «La burla de la realidad»?
R.A.: Porque es una estrofa del famoso tango de Contursi «Como dos extraños». Porque realmente la realidad nos hace una burla. No podemos conocer nunca su curso. Aun si tenemos todas las nociones, la cultura, la información que nos dan computadoras del mayor calibre, al momento siguiente ya la realidad cambió. No podemos conocerla. La realidad se burla constantemente de nosotros y nos lleva por el camino del error al Mal. Se vuelve al Mal, que vuelve a recrear nuevas realidades y nuevas formas minerales, biológicas, históricas, sociales...
P.: Desde esta visión escéptica, ¿cómo ve el futuro?
R.A.: Creo que el futuro no va a traicionar jamás al pasado. El futuro será algo parecido al pasado, no igual, no hay ninguna circularidad perfecta. Surge a partir de los cadáveres, que no son de ninguna manera mate-ria inerte, se reemplean en nuevas culturas, nuevas civilizaciones, nuevos seres humanos, son abono de otras formas de nuevas formas de vida, hasta el final profundo, el big crunch, como dicen los astrofísicos.




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