«El salto de Christian» (Argentina, 2007, habl. en español). Dir.: E. Calcagno. Guión: E. Calcagno, A. Laurencich. Int.: M. Anghileri, N. Pauls, G. Pauls, A. Baltar, S. Bosco, M. Busnelli, P. Condito, N. Condito, P. Contreras, A. Pauls, A. Pauls, A. Pauls, A. Zanca.
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La riqueza de nuestra lengua permite dos acercamientos al salto de Christian, así, sin comillas. El toponímico, referido a una cascada del arroyo Claromecó, cerca de donde viviera el mencionado Christian. Y el mitológico, referido al salto que, según dicen, pegó dicha persona para escapar del barco que lo llevaba al penal de Ushuaia, nadar hasta la costa, y quedarse a vivir por ahí, de la caza, la pesca, y el trago, hasta morir de viejo en 1964.
Tres razones avalan el mito. Primera, nadie iba a detener la nave por un infeliz que se quisiera ahogar en esas aguas, considerando tantos otros que habrían de morir durante el viaje. Segunda, el hombre resultó un inesperado nadador (es fama que hasta los '50 pocos eran capaces de alcanzarlo). Tercera, él nunca se molestó en comentar detalladamente los hechos, de modo que no cabía sospecharlo de andaluz (por otra parte, era danés, de apellido Madsen). Los refutadores de leyendas, como dice un poeta radial, pretenden en cambio que este hombre era simplemente un gringo de un pueblo vecino, que se afincó en la zona escapando de una esposa molesta, y eso es todo.
Muchos años después, el director de cine, y cine publicitario, con el que ha ganado muchos premios, Eduardo Calcagno llegó hasta el mismo lugar por la ruta, simplemente escapando de una ciudad molesta. Se aquerenció allí, y, como para despuntar el vicio después de su recordado «Yepeto», hizo «El salto de Christian», así, con comillas, al que cabe acercarse por simple amor al cine, al esparcimiento ameno, y a los lugares agradables (entre otros atractivos, en Claromecó el sol sale y se pone sobre el mar, es decir, igual que en la Península de Punta del Este, pero a precios más accesibles).
La película encierra cierta intriga, con las andanzas de una joven peluquera, criada por las monjas, en busca de algunos datos que le permitirían saber algo acerca de su infancia. Y también encierra, y va mostrando, diversos pasos de comedia costumbrista, con toques dramáticos, y con toques, o toqueteos, románticos, todo dentro de un tono básicamente amable, y levemente descuidado.
Amable y familiar, o familiero, es también el armado del elenco, donde están prácticamente todos los Pauls (Nicolás, de barba, Gastón, Alan, Ana, el padre Axel, y su esposa Mirtha Busnelli), y también Pascual y Nicolás Condito, Franco y Valentino Calcagno, los Trissinger Calvar, Kohanoff y Reynoso, que son una familia artística, y quien sabe qué otros grupos familiares. Como «Cabalgata infernal», donde estaban los hermanos Keach, los hermanos Carradine, los hermanos Quaid, y los hermanos Guest, pero más tranquila, y con el aporte de Amelita Baltar, Silvina Bosco, Alicia Zanca, y Patricio Contreras, entre otros, y, sobre todo, el protagonismo de Moro Angheleri, que establece una innegable diferencia de la película de Eddie Calcagno sobre la de Walter Hill. En resumen: disculpando algunos descuidos y desniveles de guión, se pasa el rato, se ven buenos intérpretes, y se hace un poco de turismo virtual, que siempre es lindo.
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