5 de agosto 2003 - 00:00
Exhiben en Bellas Artes muestra de Hervé Fischer
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• Nuevos medios
«El arte digital marca la reconciliación del arte con la sociedad, con la clase media, con los mass media (...) es un arte no coleccionable, nada de firma única, nada de mercado, ni de posible museo para este arte (...)», señaló Fischer en « Mitoanálisis del Futuro». Ligado a estas preocupaciones, creó el Festival de Teleciencia (1990), el Mercado Internacional de Multimedia (1993) el Café Electrónico (1995), y fue cofundador de la Agrupación Cultura Científica y Técnica «Ciencia para todos» (1997 --Quebec). En su último libro «El choque digital», publicado en Buenos Aires, por la Universidad Nacional Tres de Febrero, replantea las paradojas de los vínculos entre sociedad, arte, ciencia y tecnología. Además de sus experiencias en el área del arte electrónico y sus investigaciones vinculadas a la revolución digital, en los últimos años, Fischer retomó en Canadá la pintura sobre tela, en obras que reflexionan en torno a los lenguajes de la ciencia, la tecnología y el arte contemporáneos.
Sus obras despliegan y entretejen las retóricas de nuestro tiempo: el ADN, los diagramas del mundo financiero, la informática y, particularmente, los códigos de barras. La tecnología de los códigos de barras fue patentada en 1952. Pero las empresas sólo lograron un acuerdo sobre su uso veinte años después. En los siguientes diez años quince mil compañías decidieron usar las barcodes. En 1984, Sam Walton, titular de Wal-Mart, resolvió utilizarlas, y las compañías pasaron de quince mil a setenta y cinco mil en dos años.
La próxima versión artística de Fischer tendrá que acomodarse al RFD, el nuevo sistema para el mismo uso pero con radio frecuencia, que proyectan implementar próximamente los grandes centros comerciales. Fisher ha dicho «Hoy en día, Goya ya no pintaría la Corte de España, ni los horrores de la guerra, Ingres no pintaría desnudos, ni Claude Monet nenúfares, ni Van Gogh el sol, ni Malevitch cuadrados negros, ni Mondrián geometrías, ni Picasso naturalezas muertas. Pintarían paisajes financieros,diagramas que suban al cielo y más a menudo desciendan a los infiernos: la economía y las finanzas pasaron a ser nuestro Dios, nuestro cuerpo, nuestra naturaleza, nuestra vida interior y nuestro imaginario». Por ello hace comparaciones con el lenguaje informático, impresiones representando el ADN o diferentes paisajes económicos basados en los gráficos de financistas y empresarios donde los índices de las Bolsas de Comercio dan diferentes imágenes, ya sea de Wall Street o de Consultoras y Calificadoras de Riesgo, como Standard & Poor's. «Wall Street, variaciones de Bolsa, un juego cotidiano», obra de 2000, representa los juegos de la especulación financiera. En sus trabajos de los últimos años, en lugar de representar el simulacro digital, como diría Jean Baudrillard, toma la representación de los mitos de la era electrónica, pero los pinta sin utilizar la computadora. Estas reflexiones se vinculan con su postura crítica acerca de las vanguardias.El arte de vanguardia convierte la ruptura de la tradición en tradición de la ruptura. Pero Fischer descree del progreso en el arte, y por ello se expresa por medio de la pintura, que realiza habitualmente con acrílico sobre fondos blancos.
Andy Warhol presentaba la Sopa Campbell como producto de consumo cotidiano, pero cuando Fischer usa los códigos de barras se independiza y vuelve a la pintura como lo había hecho la pintura salvaje (o neoexpresionismo). Iniciado en una postura cercana al conceptualismo, hoy Fischer se liga al postmodernismo en su investigación a través de un medio tradicional como la pintura sobre tela. Pero es evidente que el conceptualismo abrió el discurso artístico de la postmodernidad, al ejemplificar las contradicciones del modernismo, y desarrollar nuevos caminos para la indagación. La huella conceptualista se encuentra presente, aun cuando resulte paradójico, en la postpintura actual de Hervé Fischer.


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