7 de octubre 2002 - 00:00

Exponen el Berni que la crítica quería ocultar

Obra de Antonio Berni
Obra de Antonio Berni
Basado en el Gran Premio de Honor al Grabado y Dibujo que en 1962 ganó Antonio Berni en la Bienal de Venecia, la muestra del Centro Cultural Recoleta exhibe las obras que merecieron la mayor distinción a la que puede aspirar un artista. En el plano estético, la intensidad dramática parece ganar con el tiempo. Pero además, la exposición cuenta la historia del premio y en eso reside gran parte de su interés. Para comenzar, la historia de un artista empecinado en reflejar la realidad y la de una sociedad que con idéntico empeño se niega a mirarla.

Las obras que conformaron el envío tienen como protagonista a Juanito Laguna, popular personaje de villas miseria que hoy, cuando el país se ha poblado de Juanitos, sorprenden con su vigencia. Sin embargo, al iniciarse la década del '60 la aspiración de «sacudir la conciencia de la gente», francamente molestaba.

Uno de los miembros del jurado de la selección argentina presentada en Venecia e integrada entre otros por Clorindo Testa, Rómulo Macció, Noemí Gerstein y curada por Gyula Kosice, fue Jorge Romero Brest, quien consideraba la obra de Berni localista, folklórica y pintoresca. Aunque no se trataba de un arte que sirviera de instrumento para fines políticos, como lo estipula el realismo socialista.

•Nuevo realismo

Para diferenciarse, Berni fundó el Nuevo Realismo, movimiento de raigambre americana que entronca con lo más sustancial de la tradición europea. En una entrevista tardía el artista se defendería de las acusaciones de realismo socialista que le endilgó Romero Brest: «Lo mío no tiene un contenido político, sino un contenido filosófico. Es una actitud humanista, basada en las vivencias mías del mundo. Es también un sentido de justicia, de equidad, un estado de amor y un sentimiento de fraternidad».

La incomodidad que provocaba su obra tiene otros antecedentes. En 1934 el jurado del Salón Nacional rechazó de «Desocupados», y en 1957, durante el concurso Cinzano, Julio Payró, Romero Brest, Mujica Lainez, entre otros miembros del jurado rechazaron «Los emigrantes» (Ver Actualidad). Es evidente que ahora, cuando no hay modo de ocultar la marginalidad, resulta fácil comprender que Berni no hacía otra cosa que mostrar lo que pasaba frente a sus ojos: la realidad de un país en pleno desarrollo industrial que descuidaba los aspectos sociales.

Pero en pleno auge del informalismo y la abstracción total, aunque Berni tenía sus fans, se intentó relegarlo a un segundo plano. Cuando luego de la consagración internacional en Venecia, Romero Brest invitó a Berni a exponer en el Instituto Di Tella, escribió en el catálogo que advierte un cambio, «como si hubiera girado ciento ochenta grados y descubierto el ámbito de la poesía que le había sido esquivo».

Entretanto, en la historia del Premio se cruzaron otras miserias. Los artistas del Movimiento Plástico Argentino cuestionaron el envío pues brindaba «una falsa versión del arte argentino», mientras un grupo integrado entre otros por
Rogelio Polesello, Antonio Seguí, Emilio Renart y Líbero Badií, apoyaron la decisión del Ministerio de Relaciones Exteriores y la elección de Berni.

Años más tarde, el artista contaba que estaba en Venecia cuando «el dueño de una galería de Buenos Aires mandó un telegrama dirigido a Kosice que por una causa fortuita me lo entregaron a mí, que decía: 'Hay que defender a los jóvenes', lo cual se podía leer también así: Hay que cagarlo a Berni». La hija del artista, Lily, recuerda que la noche que le otorgaron el Premio la pasaron solos, porque ningún argentino se acercó a saludarlos.

Se ha visto mucho la obra de
Berni en estos últimos años y se podría pensar que nada faltaba descubrir luego de la gran retrospectiva del Museo de Bellas Artes, de sus grabados y dibujos en el Museo de Arte Moderno, de la exposición «Monstruos» en el centro Cultural Borges y la de Arte Político en el Palais de Glace, que le dedica actualmente una sala a unos dibujos excepcionales, de la apertura del MALBA, que exhibe obras como «La gran tentación», «La puerta abierta», «La siesta y su sueño», «Manifestación» y «La mujer del sweater rojo». Pero la muestra del Recoleta demuestra que Berni se resiste a envejecer.

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