13 de octubre 2004 - 00:00

"Fueron las mujeres lectoras las que modificaron el canon"

La escritora chilena Marcela Serrano que vino a presentar su novela «Hasta siempre, mujercitas», actualización del clásico de Louisa May Alcott, está ya acostumbrada a aparecer en la lista de bestsellers compitiendo con su compatriota Isabel Allende. Dialogamos con ella sobre su nueva obra.

Periodista:
«Mujercitas», de Louisa May Alcott, que usted reescribe, fue una lectura para chicas, no para varones.

Marcela Serrano: Consuélese, el mundo ha cambiado y hoy los chicos leen ese libro en el colegio. ¿O usted sugiere que ésta vez estoy condenada: no me va a leer ningún hombre? ¿Se imagina los libros de hombres, y sobre hombres, que hemos leído las mujeres? Prácticamente todos.

P.:
¿Louisa May Alcott no fue una autora menor?

M.S.: No, no fue integrada al canon literario exclusivamente por su temática. Ensayistas norteamericanas que se pusieron a rescatarla y a escribir ensayos sobre ella, señalan que el problema es que los hombres no la leyeron y por tanto quedó en el espacio menor en que está, sólo por eso. Esto sigue pasando, ¿qué cantidad de hombres hoy no leen libros de escritoras? Es enorme. No compran libros de mujeres si no es para regalo. O, sólo, si están instaladas en el canon -como Austern, Woolf y Yourcenar-o cuentan historias de hombres.


P.:
¿Por qué, entonces, la escritoras hoy son bestseller?

M.S.: Porque la mujeres hoy son mayoritariamente las lectoras del mundo, leen más que los hombres. Yo estoy sostenida por mujeres lectoras. Si no fuera por ellas yo prácticamente no existiría como escritora. La actitud de la mujeres frente a la lectura ha sido el golpe real para el canon. La crítica ya no puede ningunearnos, pero el instinto de descartarnos sigue presente. Y las mujeres leemos a las mujeres porque cuentan historias de mujeres, y estamos exhaustas de que nos cuenten sólo una parte de la película, y el objeto de leer es entender la vida, comprender la naturaleza humana.


P.:
¿Cómo surge en usted la idea de recrear «Mujercitas»?

M.S.: Estaba en el norte México y, como venía un huracán, nos encerraron en nuestros cuartos. Fue entonces que vi una versión de «Mujercitas», de la TV inglesa, de cuatro horas. Al terminar decidí actualizar esa novela porque la tenía internalizada desde siempre. Me di cuenta de la infinidad de autoras, sobre todo anglosajonas, que tienen ese patrón detrás de sus novelas: la historia de la vida de cuatro mujeres. Y no solo anglosajonas, también, por citar a una, Almudena Grandes.Alcott dejó una marca inconsciente en toda mujer que escribe. En mi caso era obvio, desde « Nosotras que nos queremos tanto», mi primera novela, conté de cuatro mujeres. Me dije: qué es esto Lo que he hecho es escribir «Mujercitas» toda mi vida. Y si eso es lo que he hecho, hagámoslo abiertamente, y me salió mi obra más personal. Quise titularla «Mujercitas revisited», pero no encontré la traducción exacta en español.


P.:
¿Por qué cuatro primas y no hermanas como Alcott?

M.S.: Por un problema personal, tengo cuatro hermanas, y tenía que tener distancia para poder contar la historia de esas mujeres y no la de mis hermanas. Lo necesitaba. Además, no sigo la estructura de la trama original.


P.:
Sus personajes tienen un lenguaje y una sexualidad que Alcott no se hubiera permitido.

M.S.: Pensé mucho las diferencias y me entretuve haciendo las comparaciones de época. ¿Qué reacciones tendrían las mujeres actuales que no tuvieron las del siglo XIX? Todo lo que escribía Alcott tenía que estar revestido de esa palabra asquerosa que es «la bondad», asquerosa por todo lo que había detrás de esa palabra, puritanismo, hipocresía. Me interesó que los arquetipos de « Mujercitas» son eternos, pero hay cosas que han cambiado. Beth ya no moriría porque contrae la peste por cuidar a niños pobres. Meg no podía ser igual porque hoy una mujer doméstica es cuestionada. A Jo Alcott la debió casar por razones editoriales. A Amy la rescaté porque me parece la menos buena. Es interesante ver como han cambiado las mujeres. Es más entretenido, sin duda, ser mujer hoy.


P.:
¿Por qué los editores imponen a Alcott que case a Jo?

M.S.: La primera versión de «Mujercitas», que se conoce hoy en inglés y pronto estará en español, fue censurada por la editorial, que le pidió a Alcott que la edulcorara, que casara a Jo. Y Alcott lo hizo porque para ella era de vida o muerte ganarse la plata de la novela. La pulió para que las mujercitas no fueran muy duras o sagaces. Alcott es Jo, fue soltera, se dedicó a la escritura y las feministas norteamericanas dicen que fue lesbiana.Yo le puse alguna aventura lesbiana a Ada, mi Jo, pensando en Alcott. Hoy Jo, rebelde e independiente, no se casaría ni tendría hijos. Las primeras feministas que leyeron la versión censurada de «Mujercitas» no entendieron a Alcott y debieron comprender que en Jo hay un germen gigantesco de lo iban a ser las mujeres en el futuro.


Entrevista de Máximo Soto

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