Gibson: "Los pecadores deben arrepentirse"

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Nueva York - Mel Gibson está en problemas en Estados Unidos con su película «La Pasión». Por un lado, no ha logrado convencer a las influyentes asociaciones judías en Nueva York de que su film, que relata (en latín y arameo, y sin subtítulos) las doce últimas horas de la vida de Jesucristo, no es un alegato antisemita. La película se estrenará -según pretende Gibson-el próximo miércoles de ceniza.

De momento, en Washington, ya ha habido algunas proyecciones privadas de «La Pasión», en despachos tan influyentes como la oficina de Iniciativa para la Fe de la Casa Blanca. Y, mientras los judíos y algunos católicos la critican y se quejan de no haber recibido copias, en Colorado Springs, capital de la Iglesia evangélica, la obra de Gibson despierta admiración. Una convención de Legionarios de Cristo -organización conservadora católica-sí pudo asistir a una función en esta ciudad. «Va a ser un clásico» -opina Deal W. Hudson, editor de 'Crisis', la revista de los católicos conservadores-, «para los cristianos de todas las denominaciones».

Pero Myrna Shindaum, portavoz de la poderosa Liga contra la difamación (ADL, según sus siglas en inglés), cuyos teólogos han inspeccionado un borrador del guión de la película, señaló que «en el film hay referencias que no son históricamente rigurosas. Daremos nuestra opinión». La ADL -apoyada por importantes empresarios proisraelíes como Howard Schultz (presidente de la cadena de cafeterías Starbucks) y Leonard Riggio (fundador de las librerías Barnes & Noble)- dispone de un presupuesto más que abultado en su activa campaña para prevenir un -improbable-recrudecimiento del antisemitismo en EE.UU.

Gibson
, que pertenece a una escisión fundamentalista de la iglesia católica, intentó apaciguar tanto a los grupos judíos como a los líderes de la iglesia católica que habían protestado por posibles injurias en la película. «'La Pasión' pretende inspirar y no ofender» -escribió en la revista 'Daily Variety'-. «Los judíos son mis amigos y socios tanto en mi trabajo como en mi vida social». El productor, Steve McEveety, protestó por lo que el equipo de Gibson considera el robo de su guión por parte de la ADL y un grupo de teólogos católicos. «Nadie tiene el derecho de criticar una película basándose en una versión vieja del guión». El consejo de obispos católicos pidió disculpas a Gibson pero siguen mirando con desconfianza la película.

La película, con
James Caviezel en el papel de Cristo y Monica Belluci en el de María Magdalena, tiene un presupuesto de 25 millones de dólares. Gibson pretende estrenarla en la primavera de 2004, aunque los distribuidores se han mostrado reacios a comprar una película en dos idiomas muertos. Gibson dice que usa «narrativa visual» para compensarlo.
No es la primera vez que una película sobre la vida y muerte de Cristo desata una polémica.

«La última tentación de Cristo»,
de Martin Scorsese, provocó indignación y fue boicoteada por grupos cristianos ya que pisó el terreno prohibido de la sexualidad de Cristo.

Sin embargo, sí parece ser un reflejo de los tiempos que corren en EE.UU. el hecho de que esta vez se trata de una visión cristiana fundamentalista de la Biblia que ha preocupado a las jerarquías establecidas y a una hipersensibilizada comunidad judía. El presidente
Bush -cristiano protestante-es un fan de Gibson y dijo que su anterior película, «Cuando éramos soldados», era la mejor que había visto en su vida.

La inquietud de católicos y judíos es en parte una respuesta a las ideas delirantes del padre de
Gibson, Hutton, otro católico tradicionalista que niega la existencia del Holocausto y sostiene que los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas en 2001 no habían sido secuestrados sino que «fueron dirigidos por mando a distancia». Gibson no comparte las opiniones de su padre pero sí dijo en la Fox TV que la película podría ofender efectivamente a los judíos ya que «cuando uno ve los motivos por los que murió Cristo, quienes han pecado deben mirar su propia culpabilidad».

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