30 de agosto 2007 - 00:00

Guetos de hoy en un film bello y original

Sara Forestier, la única rubiecita del grupo de adolescentes de un barrio casi íntegramenteárabe que deben representar una exquisita obra de Marivaux en «Juegos de amoresquivo».
Sara Forestier, la única rubiecita del grupo de adolescentes de un barrio casi íntegramente árabe que deben representar una exquisita obra de Marivaux en «Juegos de amor esquivo».
«Juegos de amor esquivo» (L'esquive, Fr., 2003, habl. en francés).Dir.: A. Kechiche. Guión: A. Kechiche, Ghalia Lacroix; Int.: O. Elkharrz, S. Forestier, S. Ouazani, A. Granito, N. Benhamou, H. Ben-Ahmed, C. Franck.

Imagine el lector diez chicos de Villa Lugano enfrentados a la obligación de representar en un colegio «El sí de las niñas», una obra de 1806 escrita con deliciosa pluma por Fernández de Moratín. Perdón, en Villa Lugano hay toda una banda sinfónica de chicos, que toca muy bien, de modo que bien pueden representar una antigua y graciosa obra de la lengua española. Dicho sea de paso, los ayudaría saber, además, que «El sí de las niñas» fue prohibido en 1815 por la Inquisición.

Ahora imagine el lector unos chicos de un suburbio parisino, casi todos de origen árabe, obligados a representar en la escuela una exquisitez de Chamblain de Marivaux de 1730, «El juego del amor y del azar». En este caso nada los ayuda, ni su malhumor, ni su mal francés, que hablan de mala gana (y, curiosamente, un poco al vesre), ni el gueto en que viven, sin mayor expectativa de futuro, ni el policía que los busca y los asusta apenas los ve reunidos a un borde del camino. Sólo el entusiasmo de algunos docentes puede creer que esos chicos medio autistas y esas chicas cuyo solo deporte es el chusmerío se interesen algún día por una pieza de teatro, para colmo «vieja», memoricen sus versos, y los transmitan en un acto público.

Esto no es una comedia americana. Tampoco hay milagros. Pero algo pasa. Por ejemplo, el protagonista no quiere el personaje que le dieron, no quiere actuar, y, en su vida personal, no quiere enamorarse. Pero se enamora. Y ahí empieza a sentir, y entender, ciertas cosas que Marivaux escribió hace ya más de dos siglos. Y algo empieza a cambiar. Por ahí va el asunto.

Historia de amores adolescentes, relato de superaciones personales, enredo que juega con los enredos de la comedia original, humor a veces amargo que muestra la realidad con una sonrisa, «Juegos de amor esquivo» (un título más feliz y quizá más acertado que el original «L'esquive») es una película realmente original, sincera, y hasta necesaria, incluso entre nosotros, con muchas e interesantes observaciones, buena combinación de momentos agrios y placenteros (hermosa, la escena en que una muchachita va mostrando a todos, fascinada, el traje que le tocará lucir en escena) y, además, muy buen elenco, algo que aquí debe recalcarse especialmente, porque la mayoría de los chicos actúan por primera vez en su vida, incluyendo al protagonista, Osman Elkharraz. No así, Sara Forestier, que interpreta al objeto de su amor, la única rubiecita de todo el barrio, y que ya tenía algún trabajito previo. En resumen, una película que verdaderamente vale la pena. Su autor, el franco-tunecino Abdel, o Abdellatif, Kechiche. Coguionista, Ghalia Lacroix.

Dos datos anexos: la primera versión cinematográfica de es obra de Marivaux fue el muy simpático juguete cómico-romántico «El juego del amor y del azar», de Torres Ríos, con Silvia Legrand en su última actuación antes de casarse, cosa que hizo muy jovencita con un militar. Signo de una sociedad, el único miembro de todo ese elenco de brillantes chicos franceses que pudo hacer carrera fue, precisamente, la chica rubia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar