Duville: bucear en el mar y en la mente

Espectáculos

Las imágenes son de un mundo en destrucción, compensadas por el reflejo de lo tropical.

El Museo Colección Amalia Lacroze de Fortabat acaba de inaugurar la exposición “Hotel Palmera” del artista Matías Duville (1974). Curada por el teórico español Gabriel Pérez-Barreiro desde Nueva York, en sintonía con la porteña Lara Marmor, y postergada por la pandemia, la muestra exhibirá hasta fines de febrero pinturas, videos, instalaciones y numerosos dibujos, acompañados por un texto que César Aira le ha dedicado a Duville, y por la música del grupo que integran el artista y su hermano Pablo.

“Hotel Palmera” se llamaba un dibujo pintado con barro que Duville presentó en una exhibición en el Malba en el año 2012. En un islote arrastrado por la inundación, la denominación “Hotel Palmera” cargada de resonancias tropicales, contrasta con la viva imagen de la desolación: los restos frágiles del edificio abandonado y amenazado por la corriente. La tragedia de ese mundo en destrucción, se compensa con la potencia del pulso del artista y su gesto poderoso de afirmación existencial. Los trazos cortos y, en cierto modo, toscos, de los dibujos de Duville consolidaron su estilo.

La exposición del Fortabat se abre con unos anzuelos inmensos que descansan sobre un camino de sal en el piso. Radicado en Mar del Plata, Duville entiende la cultura del mar. Los ganchos gigantescos le sirven para “atrapar lo impredecible”, bucear en la profundidad del mar y de su propia mente. Los dramáticos paisajes, los inmensos soles con el color rojizo de la sanguina, dominan el primer piso. Unas tarimas de felpa roja evocan el diseño de “Hogar”, obra que realizó en un campo de Junín cuando ganó la beca Guggenheim. Sobre la llanura bonaerense Duville desplegó el plano de una casa. El cemento brinda solidez a los cimientos. Los pastos crecen con el sol y la lluvia hasta ocultar la casa casi por completo; pero la sequía descubre la estructura una y otra vez, de acuerdo a los ciclos de la naturaleza. Un video tomado desde lo alto captura la belleza de la obra. “Me interesa establecer una analogía entre el espacio mental y el espacio real. La naturaleza o geografía de este planeta y la geografía interna”, observa el artista.

Durante un encuentro virtual, Pérez-Barreiro habló con Duville de la comodidad y también de la incomodidad que provocan sus obras. “Estar dentro y fuera de la obra forma parte de la tensión que genera Duville”, agrega. El artista revela entonces su método de trabajo: “A veces trato de sentirme a mí mismo como si fuera un extraño. Necesito derrumbar el cliché”. Buscar la sensación de extrañamiento, dejar de ser uno mismo para acceder de este modo a lo que el arte puede ofrecerle de nuevo, parece ser su fórmula para imaginar y crear.

El cuento de Aira, “Una repentina sensación de poesía”, tiene relación con el artista, sus planteos existenciales y la obra. “Una repentina sensación de poesía, asociada a la belleza de lo lejano, a la serenidad, a desprenderme de mí: veo pasar un avión en el cielo. Tengo motivos para sorprenderme de lo que siento. Conozco las penosas esperas de los aeropuertos, la vulgaridad sórdida del ambiente, la compañía no deseada, la vigilancia, el encierro promiscuo, las mil incomodidades. Pero eso era cuando viajaba. Hace un año dejé de hacerlo, y al parecer bastó ese breve lapso para que tomara distancia. Y no es que me felicite de estar viendo de tan lejos el avión. Al contrario: algo me transporta a él, se lleva mi alma. Y realmente es de admirar. Calmo, magnífico, inmóvil, no necesita batir las alas como los pájaros, los hace parecer torpes en comparación. Esa quietud en movimiento. No entiendo por qué soy el único en quedarme mirándolo hasta que se esconde detrás de un edificio”. Así comienza el relato.

Duville señala: “Hay distintas temporalidades en la muestra”. Se refiere a un recorrido que no respeta el orden cronológico pero que tiende puentes entre el pasado y el presente. En la segunda sala, junto a centenares de dibujos, están las grandes pinturas sobre madera aglomerada. El material aparece lastimado por la violencia extrema de los martillazos. Duville golpea la superficie obscura dominante, pero las huellas semejan estrellas o cometas que atraviesan el cielo.

Temas

Dejá tu comentario