18 de noviembre 2004 - 00:00

"Hoy y mañana" parece una película del ayer

Esta coproducción argentino-española sobre una ingenua que debe prostituirse recuerda a viejos films con tragedias de almas anónimas o a costureritas que daban el mal paso en el tango.
Esta coproducción argentino-española sobre una ingenua que debe prostituirse recuerda a viejos films con tragedias de almas anónimas o a costureritas que daban el mal paso en el tango.
«Hoy y mañana» (id., Argentina-España, 2004; habl. en español). Dir.: A. Chomski. Int.: A. Costa, R. Ricci, R. Merkin, S. Alvarez).

Esta es una película sobre ingenuas y prostitutas (el Secretario de Cultura las llamaría de otra manera). O, en realidad, sobre una muchacha que reúne ambas características: una por naturaleza, la otra por necesidad. Ella es Paula (Antonella Costa), que vive debiendo permanentemente el alquiler de su ambiente sórdido, que le cortan el gas, que hace teatro vanguardista, que la echan de su trabajo en un bar, que se lleva mal con su padre, y que un buen día, asesorada por una conocida, elige el viejo oficio.

Poco antes, la atribulada protagonista había rechazado un ofrecimiento más o menos similar, pero de su profesor de teatro: si ella aceptaba acostarse con él habría tenido resuelto, al menos, el problema del alquiler. Pero no es cuestión de mezclar trabajo con vocación, y el teatro es su vocación. Si tiene que salir a la calle, que sea profesionalmente.

Pese a su inexperiencia y la dura competencia en las esquinas, a Paula no le va nada mal en su primera noche: salvando algunas circunstancias poco agradables, da con un elegante caballero madrileño, nostálgico de la familia en tierra lejana y generoso de bolsillo (no podía esperarse otra cosa siendo ésta una coproducción con España, ya un subgénero de la pantalla nacional en el que forzosamente debe cumplirse, más allá de las necesidades de guión, con la cuota de personaje). El final de la película, abierto, posee un tinte de fatalidad.

Pese a su título, «Hoy y mañana» recuerda más al ayer. A la época en que se filmaban o dramatizaban desgarradoras tragedias de almas anónimas, cuando el tango le cantaba a la costurerita del paso en falso, o cuando las cooperativas teatrales de los inmigrantes ponían en escena (como en «El padrino») la historia de la viejita que moría en Nápoles y sus hijos lloraban en Nueva York cuando llegaba la carta, mientras sonaba una triste melodía de fondo. Todo ese aire tiene «Hoy y mañana» aunque, con seguridad, no haya estado en los propósitos de los autores conmover con las desventuras de la pobre muchacha que tuvo que salir a vender su cuerpo. Lo prueba el hecho de que una gran parte de la película está rodada cámara en mano, crispadamente, modernamente, tal como lo exigen muchos festivales de cine de riesgo.

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