Una de las potentes esculturas autobiográficas que Eliana Molinelli realizó cuando ya padecía la grave enfermedad que terminó con su vida en 2004.
"Vida, nada te debo", una cita de un poema de Amado Nervo, es el título de la muestra de Eliana Molinelli (Mendoza, 1943-2004), al que la artista recurría constantemente. En el Museo Sívori se ha reunido un grupo de obras realizadas entre 1988 y 2003 a las que calificamos de dolorosas, sobre todo las últimas cuando la artista luchaba con entereza contra una enfermedad terminal y como lo señalan sus hijas Natasha y Tania en un texto del catálogo «nada debía a la vida. Todo le había dado».
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El conjunto presentado la revela una vez más como una escultora potente, denunciadora de injusticias, a través de cuerpos fragmentados, algunos arqueados en su máxima tensión sobre una cinta transportadora, la piel lacerada, cicatrices, costuras. Molinelli, una verdadera artífice del hierro, del bronce, del acero, de la chapa batida, materiales severos, adustos, que la artista trabajaba desde su interior, desde «las tripas», así lo confesaba. Esta obra visceral, autobiográfica, no puede dejar de conmover por la intensidad de una belleza que se «apoderó de mí y de mi obra...con olor a óxidos, con olor de cobre, con lágrimas de aluminio... la belleza entera del universo», según afirmaba.. Molinelli era una mujer bella, en todo sentido, de apariencia frágil, por ello es doblemente conmovedor imaginarla cortando las planchas de los materiales, encendiendo la autógena y con destreza de cirujano dar forma a esas figuras, imágenes que rescatan la dignidad del hombre.
Se han reunido cuatro grupos de obras: «Condición Humana», «Las Manos», «Los Personajes» y «Frottages», estos últimos realizados en condiciones extremas, papeles con delicados dibujos de carácter abstracto. Se presenta «Manos Anónimas», chapa batida y técnica mixta, la primera escultura realizada con las armas destruidas del Plan Canje de Armas en 2001 en el marco de una campaña internacional auspiciada por la ONU. Por este plan que propiciaba el intercambio de armamento por alimentos y boletos para espectáculos deportivos, se incautaron 3000 armas que después de su destrucción fueron resignificadas por artistas de todo el país para la muestra «Convivencia y Desarme» realizada en Mendoza.
La obra de Molinelli compendia el odio, el horror y el delito que conlleva la sola presencia de las armas. • Raúl Díaz (Córdoba, 1952), llamó la atención ya desde que se dio a conocer en 1991. Pequeños cuadros, óleo sobre tabla, con infinitos matices de color en los que se concentraba un mundo sensorial. Más adelante enriquece sus tablas con texturas y a su universo de personajes circenses, se agregan peces y canoas sutilmente esbozadas, estas últimas, una imagen recurrente hasta hoy. En Díaz se nota el goce del artista por el hacer, por lograr un cromatismo en el que se revela su capacidad de alquimista en el uso de pigmentos. En 1995 participa con Galería Suipacha en Arte-Ba y con Vía Margutta en 1996. Ganador de importantes premios, hacia 1997 en la Feria de Miami llama la atención de un galerista estadounidense con el que participa desde entonces en ferias y muestras individuales en distintas ciudades norteamericanas, Charlotte, San Francisco, Dallas, Atlanta y Nueva York. Díaz es de los artistas que pintan aquello que está en su interior, de allí la recurrencia de las barcas, «naves poéticas», un recuerdo que atesora desde que iba de pesca con su abuelo. Su obra, por razones generacionales, tiene algunos puntos de referencia con el pasado, a la manera de la Transvanguardia Italiana pero sin sus estridencias, por el contrario, tiene un carácter melancólico, muy de nuestra latitud. Ya sean las barcas, las hojas o las figuras, aparecen evanescentes, surgiendo a veces de un cromatismo intenso y la transparencia lograda tiene su razón de ser: Díaz vive en un ámbito natural, rodeado de montañas.
Hacia el año 2000, las barcas, una metáfora también del viaje hacia lo desconocido, del ir y venir, de la deriva, se corporizan en esculturas de carácter esquemático y otra vez la alquimia, ya que a la textura natural de la madera, además de incisiones en la superficie, le agrega una nueva textura dada su afición e investigación por las nuevas técnicas. Su mundo es ambiguo e inquietante pero a la vez de serenidad y calma.
Una hermosa muestra que permite seguir admirando su quehacer. Ambas exposiciones clausuran el 4 de diciembre. Av. Infanta Isabel 555 (frente al puente del Rosedal de Palermo).
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