19 de abril 2005 - 00:00

Inauguraron muestra de Mildred Burton

Una de lasobras de laserie «Tapicerísimasmitológicas»en la queMildredBurtonvuelve acuestionaresquemas yhábitosaceptadoscon oficiominucioso ycorrosivohumor.
Una de las obras de la serie «Tapicerísimas mitológicas» en la que Mildred Burton vuelve a cuestionar esquemas y hábitos aceptados con oficio minucioso y corrosivo humor.
En agalma.arte (Libertad 1389), acaba de inaugurarse «Tapicerías mitológicas», muestra de Mildred Burton, integrada por dieciséis acrílicos sobre tela en formatos pequeños. Estas obras del 2004 presentan una singularidad característica de Burton: entretejer asociaciones originales y críticas que no son resultado de un juego azaroso. En esta muestra aparece un tigre segmentado por una columna en «La fastuosidad de Cortito Tigre B»; una taza flotante en «Los maternales cuidados de Linda Ta Cita». En otras pinturas los objetos están representados con caracteres antropomórficos que satirizan la simbiosis entre hombre y máquina, como «La apología machísssima de Dando Gatti Car», un automóvil rojo y negro con una ventana-ojo, bigotes y cola de gato.

Mildred Burton
está ubicada en el dominio de lo llamado Cultura de lo Surreal, término que elude las limitaciones de la escuela surrealista europea, y se vincula con los ancestros americanos que André Breton, cuando visita Méjico, descubre en las tradiciones precolombinas. Al igual que Max Ernst y René Magritte, dos de sus artistas más admirados, no recurre al «automatismo psíquico» con el que la escuela surrealista de París impugnaba lo establecido desde (y con)lo imaginario. Sus cuestionamientos a los esquemas y los hábitos aceptados se caracterizan por un oficio minucioso y un corrosivo humor. Sus obras han abordado en distintas series la crítica a la falsa moralidad, la represión del deseo, los pudores mentidos, la represión social, el encantamiento de la niñez, el individualismo egoísta y los proyectos fáusticos de una globalización avasalladora.

Los títulos de las obras fornitidezman parte del proceso creativo. Son contrastes que provocan juegos de palabras que alteran el orden e invierten el sentido, como en «La desmaterialización cósmica de Avú

Ichinihc»,
las uvas-globos que se elevan; el pavo blanco de «El espejismo de Bello Pa Vito»; o la locomotora verde de «La resignada transición de Granny Mc Inita». Sus imágenes recuerdan las tarjetas postales de principios del siglo XX, y los afiches publicitarios de esa época, en los que Burton rompe la coherencia de las representaciones objetivas.

En su retórica conviven el realismo fotográfico y una imaginería artificial de art nouveau que remite a personajes detenidos en el tiempo, embalsamados en gestos y rictus, que manifiestan una visión tragicómica. «Lo curioso es que estas tapicerías podrían muy bien ser diseños para vitrales, porque la del color se llevaría de maravillas con las trasparencias del vidrio. Y uno sueña con lo que serían esas vidrieras con fondo de mar, con tréboles, con una sucesión de flores y animales que tienen correspondencia en la nomenclatura heráldica», escribió el reconocido crítico de arte Dieguez Videla en su prólogo a la muestra.

En 2003, su paradigmática obra «El retorno de Sudacasaurio Igua Resc» obtuvo el Primer Premio en la segunda edición del Premio Banco Ciudad. Un jurado de diez especialistas premió a Burton que representó un animal de la familia de los dinosaurios, un sudacasaurio. «Así como en Estados Unidos tienen sus series de Terminators, Rambos, yo quise crear uno que nos represente a todos, y trabajé sobre una iguana», dijo la artista. Era una imagen en posición erguida como es habitual en su actitud de pelea, y Burton artista le agregó un aura para convertirla en ícono. Utilizó imitaciones de piedraspreciosas, con cristales que producían reflejos en los ojos y en la cola. Pintada además con oro en polvo en suspensión, la iguana, con tremendas uñas y garras, simulaba emitir luces. «Quise realizar una representación de un ejército norteamericano y por eso incluí soldaditos que de lejos parecen pasto que se quema».

Obras importantes y originales, fueron sus proyectos fáusticos, que evocan temas urbanos y ecológicos, y participan de una aventura proyectual que podríamos llamar arquitectura fantástica post-figurativa. En ellas Burton diseña iniciativas ficticias llenas de sarcasmo: la oposición entre su imaginación y el sentido común se manifiesta en las series complementarias «Proyectos» y « Proyectoides». Su «Ciudácula Futboloide» es una ciudad imaginaria para la Isla Martín García, que tiene 300 habitantes estables (la hinchada) y 30 jugadores. Allí se alquilan disfraces, fieras y armas y la gente es educada para corear cantos de apoyo. Existe una Central Mafia y una Central Doping, además de viviendas especiales para cada profesión. Una vez por mes se produce allí, en una gran fiesta, el homenaje a un árbitro de fútbol, un director técnico o un presidente de club; hay bandas de música y se lleva al público con barcos y helicópteros.

Su Proyecto Puente transportador de rinocerontes viejos y gastados de Cabo Blanco o Miami, es un tubo llamado «grasoducto», que lleva petróleo y sustancias orgánicas vivas. La música incluye desde sonidos de la selva al new wave. También se definen a lo largo del puente distintos tipos de olores. Se transportan diamantes en bruto en zorras, aparatos de TV, adornos y una custodia de soldados electrónicos se moviliza en camiones especiales. El Proyecto Ciudad Turística Palmar-Colón, presenta flora, fauna, puentes y tribunas. Una computadora central, digita la ciudad y los paseos con carros y caballos, y Burton desarrolla sus representaciones a través de una gráfica muy precisa.

No presenta edificios, propuestas u objetos aislados, sino proyectos para la arquitectura de una ciudad. Se trata de una conjunción inesperada de elementos disímiles, estructuras, que no por heteróclitas son menos armónicas: un mundo fantasmal en el que los elementos se integran y contextualizan.

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