18 de octubre 2004 - 00:00

Jennifer Larmore: "Sólo me atraen los papeles extremos"

Jennifer Larmore, especialista en Rossini. El Colón representará por primera vez «Elisabetta» de Rossini, y ella la cantará en vivo también por primera vez (pese a que la grabó dos veces en disco).
Jennifer Larmore, especialista en Rossini. El Colón representará por primera vez «Elisabetta» de Rossini, y ella la cantará en vivo también por primera vez (pese a que la grabó dos veces en disco).
Con motivo de las dos visitas anteriores de Jennifer Larmore al Teatro Colón para cantar Rossini («Il barbiere di Siviglia» y «L'italiana in Algeri»), el público de Buenos Aires comentó que, en realidad, la mezzosoprano norteamericana nacida en Atlanta se parecía más a una «star» de Hollywood que a una cantante de ópera, y tenía bastante razón.

Bella y elegante, Larmore aparece en el escenario vistiendo trajes que resaltan su físico esbelto y su encanto de comediante cinematográfica. Poco o nada ha cambiado esta impresión hoy. Aún preparada para la entrevista con este diario, en su día de descanso, la diva del Metropolitan Opera de Nueva York y otros centros operísticos internacionales ostenta el refinamiento y la simpatía que la hicieron famosa algunos años atrás. Larmore está en Buenos Aires para el estreno en el Teatro Colón de un raro título rossiniano, «Elisabetta, regina d'Inghilterra», una ópera en dos actos con libreto de Giovanni Schmidt que vio la luz en Nápoles el 4 de octubre de 1815.

Periodista
: ¿Qué motivos deberían llevar al público a ver «Elisabetta» al Colón?

Jennifer Larmore: Primero, la música es impresionante. Hay muchas bellas melodías y es un ejemplo de «belcantismo» El papel de Elisabetta posee infinidad de desafíos técnicos, sus arias van desde el extremo agudo hasta el grave más cavernoso. Todo esto identifica el estilo de Rossini y el público habrá de sentir placer al detectar esos adornos donde la voz se transforma en un espumante ágil y colorido.

P.:
Usted ya conoce bien al personaje por haberla hecho en discos.

J. L.: Sí, pero le cuento que esta será la primera vez que cante la Elisabetta en escena. Antes grabé dos versiones discográficas para la colección «Opera Rara» y también lo hice en forma de concierto en el Royal Albert Hall de Londres. Pero ahora no es lo mismo. Aquí se podrá ver y oír una gran espectáculo, con importante escenografía y vestuario, en el que el autor marca la evolución de Elisabetta y su cambio de actitud hacia los demás. Esta trasformación está mostrada a través de cuatro trajes que luzco a lo largo de la ópera y que tienen un gran diseño de Eduardo Caldirola. Si bien en dieciocho años de carrera he cantado muchos papeles rossinianos, este me da mucho placer y lo quiero trasmitir al público de Buenos Aires que siempre ha sido tan cálido y consecuente conmigo.


P.:
Y, por supuesto, eligió Rossini.

J.L.: Para mí, cantar Rossinies una fortuna; me gusta mucho lo que llamo «su verdad». Creo que su música es como un sol. Aunque es muy dificultoso técnicamente, y aquello que a veces cree la gente que es simple y muy ligero, no siempre es así. Es un personaje para una mezzosoprano que va a los extremos de la tesitura y eso es precisamente lo que me atrae de él. Además, no hay muchas cantantes en el mundo que puedan cantarlo.


P.:
¿Qué otros autores están en su preferencia?

J.L.: Depende de la tesitura. Me atraen los papeles extremos. No quiero cantar personajes que no son para mi voz. Mi timbre es de mezzosoprano, casi cercana a la contralto, de ahí que sienta atracción por los extremos más oscuros para llegar a los agudos más brillantes y osados. Me gusta mucho cantar el «Giulio Cesare» de Haendel, donde tengo nueve arias, veinte recitativos y un dueto. En esta ópera hay muchas emociones, emotividad, alegría, tristeza. No puedo cantar nada sin emoción. Creo que para mí, artísticamente, emoción es una palabra clave. Un conocido director con el que hice «La canción de la tierra» de Mahler me pedía que cantara sin emoción. Para mí fue muy difícil. Pensaba en la hija muerta de Mahler y se pretendía que cantara de manera gélida. Fue un desafío y no me resultó grato trabajar en esas condiciones.


P.:
¿Para qué públicos le resulta más interesante cantar?

J.L.: Al público de Buenos Aires lo tengo siempre presente en mi memoria. Cuando me propusieron volver no lo pensé demasiado. Siento que aquí me aman, y yo los amo. Más que condiciones de trabajo sé que hay algo que tiene que ver con el corazón. Desde el principio me he sentido muy bien entre ustedes. Ahora mismo, hace unos diez días que estoy aquí y la gente me ha demostrado una atención y un cariño que me hacen sentir muy bien. También me sucede en París. Ahí la gente es muy expresiva y hay un entusiasmo por la ópera como en pocos lugares en el mundo.


P.:
¿Ha trabajado con Tito Capobianco?

J.L.: Sí, fue al comienzo de mi carrera. Recién terminaba mis estudios y canté Rossina en un pequeño teatro de Santa Barbara. Tito me alentaba permanentemente, me daba ánimo, confianza. Fue una inspiración para mí carrera posterior.


P.:
¿Qué otros autores canta habitualmente?

J.L.: Haendel, Richard Strauss, Mahler, Massenet, Berlioz, Bizet. He cantado «Carmen» con Plácido Domingo.


Entrevista de Eduardo Vincent

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