María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, se sumó desde ayer a los dramatis personae que protagonizan el colorido choque judicial que compromete la inminente subasta en Londres de manuscritos y primeras ediciones del autor, y que tiene al ejemplar de «Fervor de Buenos Aires», como informó ayer este diario, entre las piezas más sospechadas de haber sido hurtadas de la Biblioteca Nacional. Kodama envió ayer una carta al canciller Rafael Bielsa en la que le solicita que disponga, con los medios que tenga a su alcance, la suspensión del polémico remate de la casa Bloomsbury Auction que tendrá lugar el próximo jueves 20.
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El lunes, el coleccionista Juan Manuel Peña y el librero José Gilardoni manifestaron en los Tribunales de Comodoro Py no tener ninguna duda de que el ejemplar que se iba a subastar de «Fervor de Buenos Aires» es el mismo que desapareció de la Biblioteca Nacional. El ejemplar fue entregado al juez por su actual propietario, el coleccionista italiano Massimo de Caro, quien llegó a la Argentina para hacerlo examinar antes de la subasta.
Pero el subdirector de la Biblioteca, Jorge Landab uru, extendió la sospecha sobre otros cuatro libros que integran la subasta y que se presume también fueron robados de la Sala del Tesoro de la institución: se trata de los ejemplares de «Inquisiciones», «Cuaderno de San Martín», «Luna de enfrente» y «El tamaño de mi esperanza».
Por su lado, Massimo de Caro y Daniel Pastore (librero organizador de la subasta de Bloomsbury) van a apelar. Aunque ellos se avinieron voluntariamente al examen judicial, no comparten el criterio de que se trate de libros robados. Sin embargo, si Bloomsbury debe apartar estos ejemplares de la subasta la idea de colección se cae y pierde valor de conjunto si faltan esas obras fundamentales. Por otra parte, sabiendo que hay una buena parte de material cuestionado, y el conjunto sospechado en cuanto a sus orígenes, o la autenticidad de las dedicatorias, los coleccionistas o inversores podrían desalentarse. El día de mañana se pueden ver involucrados en un juicio.
Resta un tema fundamental: de qué manera probar, más allá del testimonio de los ex poseedores de «Fervor de Buenos Aires», que se trate efectivamente del volumen robado de la Biblioteca Nacional. Una fuente de esa institución le deslizó ayer a este diario que «en el registro de ingresos del Tesoro no hubo tiempo de microfilmar el ejemplar cuando se incorporó a la Biblioteca».
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