7 de marzo 2005 - 00:00

La banalidad del mal sobre tablas

Patricia Suárez, autora nacional que ha dedicado una tetralogía de obras a la repercusión del nazismo en la Argentina.
Patricia Suárez, autora nacional que ha dedicado una tetralogía de obras a la repercusión del nazismo en la Argentina.
«Con el estreno de «Rudolf», en el Teatro Cervantes, la escritora Patricia Suárez suma a la cartelera otra obra inspirada por los años del nazismo. Su preocupación por el tema ya se vio reflejada en otras piezas suyas, entre ellas «Valhala» (protagonizada por Juan Manuel Tenuta en El taller del ángel), «El sueño de Cecilia», recientemente estrenada en El patio de actores con dirección de Clara Pando, y «El tapadito» que se conocerá entre mayo y junio, en el Teatro del Pueblo, dirigida por Hugo Urquijo.

«Rudolf»,
con puesta en escena de Dora Mileo y protagonizada por Patricia Palmer y Lautaro Delgado, narra el encuentro entre un joven espía del Mossad y la supuesta ex amante de Adolf Eichmann, capturado en Buenos Aires.

Suárez
publicará en breve un nuevo libro de cuentos, «Esta no es mi noche» que editará Alfaguara y ya está trabajando junto a la directora Helena Tritek en una nueva obra, «Las veinte y veinticinco» («es como la 'Babilonia' de Armando Discépolo», dice la autora)en la que un grupo de sirvientes del Palacio Unsué acompañan a Eva Perón en su agonía.

Periodista
: ¿En qué episodio se inspiró para escribir « Rudolf»?

Patricia Suárez: Una vez leí en una publicación barata que un joven espía del Mossad, sobreviviente de un campo de concentración, había logrado contactarse con una ex amante de Eichmann para obtener alguna foto actualizada de él que facilitara su captura. Es parte del mito que este muchacho llegó a un pequeño pueblo de Alemania donde comenzó a frecuentar a esta mujer. Hasta que un día en que se ponen a hablar de amor, ella le muestra una fotografía de Eichmann, él se la roba y así logran capturarlo. A mí la anécdota me pareció demasiado romántica. ¿Qué pudo pasar para que dos personas que eran virtuales enemigas se pusieran a hablar de amor? Entonces se me ocurrió trabajar sobre el erotismo que puede surgir entre dos personas tan enfrentadas y ver también lo que sucede cuando alguien no es quien dice ser.


P.:
Ambos ocultan cosas.

P.S.: Desde luego. El espía, obviamente, oculta su identidad. Pero la de ella también es ambigua. La mujer niega ser la amante de Eichmann y él, mientras tanto, para ganar su confianza, le brinda su atención, le consigue productos del mercado negro. Hay un juego de apariencias entre ellos que se va revelando a lo largo de la obra.


P.:
¿Cómo compone imaginariamente figuras tan siniestras como el jefe de las SS?

P.S.: En casi todas estas obras de tema nazi, a excepción de «Valhala», yo dejé al personaje más conflictivo fuera de la acción. El criminal siempre está fuera de la escena, y los personajes que aparecen en realidad son víctimas que se buscan o se enfrentan. En «El tapadito», por ejemplo, son dos mujeres. Una de ellas es la esposa de Eichmann, que aquí también lleva otro nombre para poder despegarlo del personaje histórico, y una modista judía que se hace pasar por alemana para realizar su venganza. Pero el único criminal es él y está afuera. En «El sueño de Cecilia» una de las dos hermanas cree ver en el hospital donde trabaja a un asesino nazi, pero él tampoco aparece en escena. A mí me resulta imposible pensar o ponerme en el cuerpo de alguien así para escribir. No puedo hacerlo.


P.:
De todos modos el jefe nazi de «Rudolf» está muy presente a través de la mirada de los otros.

P.S.: Es que el aura de poder de esa persona es tan grande que afecta a todos los demás. En el caso de «El tapadito» es su mujer quien sufre toda la violencia de este hombre. Al tener que vivir ocultos ella es prisionera de la paranoia de él. Mientras que el otro personaje, el de la modista que estuvo recluida en un campo de concentración, ya no vive, porque se pasa todo el tiempo planeando una venganza contra su antiguo opresor. Todos quedan atrapados y afectados por esa esfera de poder y en «Rudolf» sudece lo mismo.


P.:
¿Con «El tapadito» va a dar por terminado el ciclo nazi o siente que aún le quedan cosas para expresar?

P.S.: Aunque me quedaron varias obras en el tintero creo que ya es demasiado, al menos para Buenos Aires. No quiero quedar pegada a este tema. Así que este año me voy a dedicar a dos obras que tengo pendientes. Una sobre Giacomo Puccini -me interesa explorar su relación con un hermano, músico como él, que murió de tifus en Jujuy-y otra sobre la gran poeta norteamericana Sylvia Plath.


Entrevista de Patricia Espinosa

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