"La caída" desafía en boletería aun a colosos de Hollywood

Espectáculos

Continúa firme en las preferencias del público la controvertida película «La caída», no obstante enfrentar colosos hollywoodenses como el último episodio de «Star Wars» o la nueva versión de «La guerra de los mundos». El film alemán es el favorito de políticos e intelectuales, que a pesar de esa condición no se ríen nunca en las humoradas, debido a la tremenda tensión que provoca la película.

En un momento los oficiales nazis borrachos cuentan que a Berlín la llaman «el mayor campo de golf de Europa... porque está llena de hoyos». En otro pasaje ingresa un general a la oficina de Hitler por una consulta, y el Führer se encuentra analizando un mapa con lupa; enrostra muy serio al militar y le dice que han perdido contacto con los pozos petrolíferos, lo cual les inhibirá la posibilidad de iniciar operaciones de largo aliento. Afuera, las bombas de la artillería rusa atruenan. «¿Qué deseaba?» pregunta Hitler. «Nada, nada» responde resignado el oficial y se retira.

El día anterior a suicidarse, Hitler decide casarsecon Eva Braun dentro del refugio. Sus colaboradores traen un juez de paz. Goebbels es testigo por el novio, otros presencian la ceremonia. El jurisconsulto, muy intimidado, pregunta si ambos son de origen ario puro, y superada esta exigencia pide titubeante documentos de identidad a ambos. La novia entrega el suyo, y el hombre espera algo de Hitler. Se produce un silencio intolerable. «¿Y usted?» alcanza a pronunciar. «Es el Führer» amonesta Goebbels desde atrás. Y agrega « continúe». Aunque claro, en un clima de semejante patetismo y horror, nadie ríe en las salas.

Se trata de la mayor producción alemana en veinticinco años, desde
«El tambor» y «El barco». Estuvo nominada al Oscar extranjero, mas sus aristas controvertidas la dejaron sin premio. Dos años atrás el país obtuvo la estatuilla con «En algún lugar de Africa», de la directora Caroline Link, sobre una pareja judía de clase alta que ante el advenimiento del nazismo escapa al continente negro. Agradable, poco intensa, con pasajes muy emotivos, que no vio ni conoce nadie.

«La caída»
es lo contrario, políticamente objetable y cinematográficamente espectacular; cosecha el fervor del periodismo especializado y del público. Por primera vez el alemán más odiado de la historia es personaje central en una película de esa nacionalidad, permanece en pantalla largas escenas, vocifera, seduce, se torna colérico, es locuaz y amable con sus secretarias, cariñoso con la perra, irascible y violento contra sus generales, paranoico, megalómano, delirante y tiene niños sentados en las rodillas mientras cantan.

Hasta ahora había sido interpretado por foráneos -Alec
Guiness,Anthony Hopkins, Robert Carlyle-o se lo veía de espaldas, o solamente aullaba improperios. De paso, se equivocan quienes afirman que nunca un Hitler había hablado alemán en pantalla, ya que en la primera escena de «¿Arde Paris?» el Führer es interpretado por un germano y se subtituló al inglés. Adolf Hitler era esencialmente un político y así se lo ve aquí. Los opositores señalan la gran humanización con que se muestran personajes tan siniestros. Y en parte son críticas justificadas porque el director manipula al público, lo pone del lado del protagonista. Las escenas de sexo, de borracheras, las fiestas, los suicidios y asesinatos, todo está suavizado en el entorno del Führer.

Escribe Claudio Ramos La crudeza sólo se ve en el exterior del refugio, en las cirugías sin anestesia, en los suicidios de personajes lejanos, en los crímenes, en la batalla callejera. Y esto es deliberado, indudablemente. En Europa los historiadores expertos en el régimen nazi han señalado con indignación que
«un asesino como el general Mohnke es mostrado como un héroe, y un individuo terrible como Fegelin, general de las SS y cuñado de Eva Braun, aparece como simpático en la película».

Tampoco hay rigor en la figura de Goebbels, aunque en sentido contrario. No era el lunático de abultada frente que se muestra allí. Doctor en filosofia, tesis en marxismo, el más brillante de los secuaces de Hitler era un hombre de rostro agradable, tremendamente mujeriego, hipócrita, mentiroso, que hasta diecisiete días antes de la derrota continuaba editando y perfeccionando películas de largometraje comercial exitistas respecto al germanismo.

Magda Goebbels
se suicidó con veneno y no en forma de ritual junto a su marido. A Hitler le resultaba difícil caminar y su lado derecho seguía muy débil desde el atentado de 1944, de acuerdoa declaraciones de su enfermera personal, Erna Flegel. Los mismos historiadores señalaron en base a testigos presenciales que varios colaboradores bromeaban acerca de la muerte de Hitler, y uno de ellos le robó el reloj de pulsera.

Asimismo hay otras omisiones muy claras y alteraciones respecto a la protagonista.
Gertraud Humps perteneció a la Liga Alemana de Jóvenes, una organización política donde se impartía adoctrinamiento nacionalsocialista; ingresó como secretaria a la Cancillería a través de Albert Bormann, hermano del temible Martin; apodada Traudl, se casó poco después con un oficial del ejército de apellido Junge, quien murió dos años más tarde en combate en Francia. Nada de esto se ve en la película.

Debe comprenderse que
«La caída» no es un documental sino un argumental, con personajes reales y otros de ficción, basada en testimonios sobre acontecimientos verídicos. ¿Acaso no modificó algunos hechos históricos Steven Spielberg para «La lista de Schindler»? También su colega Hirschbiegel aquí. El chico que al final escapa con Traudl, que representa el futuro de Alemania, es propio de las necesidades narrativas de la película. Tampoco ella quedó indemne paseando en bicicleta al sol de Bavaria: fue arrestada por los rusos y deportada a Siberia, luego de un año regresó a Europa; detenida e interrogada intensamente por los estadounidenses durante semanas, pasó después seis meses en prisión, para ser finalmente desnazificada y puesta en libertad.

Pero la película no es apologética del régimen ni triunfalista. Y como reconocen hasta sus detractores, para ser polémico se requiere calidad. ¿Quién presta atención a un panfleto barato o a una bufonada? De ritmo arrollador, fotografía y ambientación impecables, efectos bélicos hiperrealistas, detalles cuidados al extremo, imágenes hipnóticas, clima de tensión logrado desde el primer instante, muy elaborados sonido y música, la extensa duración no se hace sentir en ningún momento. Presenta cuatro líneas narrativas que se alternan, e increíblemente se sostienen todas con igual interés. Aunque el rubro más descollante es el de las actuaciones, y allí resulta entonces dificil laudar.

¿Quién se llevaría el premio masculino? Sin dudas el actor suizo
Bruno Ganz, que interpreta el mejor Hitler de la historia del cine. Se dice que permaneció un tiempo en Austria, patria del Führer, para dotar de tintes locales su acento. Una composición extraordinaria, de absoluta valentía y entrega, sin la cual no hubiera sido posible la película. Al menos semejante película.

Todos los restantes personajes varones están muy logrados, pero quedan en segundo plano. ¿Y el premio femenino? Algunos optan por
Magda Goebbels, que luego de eliminar a su prole mezcla cartas como una verdadera tahúr; Eva Braun también competiría, con su fanatismo ingenuo; la secretaria Traudl, logradísima; y también tallaría en la disputa la compañera de Traudl, muy conmovedora en su cansancio final. Y como aparición breve y fulgurante, la aviadora Reitsch con su devoción obnubilada hacia Hitler. Cabe por último recomendar a quienes aún no hayan visto la película que no la esperen en formato hogareño sino que concurran a salas, ya que de lo contrario se perderán en buena medida un espectáculo audiovisual fascinante.

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