La crisis del mercado no afecta a muestras

Espectáculos

Con las salas colmadas se inauguraron en estos últimos días las exposiciones de Nicolás García Uriburu en la galería Daniel Maman, Marcia Schvartz en el Centro Cultural Recoleta, Juan Carlos Castagnino en el MUNTREF, flamante Museo de la Universidad Tres de Febrero, los Grabados de Rembrandt en el Museo de Bellas Artes y un homenaje a Gaudí con fotografías de Raquel Bigio y dibujos del arquitecto catalán pertenecientes a la colección «Aguas de Barcelona» en el Centro Cultural Borges. El mercado continúa en baja, con algunas excepciones, sólo se vende arte pesificado y a buen precio, pero la actividad cultural si bien está afectada por los ajustes de rigor, continúa en alza.

Schvartz
pertenece a la generación de artistas que aprendió a asumir las cosas con actitud filosófica, los que se fueron del país durante la década del setenta y regresaron en la del ochenta, cuando surgió una movida que no trascendió en el mercado, arrasado al final de la década por el vendaval hiperinflacionario.

Los escenarios fueron el bar Einstein y la galería Arte Múltiple de Gabriel Levinas, donde ahora se encuentra Tema, allí exhibieron sus obras Víctor Grippo, Juan Carlos Distéfano, Norberto Gómez, Alberto Heredia, Felipe Pino, Eduardo Stupía, Jorge Pirozzi y Schvartz entre otros.

Después del oscurantismo setentista, Fernando Bedoya organizó en el Einstein, cuna de grupos de rock como Sumo o Soda Stereo, los «Museos bailables»; Rafael Bueno y Guillermo Conte sesiones de pintura «en vivo», mientras en el CAYC protagonizaban la versión porteña de la Transvanguardia italiana, y Liliana Maresca junto a Elba Byron gestaban proyectos alucinados, como «La Kermesse».

•Talentos relegados

«Había artistas talentosos» -agrega Schvartz-. «Duilio Pierri, Luis Frangella, el escultor Juan Calcarami o Fermín Eguía, pero quedaron relegados cuando se organizó la movida de los años noventa y nunca llegaron a ocupar el lugar que les corresponde».

Se refiere, claro, al espacio de privilegio que alcanzó el grupo que tuvo acceso a las becas Kuitca o Antorchas y adquirió visibilidad en el Centro Cultural Rojas, pero inmediatamente saltó al circuito de la calle Florida con el apoyo del ICI y la galería Ruth Benzacar, cuna de jóvenes y sofisticados coleccionistas dispuestos a invertir tiempo y dinero en un arte emergente.

Beneficios a los que se sumaron las ediciones de libros dedicados a analizar sus obras y el ingreso a los circuitos internacionales.

Schvartz
, entre tantos que no disfrutaron de estos estímulos, es consciente de que forma parte de una historia que se prefiere olvidar y, resignada ante la adversidad, presenta una pequeña muestra de las obras realizadas en los últimos dos años.

Con resonancias autobiográficas, la exposición se abre con un autorretrato. Luego, las pinturas y cerámicas confirman su estilo: intenso, provocador y enraizado en la marginalidad urbana y la exuberancia del paisaje del interior. El delirio de la forma coincide con el uso de materiales no convencionales como la tierra o la brea o asfalto, que emplea con mayor o menor densidad sobre enormes telas a modo de gigantescas tintas donde el paisaje rosa el límite de la abstracción.

El elocuente erotismo de las flores y frutos de cerámica muestra el grado de expresividad desprejuiciada de la artista, que refuerza ese clima con las escenas que insinúa en sus ventanas de lugares turbios que -confiesa-suele frecuentar. El resultado es la exaltación de una estética de pura raigambre argentina.

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