(25/09/2001) "Iets op Bach" (algo así como «Cosas de Bach»), de Alain Platel, presentado con la compañía Les Ballets C. de la B., es una propuesta polémica y en algunos aspectos lamentable. Esto último por haber desperdiciado potencialidades de bailarines, actores y músicos y, sobre todo, un puñado de bellísimas partituras de Bach para concretar una suerte de «performance» sin coherencia estética ni ideas claras de la que se sale con la molesta sensación de haber perdido el tiempo.
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Se ve una especie de picnic primaveral, en el que un grupo heterogéneo de personajes se dedica a un psicodrama mezclado con show circense y muy poca danza. En este aspecto, la obra es más atractiva, ya que algunos solos y conjuntos mostraron a un Platel pródigo en ideas de movimiento. Este artista, creador de la compañía en Bélgica a mediados de los '80, se niega a ser caratulado como coreógrafo, auto-definiéndose como un compositor que une ritmos y melodías que la gente le brinda. El resultado es un caos escénico -presumiblemente buscado-donde se acentúan la violencia y la confusión, encadenando imágenes de inquietante fealdad, mientras a modo de duro contraste se oyen algunas de las composiciones más hermosas del Barroco, apreciablemente interpretadas por un grupo de músicos en vivo.
Argentinos. En la programación nacional del III Festival de Buenos Aires se vieron obras de dos interesantes coreógrafos. La primera, «Por favor, sangra», de Gustavo Lesgart (interpretada por él mismo junto a otros dos bailarines) es un match deportivo donde se imponen la masculinidad y la potencia. Dividido en tres partes, las extremas exponen violentamente actitudes de poder y competencia mientras que la central permite descubrir en plenitud el regodeo sexual de dos de los participantes del juego, ralentizado y casi lírico. El final es realmente schockeante. Bello y esencial en la utilización del espacio, la luz y el sonido, «Por favor, sangra» es uno de los espectáculos de danza más atractivos de este festival.
Extraño y angustiante resulta del devenir de «Un monstruo», de Gerardo Litvak. Es un solo de veinte minutos en el que Pablo Rotenberg desarrolla una danza convulsiva que genera conmiseración, connotando tanto al expresionismo alemán como a «La metamorfosis» kafkiana.
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