31 de marzo 2004 - 00:00

La novela que se salvó de milagro de la KGB

Vassili Grossman fue un ruso devoto del comunismo hasta que, como periodista de "Estrella Roja", pudo comparar en directo los campos de concentración nazis con los de los soviéticos. Su ideología se desmoronó. Encontró semejanzas entre las dos dictaduras, y desde esa perspectiva escribió la novela "Vida y destino", que se convirtió en un clásico de la denuncia de los totalitarismos. Editada hace 20 años en español, por Seix Barral, "Vida y destino" está absolutamente agotada y resulta inhallable. Esta nota recorre los avatares de esa novela que milagrosamente se salvo de ser destruida por la KGB.

Vassili Grossman
Vassili Grossman
Si León Tolstoi, Fedor Dostoievski o Anton Chejov hubiesen nacido en el siglo equivocado, su historia quizás se hubiese parecido a la de Vassili Grossman (1905-1964). Se cumplen 40 años de su muerte, pero su voz y la luz que llevó a las tinieblas del siglo en el que nació por error nos hablan con más claridad que nunca.

En febrero de 1961 dos agentes de la KGB entraban en un fantasmal edificio en Moscú con la intención de confiscar el manuscrito inédito de la mejor novela rusa del siglo XX
. Se detuvieron frente a un apartamento miserable y oscuro y golpearon la puerta. Un hombre en sus últimos soplos de salud, les abrió. Un vistazo a los dos sicarios le bastó para saber a qué venían.

Si Tolstoi, Dostoievski o Chejov hubiesen nacido en el siglo equivocado, su historia quizás se hubiera parecido a la de Grossman. Nacido en Ucrania en 1905, Grossman se educó como ingeniero de minas, si bien escribia desde siempre no fue hasta 1933 cuando Máxim Gorky le descubrió y le ayudó a publicar su primera novela, que se sintió un escritor. Sus obras primerizas son un caso clínico de ficción encorsetada por el canon del aparato idológico de la Rusia de Stalin.

Irónicamente, el armageddon que se estaba forjando en Europa iba a ser el detonante que liberase su talento. En 1941 Hitler desataba la mayor ofensiva bélica jamás conocida: Operación Barbarosa.

Por entonces Vassili Grossman había empezado a trabajar como reportero en el periódico oficial del ejército soviético, «Estrella Roja». Fue así como Grossman llegó al escenario de la más cruenta batalla en la historia de la humanidad: Stalingrado, principio del fin del Tercer Reich. Durante los meses de infierno a orillas del Volga, las crónicas de Grossman se convertirían en la más poderosa narración de cuanto estaba sucediendo. 50 años más tarde, cualquier historiador que pretenda evocar el horror de aquellos días renuncia a sus propias palabras y cede la pluma a Grossman, cuyos reportajes nos transmiten hoy como ayer las imágenes y los momentos íntimos de la tragedia humana con una fuerza dramática a la que todos los datos y documentos oficiosos del mundo apenas pueden aproximarse.

Las crónicas de Grossman siguieron la retirada del ejército nazi hasta la apocalíptica caída de Berlín y, de camino, nos dejaron los primeros documentos del horror de los campos de concentración publicados en cualquier idioma. La madre de todas las guerras habría de dejar una profunda marca en Grossman. Al inicio de la segunda parte de la guerra, la fría, el aparato de represión stalinista reavivó sus purgas. La celebridad del autor de Stalingrado peligraba. Sus nuevas obras no agradaban a la crítica oficial. Se le acusaba de ser un nacionalista judío subversivo y de conspirar contra la grandeza de la madre patria. Pese a una pública carta de arrepentimiento ante al altar totalitario para salvarse de la quema, lo que libró a Grossman de un pasaje de ida al Gulag siberiano fue la muerte de Stalin en 1955.

Empezó entonces a trabajar en una obra monumental, un «Guerra y Paz» nacido de las cenizas de Stalingrado que tituló «Vida y Destino». En 1960 Grossman puso punto final a su obra maestra y la envió a una revistas literaria oficial para su evaluación. Confiaba de este modo obtener la imprescindible bendicióndel árgano políticocensorpara publicar su novelapor entregas. Lo que obtuvo fue la visita de la KGB. Los agentes de la policía secreta confiscaron todas las copias existentes del manuscrito y registraron el departamento de Grossman hasta requisar desde los carbónicos a las cintas de la máquina de escribir que había empleado en la composición de la novela.

A los pocos días, y reuniendolos pocos ánimos que le quedaban, Grossman escribió una carta al politburó solicitando la devolución de su manuscrito. Suslov, principal ideólogo del Kremlin en aquellos días, le contestó personalmente, alegando que «no veo posibilidad alguna de que su novela pueda ser publicada antes de dos siglos». Entre líneas Suslov no dudaba que la novela podía sobrevivir ese tiempo, beneficio que no extendía al régimensoviético. Lamentablemente, Grossman no disponía de dos siglos para esperar. Olvidado y convencido de que su obra nunca vería la luz, Grossman murió en la miseria el 14 de Septiembre de 1964, devorado por un cáncer. El destino, sin embargo, tenía por una vez un as en la manga. Poco antes de que la KGB confiscase el manuscrito de «Vida y Destino», Grossman había entregado una copia a su amigo, el novelista disidente Vladimir Voinovich. En secreto, Voinovich hizo una copia en microfilm que años después consiguió enviar fuera del telón de acero. En 1984, en la Feria del Libro de Frankfurt, Voinovich pudo develar la historia de los tortuosos veinte años que «Vida y Destino» tardó en ser publicada. Se cumplen 40 años de la muerte de Vassili Grossman, pero su voz y la luz que llevó a las tinieblas del siglo en el que nació por error nos hablan con más claridad que nunca.

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