Lograda versión musical de "El Principito"

Espectáculos

«El Principito, una aventura musical» basada en el libro de A. De Saint-Exupéry. Adap.: C. Castelli. Mús. y letra: R. Ratti. Dir.: E. Gondell. Int.: S. Fran-cini, J.C. Baglietto, P. Sosa, R. Catarineu, C. March, O. Pini, R. Valss, y elenco. Dir. musical: E. Frigerio. Coreog.: H. Gómez Carranza. (Teatro Opera.)

E l escritor y piloto francés Antoine de Saint-Exupéry volcó en «El Principito» (1943) buena parte de sus sueños infantiles y sus frustraciones de adulto. Allí narró su imaginario encuentro con un niño de otro planeta, luego de que su avión quedara varado en pleno desierto del Sahara.

Pese a su enorme difusión y sostenido éxito de ventas «El Principito» sigue siendo un texto enigmático, a medio camino entre el libro de cuentos para niños (ilustrado por su propio autor) y la alegoría poética. Tal vez, ése sea el secreto de su éxito, la capacidad de subyugar a grandes y chicos a través de sus diferentes niveles de lectura. Aun así, la idea de transformar este material en un espectáculo con música y canciones suponía un enorme riesgo debido a su compleja estructura narrativa y al inasible lirismo de su protagonista.

La versión que acaba de estrenarse en el Opera con dirección de
Eduardo Gondell superó este desafío, ofreciendo un producto de fuerte impacto visual, con dos buenos cantantes que apuntalan el show y un sólido elenco de bailarines con gran experiencia en comedia musical.

•Puesta

La puesta combina cine y teatro y los actores entran y salen de escena atravesando una de las dos pantallas, instaladas para proyectar espacios aéreos e imágenes de desierto. También se buscó que los contenidos de esta historia fueran algo más explícitos que en el original y transmitieran un mensaje mucho más claro y contundente, salvo en lo que atañe a la muerte o partida del pequeño protagonista.

La elección de
Sebastián Francini en el rol de Principito puede generar distintas reacciones. Para la mayor parte del público infantil se trata de una reconocida figura televisiva, pero para los fans del libro, el actor de «Rincón de luz» (de 13 años) no transmite la ingenuidad de aquel niñito angelical que pedía insistentemente: «dibújame un cordero». Aún así, Francini logra una fuerte presencia escénica y un parejo desempeño en canto, baile y actuación. Es cierto que su Principito tiene rasgos de adolescente, pero este nuevo perfil permite que su ajetreada relación con la rosa (una sensual Florencia Otero) se transforme en una romántica relación de pareja.

Las participaciones de
Juan Carlos Baglietto (el aviador) y Patricia Sosa (la serpiente) suman atractivo al show, pero casi no se despegan de su rol de cantantes. A pesar de ser figuras claves en esta historia, sus apariciones resultan algo fugaces, lo mismo que la del zorro (rol a cargo del siempre eficaz Roberto Catarineu).

El tramo más logrado del espectáculo es cuando el Principito recorre distintos planetoides, cuyos dueños son un verdadero muestrario de vicios y defectos. Entre ellos, se destacan el episodio del borracho (protagonizado por
Carlos March ) y el del vanidoso (un simpatiquísimo imitador de Elvis Presley a cargo de Alejandro Paker).

«El Principito»
es un espectáculo dinámico y entretenido, que sin pretender alcanzar el delirio poético del original, no traiciona sus contenidos ni la rica iconografía imaginada por su autor.

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