18 de abril 2005 - 00:00

"Los artistas deben conocer su poder"

Alma Ruiz:«Hay unasaturación encuanto a losartistas y alascolecciones.Se vesiempre lomismo, y loscuradoresbuscan nosólo loexótico ya,sino lo nuevo,por eso semira aAméricalatina».
Alma Ruiz: «Hay una saturación en cuanto a los artistas y a las colecciones. Se ve siempre lo mismo, y los curadores buscan no sólo lo exótico ya, sino lo nuevo, por eso se mira a América latina».
La semana pasada, la curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles, Alma Ruiz, estuvo en Buenos Aires junto con una decena de representantes de diferentes museos de EE.UU. Para conocer el escenario artístico porteño, y de la mano de la empresa Art Quest Internacional que organiza giras por el mundo, llegaron curadores y representantes de los museos de Arte y Diseño y Arte Moderno de Nueva York, y de Harvard, Houston, Filadephia, Oakland y Laguna Beach, de la Escuela de Diseño Rhode Island y la Tate Modern de Londres.

«Una delegación ecléctica pero muy representativa»,
definió la curadora. Luego de visitar colecciones privadas, museos, galerías y algunos espacios alternativos, durante una comida en la casa de la galerista Orly Benzacar, habló con este diario sobre la inserción del arte argentino en el circuito internacional, y del rotundo cambio de criterio que inspira una nueva generación de curadores más dispuesta a avalar nuestro arte y, sobre todo, a respetar sus peculiaridades e investigar el contexto que lo rodea. En este sentido, y para asegurar que los artistas produzcan libremente, Ruiz enfatizó su discurso: «La libertad debe empezar por ellos mismos. Los artistas deben sentirse libres para crear y utilizar el poder que tienen.

Generalmente no están conscientes de su poder y no lo ejercen. Pero si al menos empezaran a vislumbrarlo».


Periodista
: ¿Qué es lo que se percibe de esta nueva energía artística que circula por Buenos Aires?

Alma Ruiz: Hace cinco años estuve en Buenos Aires y tenía deseos de volver. En este tiempo muchos artistas argentinos fueron a Los Ángeles, me contaron que circula mucha energía en el ambiente y que hay muchos jóvenes produciendo. Tenía curiosidad.


P.:
¿Hubo alguna opinión generalizada del grupo sobre el escenario porteño?

A.R.: Sólo una de estas personas había estado antes y se encontraron con una verdadera sorpresa. Empezando por la ciudad, siguiendo por las colecciones y por la calidad de las mismas. Todos están muy entusiasmados con la idea de regresar. Los curadores para hacer investigaciones, y los coleccionistas afiliados a museos, porque quieren conocer más a los artistas, comparar obras de arte, incluir a Buenos Aires dentro del circuito internacional, y eventualmente a otras ciudades que hoy están activas.


P.:
En la Argentina se ha dado un fenómeno especial. En los años noventa, un arte llamado «light» se diferenció de tendencia internacional dominante, el neoconceptualismo. Incluso un artista como Jorge Macchi, que va a representarnos en la próxima Bienal de Venecia y pertenece a esta tendencia, realiza lo que se ha dado en llamar un « neoconceptualismo sensible», diferente.

A.R.: Conozco su obra y no me parece más liviana que la de otros artistas, ni menos seria. Por el contrario, me parece muy dramática. La sensibilidad argentina es diferente de la brasileña, cada país tiene una sensibilidad diferente y un arte diferente. El arte brasileño, por ejemplo, tiene una larga tradición de contacto internacional, por la Bienal de San Pablo y tantas visitas de curadores. Esto le da una presencia muy fuerte de la cual carece la Argentina, pero en este momento hay mucho movimiento y muchas ganas de incluir este país en el circuito, porque hay artistas muy buenos y la comunicación es más fácil.


P.:
Sobre la iniciativa de incluir Argentina en el circuito internacional, ¿habló con alguien del sector estatal o es algo exclusivamente privado?

A.R.: No tenemos ningún contacto con el gobierno argentino. Sólo estuve con Marcelo Pacheco, curador del Malba, con quien discutimos la posibilidad de realizar intercambios. Hoy las « coproducciones» abaratan las exposiciones, ya lo hicimos con museos canadienses o el de Brooklyn, con la muestra de Basquiat. Ahora estamos abiertos a colaborar con los museos de Latinoamérica.


• Exigencia

P.: Lo que suelen pedir desde el Norte a los artistas latinoamericanos es exotismo y tipicidad, cosa que no abunda en Argentina por nuestra herencia europea.

A.R.: Pasa que hay una saturación en cuanto a los artistas y a las colecciones. Se ve siempre lo mismo, y los curadores buscan no sólo lo exótico ya, sino lo nuevo, por eso se mira a América latina como lugar para buscar artistas nuevos.


P.:
¿Y qué opina de la demandarecurrente de arte político?

A.R.: Creo que es un estereotipo. Como en la Argentina-el arte de los sesenta y setenta tuvo un fuerte contenido político, muchos se han hecho a la idea de que el arte de hoy tiene que ser político. Pero el artista debe elegir lo que quiere. Ahora hay una nueva generación de curadores que tiene un criterio más amplio, está más acostumbrada a lo internacional. En las instituciones del mainstream, está cambiando la visión de Latinoamérica. Nos rehusamos a continuar pensando que Latinoamérica debe verse dentro del exotismo, del realismo mágico, o del arte político, y para ello estamos haciendo un gran esfuerzo.


P.:
Ahora, y para renegar de ese criterio, ¿no se cae en otro estereotipo, el de la pura abstracción,como el de la Colección-Cisneros, donde no existe la figuración?

A.R.: La colección Cisneros tiene un perfil muy definido que es el del arte abstracto, que está bien. Pero hay que tener conciencia que no todo el arte latinoamericano es abstracto, que el arte figurativo también está presente y que tiene la misma importancia. Nosotros organizamos algunas presentaciones acompañadas por conferencias y discusiones, donde el arte del Sur y el argentino se estudian con mucha profundidad.

P.: ¿Hasta qué punto influyen hoy los curadores más que los galeristas en el mercado del arte?

A.R.: Es difícil responder. Los museos no cuentan con el poder necesario, que está en manos de los coleccionistas y las galerías de arte. Nosotros no tenemos muchos recursos, ni podemos pagar los precios que ellos pagan. Pero en 1993 nuestro Museo tomó la decisión de incluir presentaciones permanentes de artistas latinoamericanos, y esto sirvió para que las galerías locales se interesaran por Latinoamérica. Ahora hay muchas galerías en Los Ángeles que hacen exposiciones de latinoamericanos. Fue como un voto de confianza, una manera de legitimar.


P.:
¿Ustedes compran arte argentino?

A.R.: Si. Hace unos años, dos coleccionistas compraron obras de Oscar Boni y una escultura de Nicola Costantino que ahora donaron al museo. Una obra de Boni es muy importante, fue vendida con la condición de que se donaran al Museo, y por suerte se cumplió.


P.:
¿Qué impresión se lleva de las galerías porteñas?

A.R.: Admiro la cantidad y pluralidad, la energía que producen. No importa cuanto duren o si prosperan, sino el papel que juegan cuando están activas. Las galerías consideradas «trampolín», cumplen un papel muy importante. Como la de Aninna Nosei, que en los años 80 descubrió a Kuitca y a Basquiat, aunque después no pudiera o no supiera mantenerlos.

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