17 de noviembre 2003 - 00:00

Los museos no ayudaron a recobrar obra robada

Nacido en Puerto Rico y g raduado en la universidad de Columbia, el periodista Héctor Feliciano trabajó como corresponsal del área cultural en Paris para el «Washington Post». Ganó fama internacional con su libro «El museo desaparecido», donde cuenta la historia de las obras robadas por los nazis y denuncia a quienes las comercializaron, como los hermanos Wildestein, que lo demandaron. Feliciano acaba de ganar el juicio, pero no duda en cuestionar la actitud poco rigurosa de algunos grandes museos como el Pompidou, el Reina Sofía o el MOMA, cuando llega la hora de revisar el origen de sus colecciones. Feliciano llegó a Buenos Aires para dictar el taller de Periodismo Cultural en la Fundación Proa, que lo patrocina junto con el BID y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano creada por García Márquez, y conversó con este diario sobre las alternativas de sus nuevas investigaciones sobre los saqueos en Irak.

Periodista:
El año que viene se lanza su libro en español, ¿puede anticipar el contenido?

Héctor Feliciano: Habla del saqueo nazi durante la guerra, y me concentro mucho en Francia que fue el país mas saqueado de toda Europa occidental, con más de 100.000 piezas y 203 colecciones privadas que desaparecieron.


P.:
¿El saqueo especialmente rapaz con el arte de Francia fue por la riqueza de las colecciones o acaso influyeron cuestiones políticas?

H.F.: Los nazis iban tomando las obras que les interesaban de cada país, tanto de Holanda, Bélgica, Dinamarca, como de la misma Alemania. Pero lo hacían con una verdadera conciencia artística, vale recordar que a Hitler le interesaba mucho el arte, era un verdadero entendido y estaba muy bien asesorado. Dos veces intentó ingresar en la escuela de arte de Viena y se considerabaun artista. Uno de sus proyectos era llegar a abrir un museo en la ciudad de Linz, en Austria, que iba a ser el más grande de Europa.


P.:
¿Qué sucedió finalmente con las obras que procedían de saqueos nazis y que comercializaron los Wildestein?

H.F.: Luego de cuatro años de duración, el juicio contra los Wildestein terminó recién hace dos o tres semanas en Francia, después de haber pasado por tres cortes, gané y cerré el caso. Esto quiere decir que lo que los Wildestein pidieron, la corte no lo aceptó.

P.: También investigó los saqueos de obras de arte durante la reciente invasión a Irak.

H.F.: Estuve trabajando en este tema, además de lo que pasó en Afganistán. Pero esencialmente, lo que ocurrió en Irak, el saqueo y destrucción de obras, fue porque el ejército de ocupación no se ocupó de proteger las obras y los sitios históricos. No se trataba de un ejército de conscripción que hasta tenía entendidos en arte como sucedió en la Segunda Guerra Mundial.


P.:
¿Cuál es la importancia de las obras desaparecidas durante la guerra de Irak?

H.F.: Hay como 10 mil obras desaparecidas, principalmente arqueológicas, de excavaciones que jamás podrán reconstituirseporque una vez que se han movido de su sitio no pueden nunca recobrar su valor. P.:
¿En manos de quién se supone que están hoy esas obras?

H.F.: Principalmente en manos de los propios iraquíes. Hoy se están recuperando muchas de esas obras, pues han empezado a aparecer en mercados en Jordania y algunas en Francia y en Inglaterra, a nivel de marchands o galeristas.


P.:
Se dice que algunas de estas obras han aparecido en las subastas internacionales.

H.F.: No. No sé nada sobre eso.


P.:
¿Qué papel desempeñaron los museos cuando luego de la guerra el arte saqueado por los nazis se ofrecía en el mercado?

H.F.: El comportamiento de los museos no fue para nada halagador. Muchos de ellos tenían obras de esa procedencia guardadas o simplemente colgadas en sus paredes como parte de sus colecciones desde hace cuarenta o cincuenta años y nunca se preocuparon por buscar sus dueños o ver la verdadera procedencia. Otros, simplemente nunca se imaginaron el origen, no sabían que habían sido robadas.


P.:
¿Estamos hablando de museos conocidos?

H.F.: Sí. Como el Reina Sofía, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Metropolitan, el Pompidou, y muchos otros en toda Europa y también en Japón.


P.:
La política actual del gobierno Alemán, decididamente antinazi y su actitud de cooperación a la hora de recomponer los errores de la guerra, ¿en qué medida han posibilitado su investigación?

H.F.: Cuando yo empecé con esto no existía una política tan definida como la que hoy existe, pero es cierto que sí fue de mucha ayuda después. El gobierno alemán fue uno de los que mejor comportamiento ha tenido, sin duda. Cuando sobrevino la ola de raclamos, Alemania actuó de forma muy honrosa, tratando de devolver lo posible y otorgando la información que estaba a su alcance. Así fue como muchas familias particulares han podido volver a colgar sus cuadros y a recuperar sus obras.

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