14 de octubre 2003 - 00:00

Los Trisinger: volvió el humor inteligente

Los Trisinger: volvió el humor inteligente
«Pelos de gallina». Libro, música original, dirección y puesta en escena: Los Trisinger. Int: Ch. Reynoso, A. Calvar, R. Kohanoff, Ch. Diez Gómez. (Molière Teatro-Concert.)


El regreso de Los Trisinger al café concert, un género en el que reinaron desde comienzos de los '70 hasta la disolución del grupo en 1982, le ha traído una bocanada de aire fresco al rubro humorístico. Con su estilo directo pero elegante, y su talento para hacer buena música sin dejar de orientarla hacia la comicidad, el grupo se las ingenia para decir lo suyo con sarcasmo e irreverencia, sin agredir al público con vulgaridades, y sin recurrir a ese tipo de fórmulas que asocian lo popular a la tontera.

Los Trisinger
siempre montaron sus espectáculos sobre la base de la diversidad, tanto en lo que se refiere a la temática de sus sketches como a la música de sus canciones. De esta manera, su humor pasa con sorprendente ductilidad de la inocencia infantil a la picardía erótica, de la pintura de costumbres a la caricatura política, sin que el show pierda integridad.

Este saludable gusto por lo heterogéneo también se ve reflejado en el perfil de los personajes: Yon (Chiqui Reynoso) es el hermano mayor que oficia de maestro de ceremonias y que además ejerce un despóticoliderazgo sobre el resto del grupo. El gordito Pol (Antonio Calvar) es su cómplice y colaborador, y como tal puede llegar a tratar a sus otros hermanos con inesperada violencia.

Piter (Rody Kohanoff), en cambio, tiene algo de niño y de poeta, pero su ingenuidad y su despiste lo transforma por momentos en una especie de minusválido. Quizás por eso le resulte tan fácil aliarse con Charli (Charly Diez Gómez), un simpático baterista sordomudo mucho más pícaro y autosuficiente de lo que aparenta a primera vista.

En «Pelos de gallina» el grupo retoma la historia de su familia, oriunda de Europa Central y con una larga tradición en el circo, para hilvanar distintas anécdotas que les sirven de introducción a cada tema. El espectáculo incluye un bolero, una chacarera santiagueña, una payada y otras tantas melodías cuyas letras arrancan carcajadas al público. Entre los skechtes más eficaces figura el de los « kuliambíes», una supuesta tribu africana que Yon parece conocer muy bien. Su gracioso recitado en lengua «yamambo» da pie a pícaros sobreentendidos. También resulta muy cómico el solo de Kohanoff con su belicosa carta a Santa Claus, en la que un niño que se ofende porque no recibió los regalos que esperaba. La canción es tan fresca e ingeniosa que haría las delicias de cualquier chico de hoy. Los Trisinger tienen esa habilidad, hacer que el público se sienta cómodo y pueda festejar su ocurrencias disfrutando de un clima intimista y agradables melodías.

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