8 de agosto 2007 - 00:00

"Me centré en un romance para librarme de hacer un panfleto"

El ganador del PremioAlfaguara por la última desus ocho novelas, «Mira siyo te querré», dice que«noventa por ciento de losescritores españoles no seconocen en España másque en un círculoreducido».
El ganador del Premio Alfaguara por la última de sus ocho novelas, «Mira si yo te querré», dice que «noventa por ciento de los escritores españoles no se conocen en España más que en un círculo reducido».
"Es la primera vez que vengo a la Argentina, pero no va a ser la ultima", afirma en diálogo con este diario el escritor y filólogo español Luis Leante, que se confiesa fascinado por un Buenos Aires con el que le hizo soñar Cortázar y que puede ver apenas, apurado por la gira por 20 países que le impone haber conquistado el Premio de novela Alfaguara, dotado de 133 mil euros. El jurado fue presidido por Mario Vargas Llosa, quien elogió su obra «Mira si yo te querré» por «la fuerza expresiva con que se describen los paisajes y la vida de la última colonia española en Africa, convertidos en escenario de una historia de amor que marca la vida de los protagonistas».

Periodista: Si bien tiene una obra extensa y no ha parado de ganar premios desde su primer libro, usted era un autor perfectamente desconocido entre nosotros..

Luis Leante: Bueno, en España hay muchos escritores en la misma condición, casi tan desconocidos como yo, y hay, además, muchos premios. Por otra parte, hay editoriales que no salen de ciertos circuitos, de las comarcas, de las comunidades, de las provincias. Aunque parezca exagerado, el 90 por ciento de los escritores españoles no se conocen en España más que en un circulo reducido, salvo cuando ganan algún lauro y tienen un minuto de gloria. Hay una población literaria muy desconocida, como ocurre en otros sitios.

P.: ¿Hay hoy en España más narradores que en el pasado?

L.L.: Hay más escritores, y hay más editoriales.

P.: ¿Su obra tiene algún tema dominante?

L.L.: No. Este el décimo libro, la octava novela, y no se parecen en nada. La anterior fue una novela histórica, la anterior se trasladaba a la mitología clásica, la anterior era de realismo mágico y ésta es la primera sobre una historia de amor. Acaso lo única constante es mi preferencia por los personajes anónimos, los antihéroes. No son perdedores ni emprendedores, son seres que para mí tienen una fuerza muy grande, aunque son tan periféricos como mi literatura.

P.: Por tanto, no le interesa trabajar en un género.

L.L.: El género surge de las necesidades del relato, y no me gusta repetirme. Yo soy de Caravaja de la Cruz, Murcia, y en «El vuelo de las termitas» mezclé un hecho mágico que ocurrió en el siglo XIII con una reliquia, con la famosa Cruz de Caravaja, que apareció según la leyenda traída por los ángeles de Jerusalén. En ese caso quise hacer un relato histórico para explicar lo inexplicable, busqué racionalizar un mito. Si bien esa voluminosa novela gustó, no recaí en el relato histórico.

P.: Pasó a algo bien distinto en «Mirá si yo te querré».

L.L.:
A una historia actual, a un romance, pero lo primero que quise fue transmitir la sensaciones que tuve cuando viajé al Sahara y me enfrenté a ese paisaje bello y terrible, y al drama de los saharauies. Descubrí la tragedia de 300 mil personas que desde hace 32 años están abandonadas en el desierto, olvidadas de la comunidad internacional. Un pueblo oprimido que vive en las peores condiciones, que fue una provincia de España y a causa de una descolonización terrible, mal hecha por Franco, en una de sus tantas injusticias, hace que Marruecos invada el territorio a sangre y fuego. Los que logran huir son esas 300 mil personas que viven ahora en tiendas olvidadas, en un pedazo de desierto que les ha cedido Argelia, donde son casi imposibles las condiciones de vida. Y de todo eso nadie habla.

P.: ¿Señalar ese drama político fue para usted fundamental?

L.L.: La novela tiene un poder muy fuerte, y se puede usar como arma política, bandera, panfleto; a mí eso no me interesa. Yo no quise escribir una novela reivindicativa, ni de izquierda ni de derecha, ni de denuncia. Traté de contar hechos, tratando de ser lo más objetivo posible, para que el lector, sin darle opinión alguna, llegue a sus propias conclusiones.

P.: Eligió los amores de una burguesita catalana y un obrero mecánico para poder hablar del drama de los sahauries.

L.L.: La historia de Montse y Santiago es un hilo conductor, sin ella esta novela se habría convertido en excesivamente política. Podría decir que la puse para librarme de escribir un panfleto, como que elegí el desierto porque es un símbolo de esas vidas; en realidad es una historia que llevaba bastante tiempo en mi cabeza. Muchos son los temas que me surgen pero si no es muy insistente, si no se instala obsesivamente, no me pongo a escribir porque podría perder el interés, dado que una novela me lleva de uno a seis años. Yo tenía varias historias dándome vueltas, buscando su escenario.

P.: ¿Y esta era...?

L.L.:
La de dos personas, de pertenencia social muy distinta, que se conocen en la adolescencia y tienen un amor apasionado destinado a fracasar porque no encajan las clases sociales,y están condenados a la incomprensión, eso les lleva a separarse. Muchos años después, ella trata de averiguar que fue de él. Necesitaba muchas cosas para concretar ese relato, y cuando llegué al Sahara me di cuenta de que ése era el escenario: un lugar alejado, relacionado con España, con su punto exótico. Era verosímil que ella viajara hasta allí. Y además, ese lugar tenía un drama terrible que estaba pidiendo que se contara. Se me volvió irresistible ponerme a contar todo lo que sucedía.

P.: ¿No es muy de telenovelala historia de amor entre una rica y un pobre?

L.L.: Por una parte, el romance no termina de cuajar, por otra conozco muchos casos parecidos, reales, más allá de que las historia remita a mitos clásicos. Y es que la vida demasiadas veces imita al melodrama.

P.: Al señalar que encontró en el Sahara el escenario, ¿es porque piensa sus historia cinematográficamente?

L.L.: Tengo en claro que en literatura se trata de pasar las imágenes a lenguaje pero, como la mayoría de los narradores de hoy, me he criado con el cine y eso ha influido en nosotros (creo que la televisión con sus cientos de canales, influirá aún más en los escritores del futuro), de hecho son imágenes lo primero que llega a mí cuando voy a contar una historia. Acaso por eso se dice que mis novelas son «muy visuales», aunque eso no sea algo consciente, buscado por mí. Creo que se debe a que actuaron en mí, en el caso de «Mira si yo te querré», las imágenes del desierto, del ambiente, de la opresión, de la falta, de la pobreza, y yo traté de pasar todo eso a palabras; del mismo modo que, cuando he escrito guiones para cortos cinematográficos, lo que busqué fue convertir las palabras en imágenes.

Entrevista de Máximo Soto

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