26 de septiembre 2003 - 00:00

Merecido homenaje a Teresa Volco

"Teresa Volco fue y es todavía, en nuestra memoria, una rebelde. Arte provocador, el suyo", escribe Rosa María Ravera en la presentación de la Muestra Homenaje que se exhibe en el Centro de Museos de Buenos Aires (Av. De los Italianos 851, Costanera Sur). En cada exposición esta artista se jugaba por entero en testimonios difíciles de olvidar, ya sea por la palabra, empleaba textos de Mallea, Ungaretti, Pizarnik o los propios que acompañaban una imagen contestataria. Profundas reflexiones acerca de la mujer, de la vida y de la muerte, comprometida políticamente contra el poder omnímodo la injusticia y otros dolores,-su obra es reivindicatoria, jamás panfletaria, siempre sutil.

Recordamos «Arte a la deriva» realizada a orillas del Río de la Plata, una instalación de barcas blancas vacías y su velamen transparente en ArteBa o su participación en la muestra colectiva «Autorretratos» en el Centro Borges: tres camillas apoyadas contra una pared, la tela iluminada y transparente donde se leía «Nadie sabe de qué es capaz un cuerpo», frase tomada de «Etica», obra capital del filósofo holandés Baruch Spinoza.

Teresa Volco
falleció en 2002 en plena afirmación y plenitud de un quehacer estético en el que confluían la filosofía, la poesía y principalmente el humanismo que irradiaba su percree.sona, delicada como los velos a los que apelaba en muchas de sus obras.

Una de las razones por las que el arte contemporáneo ya no fija su atención en el género paisaje es que éste ha sido reemplazado por el paisaje urbano, considerando que no hay mucha naturaleza para admirar, especialmente en las grandes ciudades. Luis Fernández Arroyo, artista de vasta trayectoria, es una excepción.
Continúa pintándolos.

Comenzó al aire libre pero cuando dejó de hacerlo, se convirtieron en la sumatoria de tantos otros. Ahora son, como lo confiesa, la síntesis de sus recuerdos y no distingue cuánto tienen de real y cuánto de imaginario. Hay árboles, caseríos, lunas, nubes, pastizales, la línea del horizonte, la línea de fuga y la de encuentro. Como son sus recuerdos, no aluden a ningún lugar específico pero pueden identificarse con la vastedad, la luz, el cielo de la pampa argentina y todo lo que muestra está alterado y enriquecido por su subjetividad.

Al pintar paisajes, Fernández Arroyo los recupera para sí y para el contemplador, una afirmación del deseo de pintar y de pintar aquello en lo que Su intensa labor le ha permitido despojarse de efectismos, por ello, esta muestra aparece fresca y luminosa.
Alicia Brandy. Galería de Arte (Charcas 3149).

Julia Farjat ostenta un frondoso currículum, en el que se consignan no menos de 45 premios nacionales e internacionales. Sus obras integran el patrimonio de diversos museos en la Argentina y en el exterior, colecciones privadas, además de estar emplazadas en diferentes ciudades como Merlo, Moreno, Rosario, La Rioja,San Martín de los Andes. Fue discípula de grandes maestros como Leo Tavella, Alberto Balietto o Julián Agosta. Dedicada a la escultura desde 1972 ha recorrido el sacrificado y laborioso camino de una disciplina que no admite banalidad alguna, de allí el alto nivel de ejecución de las obras presentadas en Galería Arroyo (Arroyo 834). Identificada con la corriente constructivista, sus esculturas, generalmente totémicas, están intensamente elaboradas; pueden observarse los escalonamientos, los planos que se ensamblan y contraponen, las superficies dentadas y un vasto repertorio de texturas y color así como la energía vital que afirma su contenido sígnico y simbólico.

Destacamos «Tonada del Viento», «LunaYacente», «Trozo de Luna» (talla en madera) y «El Siempre Abrazo», metal y madera en poderosa conjunción. Clausura el 6 de octubre.

El Terreno de Arte Experimental del Museo Yrurtia (O Higgins 2390) no es un jardín de esculturas sino un espacio abierto donde los artistas convocados por Claudia Aranovich deciden in situ cómo instalar las obras que realizan especialmente. Carola Zech realizó estructuras geométricas que se agrupan a través de imanes en metal de colores vibrantes. Una propuesta de carácter lúdico que invita a la participación activa. Betina Sor instala una figura femenina emergiendo del césped en el que se proyecta el dibujo de las constelaciones celestes sobre la tierra y sus nombres están escritos en plomo. La intención es sumergir el cuerpo en la percepción del cosmos. Paulina Webb construye triángulos en madera recorridos por sogas que se continúan en la pared.

Estos «Tres Espacios Posibles entre el Cielo y la Tierra», más cerca de la tierra que del cielo, ya que las esculturas no se elevan, son experimentaciones personales en un espacio que las interrelaciona. Cierra el 19 de octubre.

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