11 de agosto 2003 - 00:00
Miliyo: una inteligente reflexión sobre el arte
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En «Figura y fondo», Miliyo cita la obra de Jorge Gumier Maier, pero lo hace simplificándola y exaltándola a la vez. Reproduce en madera rústica y con exacta precisión las líneas ornamentales del artista argentino más influyente en la década del '90, y de modo escenográfico, proyecta esos bucles sobre la pared, duplicando y potencializando los afanes barrocos de Gumier.
Es que no se trata de un paseo despreocupado por la historia del arte, ni de citas, homenajes o apropiaciones oportunas que allanan el camino, sino más bien de buscar el sentido del trabajo artístico, y de unir los eslabones de la cadena de influencias que ayudan a conformar la propia creatividad. De este modo cita la imagen deformada de la calavera del cuadro «Los embajadores» de Holbein, un dramático «memento mori» o recordatorio de la muerte, un exorcismo contra la vanidad, pero la convierte en un objeto escultórico pleno de resonancias y con características pop. Cita también el «peso» insoslayable del minimalismo,y se apropia de los balones de Jeff Koons, que somete a presión en un ambiente denso. Reproduce en material sintético el quiebre del «Gran vidrio» de Duchamp, obra compleja que contribuyó a cambiar el destino del arte y que está -como ninguna-, ligada a las contingencias de la vida del autor.
• Epoca
En este sentido, Miliyo presenta su época en un objeto de uso cotidiano y -para cierto grupo social-representativo del consumo: una enorme caja de CD, vacía y abierta sobre la pared, como si fuera un cuadro transparente que ofrece un abanico de posibilidades. Y suscitando evocaciones que van más atrás en el tiempo, figura una bola de espejos idéntica a las de las boites, desplegada sobre un plano como un mapa sobre un terciopelo negro.
La muestra culmina con una sugerente talla en madera: una escalera empinada y pequeña de uso imposible que, pese a su fragilidad, plantea metafóricamente las posibilidades de «elevación» del arte, y le otorga unidad a un relato que va desde Holbein hasta Gumier pasando por la propia producción.
Miliyo, a los 32 años y dueño de una trayectoria que comenzó a los 15 con el grupo Mariscos, une así el pasado con el presente, reflexiona sobre la arbitrariedad del sistema, los límites de la innovación y de la estetización vacía, recupera la calidad y el sentido de integridad conceptual y sensible de la obra, en una muestra que finalmente aspira a encontrar una salida a la encrucijada en que se encuentra el arte actual.




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