11 de agosto 2003 - 00:00

Miliyo: una inteligente reflexión sobre el arte

B asada en un juego de referencias a la historia del arte, la muestra «Afectación» que Emiliano Miliyo exhibe en Ruth Benzacar comienza con la invitación que la galería envió por correo. El artista, retratado como un modelo de alta costura, con impecable traje gris, reloj de marca y corbata Burberrys, luce un gorro negro con la firma R. Mutt, seudónimo con el que Marcel Duchamp firmó su «Fuente» (el famoso mingitorio que en 1917 presentó en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York).

Este vulgar objeto de la vida cotidiana elevado a la categoría de «obra de arte», o readymade (término acuñado por el autor), rompió entonces con el criterio de lo que se consideraba de orden artístico, y fue rechazado por el comité de admisión integrado por el mismo Duchamp, quien inmediatamente presentó su renuncia. El episodio no sólo puso en evidencia el valor intangible que le agrega a la obra una «firma» emblemática, sino que además sembró dudas eternas sobre la objetividad del jurado. A nadie escapa que si Duchamp hubiera usado su nombre, otra podría haber sido la historia.

Así, con la firma R. Mutt a modo de logo en su propia cabeza, Miliyo inicia una muestra que trata sobre las «marcas registradas» del arte, claro, de aquellas que de uno u otro modo «afectan» su evolución artística.

Si bien la condición que permite disfrutar de esta breve y meditada muestra de apenas diez objetos de atractivo diseño es, ante todo, la sensibilidad, la erudición es un lujo extra que posibilita relacionar y filiar las obras y que abre camino hacia el placer intelectual. Como decía Leonardo, anticipándose al conceptualismo, «el arte es cosa mental».

• Artesano

Sin embargo, las obras de Miliyo no se perciben como el producto de una fría ecuación conceptual, y aunque sabe sacar provecho de las enseñanzas de Duchamp, sobre todo en lo que atañe al significado incierto de obras que se abren a las más diversas interpretaciones, de ningún modo se trata de objetos prefabricados al estilo de los ready-made, sino que por el contrario, sus trabajos son depuradamenteartesanales y ostentanla acabada dignidad del arte perdurable.

En
«Figura y fondo», Miliyo cita la obra de Jorge Gumier Maier, pero lo hace simplificándola y exaltándola a la vez. Reproduce en madera rústica y con exacta precisión las líneas ornamentales del artista argentino más influyente en la década del '90, y de modo escenográfico, proyecta esos bucles sobre la pared, duplicando y potencializando los afanes barrocos de Gumier.

Es que no se trata de un paseo despreocupado por la historia del arte, ni de citas, homenajes o apropiaciones oportunas que allanan el camino, sino más bien de buscar el sentido del trabajo artístico, y de unir los eslabones de la cadena de influencias que ayudan a conformar la propia creatividad. De este modo cita la imagen deformada de la calavera del cuadro
«Los embajadores» de Holbein, un dramático «memento mori» o recordatorio de la muerte, un exorcismo contra la vanidad, pero la convierte en un objeto escultórico pleno de resonancias y con características pop. Cita también el «peso» insoslayable del minimalismo,y se apropia de los balones de Jeff Koons, que somete a presión en un ambiente denso. Reproduce en material sintético el quiebre del «Gran vidrio» de Duchamp, obra compleja que contribuyó a cambiar el destino del arte y que está -como ninguna-, ligada a las contingencias de la vida del autor.

• Epoca

En este sentido, Miliyo presenta su época en un objeto de uso cotidiano y -para cierto grupo social-representativo del consumo: una enorme caja de CD, vacía y abierta sobre la pared, como si fuera un cuadro transparente que ofrece un abanico de posibilidades. Y suscitando evocaciones que van más atrás en el tiempo, figura una bola de espejos idéntica a las de las boites, desplegada sobre un plano como un mapa sobre un terciopelo negro.

La muestra culmina con una sugerente talla en madera: una escalera empinada y pequeña de uso imposible que, pese a su fragilidad, plantea metafóricamente las posibilidades de «elevación» del arte, y le otorga unidad a un relato que va desde
Holbein hasta Gumier pasando por la propia producción.

Miliyo
, a los 32 años y dueño de una trayectoria que comenzó a los 15 con el grupo Mariscos, une así el pasado con el presente, reflexiona sobre la arbitrariedad del sistema, los límites de la innovación y de la estetización vacía, recupera la calidad y el sentido de integridad conceptual y sensible de la obra, en una muestra que finalmente aspira a encontrar una salida a la encrucijada en que se encuentra el arte actual.

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