12 de abril 2005 - 00:00
Molina, cada vez mejor tanguero
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Pese a que parte del público aún le sigue pidiendo boleros,
Horacio Molina demuestra en cada presentación que su
madurez como cantante la ha logrado con el tango.
Muy ligado por años al bolero -un género del que hace rato que ha decidido desprenderse pero al que el público pretende volverlo una y otra vez-, Horacio Molina ha logrado su madurez absoluta con el tango. Gardeliano en la manera de elegir su repertorio -aunque haya temas que, por cuestiones cronológicas, no habrían podido ser interpretados por Gardel- y en la impostación tanguera, prolijo en la afinación y cuidadoso de los climas, puntilloso en el armado de cada pieza, romántico e intimista en su abordaje de cada canción, es una variante muy valiosa al tango reo y arrabalero que parece haberse impuesto como moda en los últimos tiempos. Molina no necesita de grandes despliegues para lucirse en una lista de temas que incluye joyas como «Absurdo», «Nieblas del Riachuelo», «Bailarín compadrito», «Jacinto Chiclana», «Malevaje», «Palomita blanca», «Pequeña» o «Madame Ivonne». Le basta con su voz y su guitarra (es un buen instrumentista aunque siempre prefiere que la tarea acompañante la realice otro músico) y con el respaldo de un guitarrista muy valioso como Jorge Giuliano, elegido también por Mercedes Sosa para su próximo disco. Así, en su voz dulce y bien colocada, pasando con delicadeza por cada nota de las melodías y por cada letra de los textos, Molina alcanza altura y novedad -aún en su tradicionalismo- con sus versiones de «Flor de lino», «Fuimos», «Como abrazado a un rencor», «Por la vuelta», «Nada» o «Gricel».
R.S.



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