2 de noviembre 2000 - 00:00

Muy bello film retrata una vida adolescente

 

«Xiu Xiu» («Tian Yu», China, 1998. habl. en chino.Dir.: J. Chen. Int.: Lu Lu, Lopsang, Gao Jie, Li Qianqian, Lu Yue.)

 

La actriz de origen chino Joan Chen debutóhace dos años como directora con un film notable y duro que, pese a algunaslevísimas traducciones -no concesiones-al lenguaje occidental, pinta larealidad de su país con más profundidad que muchos de los que lo muestran desdeadentro.

Basándose en una novela de su compatriota YanGeling, también residente en los Estados Unidos, Chen cuenta lahistoria de una adolescente que, como tantas en su tiempo (incluyendo a ladirectora), fue separada de su familia y enviada a trabajar al campo porimperio de los demenciales postulados de la «Revolución Cultural». Para másdesgracia, en sus postrimerías (1975).

El film que, como es fácil comprender, no fue rodadoen China, se divide en tres partes bien diferenciadas. Una, luminosa a sumanera (fundamentalmente, comparada a lo que se viene), describe la preparacióndel viaje que ella vive con la inconsciencia de la edad, pero sobre todoimpregnada del fanatismo ambiente y sus falsas promesas. Este es el fragmentotal vez más innecesariamente explicativo de la película, aunque tambiénconmovedor.

Luego de una brusca transición a un año después,comienza la segunda parte, cuando a la protagonista la «premian» por sudesempeño como obrera en una fábrica enviándola a que aprenda a arrear caballosen las desoladas estepas cercanas al Tíbet. Allí tiene que convivir, en laspeores condiciones posibles, con su maestro, un tibetano iletrado y taciturnocon el que, le dicen, estará segura, porque ha sido castrado por soldadosenemigos durante una de las tantas guerras que asolaron su país.

Xiu Xiu, adolescente al fin, somete a su anfitrión asus caprichos de chica de ciudad llamada a objetivos mayores, en unaconvivencia que fluctúa entre el rechazo, la resignación y hasta un remedo devida familiar. Esta es, sin duda, la mejor parte de la película: seca,silenciosa y hostil como el paisaje que los rodea que, aunque imponente, jamásluce «bello».

Pasados los seis meses estipulados, Xiu Xiu se vistepara volver a casa. Pero nadie viene a buscarla y, tras ser violada, prontoconcede voluntariamente favores sexuales a hombres de paso que presumen de los«contactos» necesarios para sacarla de allí. A esta altura, «Xiu Xiu» esun melodrama asfixiante precipitándose hacia un trágico final.

Y es aquí donde la película pasa a ser definitivamente deLopsang, el muy buen actor que interpreta al tibetano. La anécdota sirve a unaobra que estruja el alma, pero que más allá de todo es una formidable parábolapolítica, justamente porque jamás se pronuncian nombres ni mucho menos palabrascomo burocracia, corrupción o cosas de todos modos omnipresentes por el estilo.

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