El famoso juego literario de los surrealistas, consistente en que varias personas lanzan palabras al azar formando textos pseudopoéticos, es muy divertido por un rato, pero no tanto como para sostener durante 90 minutos. Del mismo modo, una búsqueda de narrativa avant garde puede resultar interesante, u original, si la duración es la del típico corto de estudiante de cine con pretensiones de qualité, pero lo exquisito se va volviendo insoportable a medida que la incoherencia se torna evidente en este primer opus dramático de la documentalista Lucía Vassallo.
Ni Sofía Gala logra salvar del tedio este “surrealismo”
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Si este “Cadáver exquisito” se sostiene en algunas escenas es gracias a la garra que le pone al asunto Sofía Gala, cuyo talento y pasión habituales, de todos modos, no puede hacer mucho para salvar una trama insustancial acerca del mal viaje que experimenta una chica cuando su novia cae en un inesperado estado de coma. Como sucede en los tan vistos thrillers psicológicos-metafísicos del cine de los años 70, aquí el quid de la cuestión es la delgada línea entre lo real y lo imaginario Y como pasaba en aquellos tiempos, ya antes de llegar a la mitad de la proyección a nadie le importa lo que ocurre en la pantalla. Hay un par de escenas semiterroríficas, un poco de sexo no muy estilizado, y unas danzas insertadas a la fuerza para darle algún sentido metafórico o esotérico, al guion, cosa que por supuesto no sucede. Para “Cadáver exquisito”, nos quedamos con “The Exquisite Corpse” (“Las crueles”, 1969) en el que el joven Vicente Aranda armaba una historia similar conceptualmente pero mejor, y con un raro papel para la mítica Capucine.
D.C.
“Cadáver exquisito” (Argentina, 2022). Dir.: L. Vassallo. Int.: S. G. Castiglione, N. Villalba, R. Spregelburd.




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