10 de agosto 2000 - 00:00

"NI UNO MENOS"

E n una aldea rural, una chiquilina sin vocación ni preparación debe reemplazar al maestro cuando éste viaja súbitamente a encontrarse con su madre enferma. El hombre le deja algunas instrucciones para la enseñanza, y una única consigna: ya hubo mucha deserción escolar, si la chica consigue retener a todos los alumnos, tendrá una paga extra. De a poco, irá naciendo el entendimiento entre las criaturas, e incluso harán algunas cosas en común. Pero el chiquito más travieso se va, acaso enviado por sus propios familiares a buscar trabajo en la ciudad. La muchachita, sin mayor idea de cómo encontrarlo, inicia la búsqueda. Habrá unos pocos, que se quejen y reclamen diciendo qué le pasó a Zhang Yimou, cómo es que el autor de películas tan refinadas y tortuosas como «Sorgo rojo», «Jou Dou», «Esposas y concubinas» y «La reina de Shanghai» pudo hacer esta película tan sencillita, luminosa, de final feliz, donde son casi todos buena gente -salvo una típica empleada pública.

Emoción

Pero así es. El hombre hizo esa película, con esas características, y una más: es bien emotiva. Hasta ahora, había emocionado mediante el recurso de los finales de efecto, con muertes estremecedoras, de esas que dejan al espectador apabullado y angustiado por el dolor de los más débiles, que no logran escapar del peso de los fuertes. La emoción de «Ni uno menos» es otra.
Nace del cariño por los simples, y, cuando llega el momento justo, hace explotar literal-mente en lágrimas de afecto a la platea. A partir de allí, las lágrimas se mezclarán con la sonrisa, hasta el final.
Y qué final, gratificante, gozoso, y al mismo tiempo decidido a impulsar la reflexión, de los chinos en primer término, y del resto del mundo a continuación, acerca de los sistemas escolares, y la deserción escolar, acerca del compromiso o la falta de compromiso de cada comunidad, o de cada sector social, e incluso acerca del peso de la televisión, para bien y para mal. Y el peso, la responsabilidad, y la esencia misma del cine.
Algo más.
Zhang Yimou ya había realizado otra historia sobre los cambios y contradicciones de la China moderna, «Qiu Ju, una mujer china», donde la hermosa actriz Gong Li interpretaba un personaje de pueblo, sin mayores luces, pero de carácter firme.
También la maestrita de
«Ni uno menos» tiene un carácter parecido. Pero su intérprete no es una actriz, ni estudia para actriz. En verdad ninguno de los que aquí actúan son actores, sino simples chicos, o gente común. Sin embargo, lo que hacen, especialmente la chica, delante de la cámara es maravilloso. E inclusive, es más creíble. Imperfecto pero sincero film nacional

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