4 de septiembre 2003 - 00:00

No es Hitchcock, pero logra atrapar

Escena del film
Escena del film
«Identidad» («Identity» EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: J. Mangold. Int.: J. Cusack, R. Liotta, A. Molina, A. Peet, R. De Mornay, J. Hawkes, J. Busey.

U na carretera inundada, un motel siniestro, un accidente terrible, teléfonos incomunicados, un criminal prófugo y un grupo de personas a punto de convertirse en cadáveres. Todos estos elementos podrían pertenecer a películas de la década de 1930 como «El caserón de las sombras» («The Old Dark House» de James Whale); de los '40 como «El vengador invisible» («And Then There Were None» de Rene Clair, sobre los «Diez indiecitos» de Agatha Christie); de los '60 como «Psicosis» de Hitchcock; o de los '70 como la parodia «The Rocky Horror Picture Show».

«Identidad»
es un producto diseñado con toda frialdad para lograr que el público vuelva a tomarse en serio el terrible diluvio con rayos y centellas, la leyenda del cementerio indio, el sospechoso conserje del motel, y la trágica luna de miel, sin olvidar ese sorprendente dato que relaciona a cada personaje, demostrando que no fueron elegidos al azar.

Estirando al máximo la presentación de los personajes, y alargando desvergonzadamente el ridículo desenlace, el director James Mangold enfocó toda la tensión en el nudo de su pesadilla, y hacia la mitad de la proyección «Identidad» se vuelve tensa como pocos films modernos. Lástima esa situación paralela a la de los crímenes en el motel, que ayuda a vislumbrar algún tipo de explicación abrupta y poco convincente para los acontecimientos (para colmo, revelada un acto antes de lo necesario).

En «El ladrón de orquídeas», Nicolas Cage interpretaba a un guionista novato -y no muy avispado-que triunfaba sorpresivamente con un argumento sobre la interacción entre las personalidades divididas de un asesino serial. El chiste de esa comedia negra se vuelve sobrio si se lo compara con una película como «Identidad», rara demostración de la vigencia del pensamiento del magnate hollywoodense Samuel Goldwyn: Si un guión está lleno de viejos clichés, hay que arreglarlo con una buena dosis de nuevos clichés.

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