27 de mayo 2003 - 00:00
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Periodista: ¿Cómo definiría a esta obra?
Carolina Fal: Una tragedia de amor. Es un amor imposible, pero para la mirada de los terceros. Son ellos quienes lo viven como un infierno, los que le dan gravedad al hecho incestuoso y aplican un juicio moral. En cambio, los protagonistas no lo viven así porque están enamorados. Transgredir los límites morales siempre asusta más a quien mira que a quien transgrede. A mí me gusta mucho hacer esta obra, siento que es muy salvaje y que cuando la actuamos sacamos lo más primitivo de nosotros mismos, como decía Artaud. No se trata de copiar la vida real y esto que hacemos está muy lejos de parecerse a lo de todos los días o a una actuación naturalista. Es una puesta operística. Hay mucha violencia, locura y pasión.
P.: ¿Qué diferencias encuentra con respecto a la obra original?
C.F.: En esta versión la descendencia se salva, porque Annabella no muere.A diferencia del original, el corazón que aparece ensartado al final de la obra no es el de ella.
P.: La versión de Ignacio Apolo pone en boca de Giovanni justificaciones basadas en experiencias genéticas. ¿Qué papel juegan en la obra estas teorías?
C.F.: En primer lugar defienden el amor entre consanguíneos. Se opone a la idea de que dos personas de la misma sangre no pueden amarse. Giovanni piensa que justamente por tener la misma sangre hay muchas más razones para amarse. El habla de genética, de cromosomas, de sus prácticas con ovejas, ésa es también su manera de decir que ama a Anabella. El no puede confesar abiertamente que son hermanos y están enamorados, necesita transitar por un camino más enrarecido.Y eso es lo que más me gusta de esta obra: uno nunca sabe muy bien quiénes son esos personajes y la escena se carga todo el tiempo de peligrosidad. Lo que se plantea es un conflicto existencial y moral, acá no se trata de obedecer o no a los padres, como ocurría en «Romeo y Julieta» esto es mucho más desesperante y los protagonistas no lo pueden evitar.
P.: Ultimamente le han tocado en suerte personajes muy torturados o llenos de misterio.
C.F.: Me parece maravilloso interpretar a esa clase de personajes y con éste siento que ya no puedo más. Hay días en que me pregunto: «Hago esto y después qué ¿una comedia musical, un espectáculo para ni-ños?». Estoy cansada y este papel me exige mucho. Lo hago muy contenta, pero estoy ago-Viene de Tapa tada emocionalmente. Para mí actuar siempre es una mentira, es como contar un cuento, pero para eso hay que involucrar ciertas zonas de uno, sí o sí, y conectar con un compañero para que el cuento sea creído. Hay que hacer un trabajo duro para que eso suceda y a veces me pasa que no tengo ganas de llorar toda la escena, que mi estado de ánimo no va con lo que tengo que actuar esa noche. Eso es algo que me está pasando ahora que trabajo a la tarde en la tira de «Telefé» y a la noche en este teatro.
P.: ¿Le molesta que la gente la reconozca por la calle?
C.F.: En principio yo no salgo a la calle. Voy de mi casa al estudio de grabación, de ahí vengo para el teatro y del teatro me voy a mi casa.Y el sábado paso todo el día en la cama y el domingo también. Cuando salgo me pongo una gorra, pero no es que me resulte algo agresivo, ni una experiencia traumática, para nada. Las pocas veces que salgo siento que a la gente le gusta mucho la novela. Lo que recibo es eso.




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