7 de agosto 2000 - 00:00

"NUEVE REINAS"

S i el placer que le da al espectador esta «Nueve reinas» fuera únicamente el del pasatiempo policial clásico, ya habría bastantes razones para festejar su estreno (la pantalla argentina no suele frecuentar la felicidad del relato por el relato mismo). Sin embargo, la película de Fabián Bielinsky, director y autor de la mayor sorpresa del año en el cine nacional, es también un prodigio de imaginación, de puesta en escena, de actuación (tanto los protagónicos como algunos de sus formidables secundarios) y, sobre todo, de recursos argumentales. Además de abundar en diálogos creíbles y justos, con acentos humorísticos de indudable filiación film noir (como la insistencia del coprotagonista, Gastón Pauls, en tratar de recordar el nombre de una canción de Rita Pavone en los momentos más anticlimáticos), el libro de «Nueve reinas» hace del engaño, que es la actividad de sus dos antihéroes, su motor de narración.
De esa forma, la jungla de asfalto y todos sus «tipos» no sólo es costumbrismo picaresco, sino que esa sensación de inseguridad que busca transmitir el film, de ponerse permanentemente a la defensiva para no convertirse en la incauta víctima del próximo «pickpocket», se trasciende a sí misma: también el espectador, entregado inocentemente al hilo de una historia, sin identificarse en plenitud con ninguno de los personajes (las simpatías son oscilantes con toda deliberación), lo puede ser de igual manera en manos de una ficción brillantemente «descuidista».

Argumento

De la trama conviene contar lo menos posible: el experimentado Marcos (Ricardo Darín, con la corbata colgando a lo Belmondo en «Sin aliento» y la desconfiable mirada del timador) y el primerizo Juan (Pauls, a quien sus frenos éticos no parecen auspiciar un gran futuro en la carrera de ladrón) se asocian para perpetrar algunos trabajitos. Pero, cuando se enteran a través de un falsificador en retirada llamado Sandler ( Oscar Núñez, un secundario increíble que parece sacado de una película de Hawks o de Huston) de la existencia de una serie de nueve estampillas de incalculable valor, las «Nueve reinas», por las que pueden ganar millones si saben colocarlas con quien corresponde, la historia cambia de dimensión.
Esas estampillas, a las que
Alfred Hitchcock llamaba el «McGuffin» de las historias de suspenso, son las que pondrán en marcha la apasionante e ingeniosa catarata de pactos, lealtades, complots y traiciones que construyen la película, triangulada ahora en la figura de un tercer personaje, la hermana de Marcos, interpretada por una Leticia Brédice que alcanza su actuación más magnética en el cine, pese a que nunca debe quitarse el entallado y pudoroso uniforme de camarera del Hilton.
«Nueve reinas», en definitiva, revela a un director que no sólo vio y disfrutó muchas matinés de cine policial en su vida, sino que al ponerlo en práctica ha demostrado un conocimiento perfecto de las leyes no escritas del género dentro del que decidió rodar su primer largometraje, y que no le impiden desde luego que su película tenga originalidad, estilo y aroma propios. Imperdible, sin duda, esta «Nueve reinas», y el nombre de Bielinsky, de ahora en más, imprescindible en el cine nacional.

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