16 de mayo 2008 - 00:00

Obra de Duras tiene los actores ideales

Alicia Muxo y Fernando Armani exploran en profundidad los delicados matices de los personajes de «Intemperie », certera adaptación de la novela «Le Square» de Marguerite.
Alicia Muxo y Fernando Armani exploran en profundidad los delicados matices de los personajes de «Intemperie », certera adaptación de la novela «Le Square» de Marguerite.
«Intemperie». Basada en «Le Square» de M. Duras. Adap.: A. González y C. Carbonell. Dir.: C. Carbonell. Int.: A. Muxo y F. Armani. Esc.: M. Bazzano. Vest.: G. Caruso. Luces: M. Pastorino, C.Carbonell. (Patio de Actores.)

Un encuentro casual entre dos personas comunes ycorrientes da pie a un diálogo lleno de recuerdos y vivencias. El es vendedor ambulante. Ella, una mucama con cama adentro que esa tarde, como tantas otras, llevó a jugar a la plaza al pequeño hijo de sus patrones.

La humilde condición de los protagonistas no impide que estos se expresen con una lucidez a veces perturbadora. Qué menos podría esperarse de una obra de Marguerite Duras. En todas sus novelas, guiones de cine y piezas teatrales la conversación más indolente -al menos en apariencia- va desplegando en su transcurrir una inexplicable materialidad. Siempre queda flotando en el aire algún deseo reprimido, una ilusión a punto de romperse, un amor imposible de concretar o algún planteo existencial de esos que envenenan el alma.

A diferencia de otros personajes de Duras, los protagonistas de «Intemperie» (certera adaptación de la novela «Le Square», publicada en 1955) brindan una detallada información sobre sus vidas y se animan a criticarlas sin tapujos. Ella opina que ser sirvienta «no es un oficio» sino «un estado completo, como el de ser niño o el estar enfermo», y acepta las tareas más pesadas e ingratas (entre ellas la de bañar a una anciana obesa y completamente senil) a la espera de que algún hombre le pida casarse con ella y así poder tener una vida propia. Su interlocutor, en cambio, viaja todo el tiempo, alojándose en hoteles de mala muerte. Es un individuo sin ambiciones, resignado a que su trabajo sea lo único que llena su existencia. En pocas palabras, ambos viven sin saber por qué, mientras se aferran a la esperanza de que algo -o alguien- irrumpa en sus vidas y las transforme dándoles algún sentido.

Alicia Muxo y Fernando Armani exploran en profundidad los delicados matices de estos dos personajes siempre al borde de la desesperación. Sus interpretaciones son tan intensas y de emociones tan variadas que uno tiene la impresión de estar espiando una conversación ajena.

Poético por momentos, hiriente y sutil como un golpe de navaja en otros, el texto de Duras encuentra una vibrante carnadura en la puesta de Claudia Carbonell que combina tiempos y espacios diferentes apoyándose en una sugerente escenografía y en las actuaciones.

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