"Me gusta escribir acerca de la gente atrapada", confiesa el autor, que logra provocar la risa afectuosa con personajes conocidos. Atrapado en su costosa celda, Mel, el protagonista de «El prisionero de la segunda avenida», vive como un animal enjaulado en un zoológico. La obra trata acerca de la angustia, una angustia que desemboca en la paranoia. Neil Simon sugiere que las ciudades norteamericanas están atestadas de prisioneros.
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Es inevitable que cualquier espectador que habite un consorcio se identifique con los problemas del sufrido protagonista. Y las huelgas, los crímenes, los robos, el maltrato y el caos general le son ajenos. Basta con ver cualquier noticiario para empezar el día con sentimientos que van del terror a la desesperanza. Ionesco en «La mosca en la sopa» transforma esos sentimientos en odio, y de un hecho aparentemente inofensivo, deriva hacia la bomba atómica. Los hombrecitos de Simon, en cambio, se desahogan de un modo más inofensivo. Se vengan de la injusticia atacando al primero que se les pone a tiro. Los «Mel» de la ciudad de Buenos Aires revelan un cercano parentesco con el protagonista de la pieza. Condenados a la esterilidad espiritual y resignados al mal trato como si éste fuera producto de una fatalidad, los habitantes de nuestra urbe agachan el lomo. O protestan sabiendo de antemano que nadie los escuchará. Y así sigue girando la rueda, arrastrando en su curso a seres ansiosos que han sido despojados del sentido de la vida y a los que sólo les es concedido sobrevivir. Algunos se matan, claro, pero nadie carga con las consecuencias. Y no hay que temer que Simon llegue a «dramatizar la muerte». Es demasiado amable para eso.
Escrita hace casi treinta años, «El prisionero de la segunda avenida» tiene una actualidad asombrosa. En la versión de Norma Aleandro, la ironía ha las escenas jugadas entre Calvo y Soledad Silveyra constituyen los momentos más acertados del espectáculo.
En cambio, la escena en la que intervienen los familiares de Mel se prolonga innecesariamente, no agrega nada al desarrollo de la pieza y apenas si agrega algunos datos sobre la infancia del protagonista.
Son acertados la escenografía y el vestuario de Jorge Sarudiansky y María Julia Bertotto, cuyos nombres no figuran en el programa.
El público aplaudió de pie al protagonista: una manera de demostrar su admiración hacia alguien capaz de enfrentar con coraje circunstancias penosas. Carlos Calvo, como el protagonista de la pieza, no se da por vencido.
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